Capitulo 2: La lluvia caer
Charlotte Rizzo es una mujer hermosa de 24 años de edad, está se caracterizaba por ser una mujer fuerte, valiente, decidida y muy muy auténtica la cual a pesar de tener todos esas características no tenía una estable posición social, desde pequeña había superado muchas batallas junto a sus padres, pero su corazón se encontraba roto por muchas cosas que en ella habían afectado.
— Hace diez años atrás —
Está era la mañana de un día común y corriente, el sol comenzaba a salir con mucha delicadeza mientras que las nubes junto al sol hacían una combinación hermosa y perfecta, los colores del cielo se veían geniales estos eran azules de diferentes tonos junto a morados y amarillos y allí se encontraba Charlotte cómo todas las mañanas alistándose para irse a la secundaria, huyendo de su habitación pues necesitaba por algunos segundos de su vida ignorar los problemas que sus padres tenían estos todas las noches peleaban de manera muy baja para que Charlotte no se enterará pero ella se encontraba muy clara de lo que en su relación estaba sucediendo.
Pero todo lo que suponía Charlotte que era común con su padre y su madre dejo de serlo ese día, cómo era usual su padre siempre la llevaba a ella a su escuela para el dirigirse así hasta su trabajo y además este se encargaba de irla a buscar luego de salir de su trabajo.
Charlotte Rizzo mira su reloj para ver qué horas eran y ya faltaban veinte minutos para entrar a su colegio, está de manera rápida comenzó a recoger todos sus cuadernos para así comenzar a bajar de manera rápida.
Al llegar a las escaleras de su casa está comenzó a escuchar a sus padres discutiendo en voz baja, algo que era muy común en ellos, por ende no les presto atención.
— ¿Qué es lo qué aremos? Pues me dijeron que teníamos que terminar de pagar lo que debíamos y si no lo hacíamos y guiamos de este lugar no viviremos para contarlo, la única opción que hay es entregarme a ellos, pues si no tenemos el dinero eso es lo que podría solventar todos nuestros problemas. – Dijo Gerardo Rizzo mirando a su esposa Adelaide con sus ojos llenos de lágrimas.
— ¡No te entregues! Vamos a mudarnos juntos de aquí, este lugar es una mierda, vamos hasta Estados Unidos, está es la mejor manera de que más nunca nos encuentren. – respondió Adelaida Flores con un tono de voz quebrado y bajo mientras abrazaba a su esposo.
— No, no quiero exponerlas ni a ti, ni a mi hija amada, prefiero sacrificarme yo mismo. – Dijo Gerardo de manera seria mientras tomaba las manos de su esposa y la quitaba de su espalda – Tú, no le comentes nada a nuestra niña, ella no debe de saber la verdad que nosotros escondemos debe de crecer siendo una niña linda y feliz ¿Entendido?
— ¿Huir de Italia por qué? ¿Qué no me van a comentar? No entiendo nada – Dijo Charlotte mirando a sus padres llorar abrazados, pues reaente no había podido escuchar toda la conversación de estos dos pues hablaban muy bajo, pero sin prestarle atención bajo de manera rápida las escaleras.
Charlotte al bajar noto que su madre se encontraba llorando, al ver esto las lágrimas en su rostro se asomaron también.
— ¡Mamá! ¿Por qué lloras? ¿Qué sucede? – Dijo Charlotte con mucha pena y tristeza mientras caminaba hasta donde está se encontraba – ¡Me puedes contar todo lo que quieras!
— ¡No ocurre nada Charlotte deja de ser tan chismosa y vayamos a la escuela, ya es tarde! – Dijo con un tono de voz algo hostil y agresivo mientras tomaba la muñeca de su hija y así comenzaba a caminar hasta la puerta de su casa – ¡Fué una discusión muy tonta la que tuvimos pero creeme que no volverá a suceder más, no volveremos a pelear! – este tenis un tono de voz ahora algo bajo y triste mientras sus ojos se llenaban de lágrimas las cuales este reprimía.
