Esposa del feo millonario

—Dame algo, no tengo ni para comer.

—Entonces te llenaré la heladera, pero no te daré dinero, y no se te ocurra vender los alimentos que te mande a tu departamento, el cual es mío —comentó.

—Entonces tengo que agradecerte que me hayas dado el departamento en el que estabas. Claro, total, tú te fuiste a una mansión —comentó enojado.

—¿De verdad me vas a estar haciendo esas tonterías? Por favor, vete —comentó con desgano, y él puso los ojos en blanco.

—Eres un idiota —comentó su hermano, desapareciendo de la oficina.

Suspiro se cansaba muchas veces de tener que soportar a su hermano, pero era la única familia que tenía. Él lo había criado desde que era un pequeño niño, ya que sus padres habían muerto en un accidente automovilístico. Se llevaban 10 años exactamente; él tenía 30 y su hermano 20, pero el mismo no había querido estudiar ni trabajar, solo estar en adicciones. Suspiro suspiró y nunca, después de aquel accidente, había tenido una mujer, y en parte había sido culpa de su hermano. Pero nunca lo culpó. Acarició con el dorso de su mano aquella línea gruesa y grotesca, se mordió los labios, molesto con el triste destino que le había tocado. Tenía partes quemadas en el cuerpo y aquella línea gigante en la cara. Algunos niños se asustaban y le decían que parecía un monstruo. Cómo nadie

Nadie apreciaba lo que él podía ser, solo lo veían como un monstruo que los aterraba y los hacía correr a sus casas. Se había acostumbrado a la soledad y al encierro, y en parte por eso visitaba siempre a su tío Leonardo. Por otro lado, Esteban miraba con una sonrisa a su esposa Briana, coqueta, elegante y con un traje minúsculo que apenas le cubría el cuerpo. Se puso de pie.

—Entonces, ¿te dio algo de dinero? —preguntó Brianna.

—No, cariño, cómo espero. Ya verás cómo lo conseguiremos. Lo dejaremos sin nada .

—¿Y eso cómo sería? —preguntó sin verlo mientras se pintaba las uñas.

—Con tu ayuda, cariño.

—¿Tienes un plan? —preguntó Briana levantando una ceja.

—Claro que sí, con tu ayuda recuperaré todo lo que es mío .

—¿Tu hermano no sabe que estás casado, verdad? —preguntó .

—Claro que no, eso es mi secreto, y ahora tú serás parte del plan —murmuró con una sonrisa—¿Por qué? ¿Porque yo haría algo así? —preguntó .

—Porque eres mi esposo, y si quieres que sigamos teniendo dinero, vas a tener que hacer algo.

—Está bien, ¿cuál es tu plan? —preguntó.

—En primer lugar, hay un puesto libre de secretaria. Al parecer, la que tiene bienvenido está por dar a luz.

—No sé qué estás pensando, pero estaré dentro —comentó Briana con una sonrisa.

******

—No puedo creer que te estés por marchar, María. Ha pasado tanto tiempo desde que eres mi secretaria.

—Lo sé, pero me tengo que tomar esta licencia por el bebé —comentó.

—Bueno, cualquier cosa que necesites, sabes que cuentas conmigo —comentó bienvenido.

—Usted es un señor increíble. Deje de preocuparse por las apariencias —comentó María.

—Lo sé, y sé que tengo que ver a mis nuevos empleados.

—Tranquilo, conseguí una secretaria que al parecer es muy buena en su trabajo. Ha sido recomendada incluso de varios lugares. Dentro de media hora va a aparecer. Espero que se lleven bien.

— Gracias, puedes retirarte.

María se fue y en parte se preocupaba por Bienvenido, a pesar del corto tiempo en el que habían estado trabajando. El estaba nervioso. Hacía mucho tiempo que no entraba en contacto con ninguna persona, hasta que la puerta fue golpeada y él dejó de temblar.

—¡Pase! —medio gritó.

—Hola, soy Briana —comentó con una sonrisa coqueta.

Tenía puesto un diminuto traje que le marcaba muy bien su cintura. Sus piernas eran largas y musculosas, sus brazos delgados y el valle de sus senos se notaba.

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