Victoria se encontraba en su auto, conduciendo por las calles mientras trataba de dejar atrás todo lo que había sido su vida en la empresa Aguirre. El aire fresco y la música suave en la radio eran un intento de crear un ambiente de calma mientras se preparaba para enfrentar el futuro. Había tomado la decisión de seguir adelante, de sanar su corazón y comenzar una nueva vida, lejos del dolor y la confusión que había marcado su tiempo con Oliver.
De repente, su teléfono comenzó a sonar, rompiendo la serenidad del momento. Al ver el nombre en la pantalla, Victoria se sorprendió: era Arturo, el abuelo de Oliver. Aunque la llamada le pareció inesperada, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago. Tenía un gran aprecio por Arturo y siempre había valorado sus consejos y su cariño. Sin embargo, no había querido que supiera sobre el divorcio hasta que todo estuviera más asentado.
Respondiendo a la llamada, Victoria trató de mantener su voz lo más tranquila posible.
—Hola, Arturo. ¿Cómo estás?
La voz de Arturo al otro lado de la línea era cálida y llena de afecto, como siempre.
—Victoria, qué gusto escuchar tu voz. Estaba preocupado por ti. ¿Cómo has estado?
Victoria sintió una punzada de tristeza al escuchar el tono sincero en la voz de Arturo. Decidió no entrar en detalles complicados aún.
—He estado bien, gracias. Solo tomando un tiempo para mí y tratando de adaptarme a los cambios. ¿Y tú, cómo estás?
Arturo suspiró, su tono cambiando ligeramente a algo más serio.
—También estoy bien, pero ya he escuchado sobre la situación entre tú y Oliver.
El corazón de Victoria dio un vuelco al escuchar esas palabras. Aparentemente, Arturo ya sabía sobre el divorcio, a pesar de que ella había intentado mantener la noticia en privado por un tiempo.
—Arturo, lamento que hayas oído sobre esto de esta manera. No quería que supieras así, especialmente cuando aún estoy tratando de procesar todo.
Arturo la interrumpió con una voz comprensiva.
—No te preocupes por eso, Victoria. Ya hace tiempo que sabía que algo no estaba bien. Oliver me ha hablado sobre sus problemas, aunque nunca me dio detalles claros. No es tu culpa.
Victoria se quedó en silencio por un momento, abrumada por la mezcla de emociones. Apreciaba la comprensión de Arturo, pero también sentía un dolor adicional al saber que él había estado al tanto de las dificultades en su relación con Oliver.
—Lo siento si te causé preocupación —dijo finalmente—. Solo quería hacer esto de la mejor manera posible y sin causar más dolor.
Arturo suspiró nuevamente, su tono lleno de empatía.
—Lo entiendo. Sabes cuánto te aprecio, Victoria. Y aunque las cosas no salieron como esperábamos, siempre he admirado tu fortaleza y tu dignidad. Espero que encuentres paz y felicidad en este nuevo capítulo de tu vida.
Las palabras de Arturo fueron un bálsamo para el corazón herido de Victoria. A pesar del dolor y la tristeza, sentir el apoyo y la comprensión de alguien que realmente se preocupaba por ella le dio una sensación de alivio.
—Gracias, Arturo. Tus palabras significan mucho para mí. Solo quiero que sepas que aprecio profundamente todo lo que has hecho por mí a lo largo de los años.
Arturo sonrió, a pesar de que Victoria no podía verlo.
—Cuidaré de ti, como siempre lo he hecho. No olvides que aquí tienes un amigo y un apoyo incondicional. Y si en algún momento necesitas hablar o simplemente necesitas un lugar para descansar, mi puerta siempre estará abierta para ti.
Victoria sonrió a través de la tristeza, sintiendo un renovado sentido de esperanza. La llamada de Arturo había sido inesperada, pero también reconfortante. Sabía que el camino por delante no sería fácil, pero con el apoyo de aquellos que realmente se preocupaban por ella, sentía que tenía una base sólida sobre la cual construir su nuevo futuro.
—Gracias, Arturo. Eso significa mucho para mí. Hablaremos pronto.
—Por supuesto, Victoria. Cuídate y hasta pronto.
Al colgar, Victoria se sintió aliviada y fortalecida por el apoyo de Arturo. A medida que continuaba su viaje, las palabras de ánimo de su amigo la acompañaban, recordándole que, a pesar de los desafíos, siempre había una luz al final del túnel. Estaba lista para enfrentar el futuro con una nueva perspectiva, decidida a sanar y encontrar la felicidad que tanto anhelaba.