Charlotte no entendía nada ¿Por qué no volverían a pelear si siempre lo hacían? Se preguntaba una y otra vez, ya para ella esto era una costumbre, pero no pregunto nada y siguió caminando hasta su colegio.
— Niña mía ¿Te parecería llegar un poco tarde hoy a la secundaria? Me gustaría que tú y yo hoy pasemos una mañana diferente lleno de alegría y felicidad. – Dijo este hombre de manera suave y sutil mientras miraba a su hija y caminaba – Quiero eliminar por completo todo tipo de rutina en mi vida y si eso depende de alejarme de personas que me hagan mal lo haré. – estiró su mano esperando que su hija la tomara.
— Papá ¿Sucede algo? ¿Por qué me comentas todo ésto? – Dijo Charlotte mirando de manera delicada a su padre a los ojos – Solo quiero que me digas la verdad.
— No sucede nada, ahora dame tú mano si quieres hacerlo, si no sigue tu sola al colegio. – Dijo este hombre con un tono algo más agresivo y hostil mientras mantenía su mano estirada firmemente.
Charlotte estiró su mano de manera suave y dulce mientras miraba a su padre y sonreía de manera muy dulce.
Ambos en ese momento se desviaron y comenzaron a ir al parque, este fue uno de los mejores momentos de la vida de Charlotte, correr, saltar y jugar con su padre le saco una hermosa sonrisa que tanto necesita a en ese día que parecía ser muy genial, está notaba como su padre con sus hermosos ojos brillosos la miraba y se reía de las cosas que esta hacia la llenaban mucho de felicidad.
Luego de durar unos quince minutos allí jugando ambos, corriendo y divirtiéndose ambos comenzaron a tomar nuevamente su rumbo esté comenzó a caminar junto a su hija hasta la secundaria en dónde está estudiaba y al dejarle con lágrimas en sus ojos la abrazo fuertemente.
— ¡Prométeme que pase lo que pase nunca me olvidarás! ¡Por favor prométeme eso! – Dijo con un tono de voz algo expresivo y cabizbajo mie tras miraba a su hija a los ojos.
— ¡¿Pero que sucede papá?! ¿Por qué me pides tal cosa en este momento? – Pregunto algo ansiosa Charlotte con un tono de voz calmado y suave viendo cómo a este se le llenaban de lágrimas sus ojos.
— ¡Solo prométeme lo si eso sientes! Si no, no lo hagas no quiero obligarte a hacer algo que no quieras hacer. – Replicó de manera suave ya sutil.
— ¡Pues claro papá, claro que nunca te voy a olvidar pues nunca te voy a sacar de mi mente ni de mi corazón! Estarás allí guardado por siempre y para siempre, pues eres el mejor de todos los padres ¡Del mundo mundial! – Dijo Charlotte de manera muy suave y dulce mientras veía a los ojos a su padre el sual se encontraba agachado.
Este al ver lo que su hija le comentaba de manera muy linda ya afectiva agarro a su hija y con fuerza la abrazo fuertemente mientras de sus ojos salían una que otras lágrimas las cual no podía contener, luego de eso con su mano limpio rápidamente sus lágrimas para que su hija no lo notará y con una sonrisa en su rostro este soltó a su hija.
— ¡Bueno, bueno ahora vete a tomar tu clase, ya se está haciendo más tarde que nunca y te van a regañar! – Dijo aquel hombre emocionado tratando de disimular el dolor que sentía por dentro.
— ¡Bueno, papá nos vemos en la tarde para que me lleves a la casa! – dijo Charlotte mientras se acercaba hasta donde se encontraba su padre y beso su mejilla de manera muy dulce – ¡Te amo cuídate!
Luego de decir eso Charlotte sin notar que era lo que realmente estaba sucediendo se dió media vuelta y comenzó a caminar hasta su aula de clase.
Su padre el cual la vio muy emocionada corriendo por el pasillo en busca de su salón de clases comenzó a romper en llanto, pues este se sentía muy mal con lo que planeaba hacer, no sabía si ejecutarlo o no, dejar su hija la cual era lo único que le daba felicidad lo ponía muy triste y realmente no deseaba dejarla, pero no podía tampoco huir con ella porque podría ir preso, sin más que hacer esté se colocó de pie y llorando se dirigió hasta su trabajo en dónde pediría la renuncia.