Victoria llegó a la mansión Aguirre con el corazón pesado, lista para llevarse sus cosas y dejar atrás un capítulo doloroso de su vida. A medida que se movía por los pasillos, la mansión parecía vacía y distante, como si hubiera sido un hogar que ya no le pertenecía. Sin embargo, al entrar en la casa, se encontró con una sorpresa que no había anticipado: sus padres, Camila y Esteban, estaban allí, preparándose para mudarse junto a Zoé.
El ambiente estaba cargado de tensión y resentimiento. La presencia de Zoé, quien había sido una constante fuente de dolor en la vida de Victoria, hacía que la situación fuera aún más incómoda. Victoria trató de ignorar el malestar y se dirigió a las escaleras para comenzar a empacar sus pertenencias.
Mientras bajaba las escaleras, notó que Leonardo, el padre de Oliver, y su madrastra, Sofía, estaban presentes. Ambos miraban con una mezcla de desdén y satisfacción, lo que hacía que el ambiente fuera aún más incómodo.
—¿Preparándote para salir? —comentó Sofía con una sonrisa burlona.
Leonardo se unió al comentario con una expresión de aprobación.
—Parece que tu tiempo aquí ha terminado. Es una lástima, ¿no?
Victoria trató de mantener la calma y siguió bajando las escaleras con una determinación silenciosa. Sin embargo, cuando llegó a la base de las escaleras, Zoé se acercó a ella con una expresión de falsa preocupación.
—Victoria, ¿podemos hablar un momento? —preguntó Zoé, mientras extendía una mano hacia ella.
Victoria se detuvo, sin poder evitar un ligero atisbo de esperanza. Quizás, pensó, Zoé quería aclarar las cosas o expresar algún tipo de simpatía. Sin embargo, Zoé tenía otros planes en mente.
—Claro, Zoé. ¿Qué necesitas?
En un movimiento repentino y calculado, Zoé empujó a Victoria de manera que hizo que perdiera el equilibrio. Victoria, desconcertada y atónita, comenzó a tambalearse, pero antes de que pudiera reaccionar, Zoé se precipitó hacia las escaleras.
En un acto dramático y perfectamente sincronizado, Zoé fingió tropezar y caer por las escaleras, sus gritos resonando por la mansión mientras se desplomaba. La caída de Zoé fue tan impactante como inesperada, y el sonido de su cuerpo golpeando los escalones fue ensordecedor.
Victoria, horrorizada, se quedó paralizada por la conmoción. Sabía que Zoé estaba manipulando la situación, pero el caos que se desató a continuación fue casi inmediato.
Camila y Esteban corrieron hacia Zoé, mostrando una preocupación desbordante. Leonardo y Sofía también se apresuraron a la escena, pero sus expresiones estaban llenas de una mezcla de sorpresa y deleite oculto.
—¡Zoé! ¿Estás bien? —exclamó Camila, con lágrimas en los ojos mientras intentaba ayudar a su hija a levantarse.
Esteban se inclinó sobre Zoé, con un rostro lleno de preocupación fingida.
—¿Qué ha pasado? ¿Cómo pudo suceder esto?
Zoé, aún en el suelo, se quejaba con un tono dramático, mientras miraba a Victoria con una mezcla de acusación y dolor fingido.
—Victoria... me empujó... —murmuró Zoé, su voz cargada de agonía y resentimiento—. Ella lo hizo a propósito.
Las palabras de Zoé fueron como un golpe directo para Victoria. Aunque sabía que todo era un plan, el hecho de ser acusada de algo tan grave mientras ella estaba atrapada en un mar de emociones era devastador. Las miradas de los presentes, que antes habían sido frías y despectivas, ahora se dirigían hacia ella con una mezcla de acusación y juicio.
Leonardo se acercó a Victoria con una expresión dura.
—Esto es inaceptable —dijo, con un tono que no dejaba lugar a dudas sobre su falta de simpatía—. No puedo creer que esto haya sucedido.
Sofía también se unió al coro de desaprobación, con una mirada de desdén.
—Siempre supe que había algo sospechoso en ti, Victoria. Ahora parece que tus verdaderas intenciones han quedado claras.
Victoria, atónita y dolorida, trató de defenderse, pero las acusaciones y el juicio de los presentes la dejaron sin palabras. El caos de la situación, junto con la traición evidente de Zoé, la dejaron completamente desorientada.
A medida que Zoé era atendida y las acusaciones se arremolinaban a su alrededor, Victoria comprendió que el camino hacia la justicia y la verdad sería aún más complicado de lo que había imaginado. El dolor de la traición y la desesperación por limpiar su nombre se mezclaban con una sensación de impotencia, mientras intentaba encontrar una manera de enfrentar la adversidad que se había desatado en la mansión Aguirre.