— Varias horas después, ya casi llegaba la hora de la salida —
Charlotte se encontraba muy ansiosa deseaba mucho ver nuevamente a su padre Gerardo Rizzo y llegar a su casa para así abrazar nuevamente a su madre Adelaida Flores.
Está niña no despegaba sus ojos de el reloj de clases mientras de manera ansiosa movía su pierna arriba y abajo rápidamente, hasta que comenzó a sonar el timbre está al escuchar el timbre de su colegió la sonrisa en su rostro apareció de manera rápida y muy grande, está tenía una sonrisa de oreja a oreja.
Comenzó a guardar las cosas en su bolso y así al ya tener todo en su bolso de manera rápida se puso de pie y se dirigió hasta la entrada de la secundaria en dónde usualmente siempre la esperaba su padre pues este salía algo más temprano que ella, sus pasos eran rápidos y su sonrisa en su cara mostraba lo feliz que realmente se encontraba.
Al llegar a la puerta de la secundaria está se dió de cuenta que en realidad no se encontraba su padre aún, a esta no le parecía lógico y comenzó a buscar a Gerardo mirando hacia todos lados, de manera lenta mientras todos los niños se retiraba ella aún seguía allí se movía de lado a lado, con una sonrisa en su rostro esperando a su padre.
— 15 minutos después —
Charlotte veía como todos los niños salían uno tras otro junto a sus padres pero ella no veía ni cerca al suyo, las ilusiones de esta se fueron poco a poco y su sonrisa en su rostro se desaparecio y sin más que hacer se sentó.
— 30 minutos después –
Ya Charlotte se encontraba aburrida de esperar y además muy triste, está tenía un mal presentimiento y mientras miraba la puerta de la secundaria está empezaba a ponerse más ansiosa aún.
— ¡Papá en dónde estarás metido que aún no llegas! ¡Apúrate te necesitó aquí! – dijo Charlotte con un tono triste y bajo mientras sus ojos se llenaban de lsgrismas, pues se encontraba ella sola en la secundaria al verse sola está sin más que hacer comenzó a caminar hasta la puerta de la secundaria y fue detenida por un profesor rápidamente.
— Señorita Usted no puede irse hasta que no llegue su representante, así que no la podemos dejar salir. – Dijo aquel profesor mientras interrumpía su paso –
Charlotte hizo como si se fuera a ir hasta donde se encontraba pero al notar que este le dió la espalda rápidamente salio corriendo de las instalaciones de su secundaria, mientras corría de sus hermosos ojos salían lágrimas llenas de mucha tristeza y dolor.
No sabía que era lo que estaba sucediendo pero realmente no le gustaba nada, no era común que su padre no apareciera en la secundaria cuando el era el hombre más responsable de todo el mundo, el más amoroso y el más lindo además, mientras corría escuchabs los gritos del profesor el cual corría detrás de ella.
— ¡Niña, detente, no puedes irte sin tu representante! – gritaba algo agitado mientras corría tras la niña, pero este no era lo suficientemente ágil como para agarrarla.
Luego de que perdió de vista al profesor Charlotte dejo de correr y caminando llegó a una plaza en dónde se acostó en una banqueta y comenzó a mirar el cielo, el cual se encontraba lleno de nubes grises, está no sabía lo que estaba sucediendo pero recordó en la mañana las palabras de su padre.
"— No, no quiero exponerlas ni a ti, ni a mi hija amada, prefiero sacrificarme yo mismo."
— ¿A qué se refería mi padre al decir esto? ¿Por qué no me fue a buscar a la secundaria? ¿Qué está sucediendo? – Se preguntaba Charlotte mientras lentamente veía como la lluvia comenzaba a caer encima de ella.
Está tenía muchas preguntas para hacer, preguntas que no podía callar y comenzaba a llorar de la rabia que sentía.





