👑Chloe👑
Me despierto muy sobresaltada.
Lo primero que aparece en mi campo de visión son unos ojos azul grisáceo que me provocan un escalofrío desde la coronilla hasta los pies. Me desconciertan y hacen que me embelese. Tienen una expresión fría, como un muro, de esos que la gente levanta para evitar ser lastimado. Talvez ha perdido a alguien muy importante y ahora se escuda entre capas de frialdad e indiferencia.
- ¿Estudia psicología? – pregunta y su voz me da escalofríos
- Literatura – corrijo cohibida y enseguida el sueño que tuve vuelve a mi mente. Fue tan real. El dolor, el calor y todo. Me repito que fue solo un sueño, hasta que la voz del tipo frente a mí me distrae.
- No lo fue – se pone de pie y camina hacia lo que parece una cocina. Está compuesta de muebles blancos y un mesón de granito del mismo color. Se ve muy elegante y sofisticada. Yo estoy en una especie de sofá y cubierta hasta la cintura con una manta blanca. Un juego de muebles marrón con negro muy elegante y una mesa de centro de cristal. Inspecciono el resto del lugar. Es un apartamento amplio y muy bien decorado. Luego de quedar maravillada por, creo que más de cinco minutos, caigo en la cuente de algo más que obvio. Estoy en un departamento del cual no sé la ubicación, con alguien desconocido que probablemente me drogó y me secuestró.
- No lo hice- escucho al mismo hombre responder a mi pensamiento.
Genial. No me secuestró.
Alto.
Respondió a mis pensamientos.
- Está pensando en voz alta, no leo mentes- suelto un suspiro de alivio.
- ¿En dónde estoy? -digo levantándome del sofá y dejando la manta a un lado.
- En mi departamento- dice el hombre volteándose y trayendo consigo un plato y un vaso con algo.
- Eso creía, pero, ¿qué hago aquí? – digo a la defensiva
- Primero que nada-dice entregándome el plato con un sándwich y un jugo de naranja-creo que debería comer.
Tomo el plato y el vaso con algo de miedo.
- Y en segunda- dice sentándose a mi lado- está aquí porque el destino así lo quiso y tiene responsabilidades por las que responder.
Lo observo algo desorientada. Está loco.
- No estoy loco- lo observo asustada – y sigue pensando en voz alta – se voltea y sus ojos conectan con los míos de nuevo. Y otra vez el escalofrío se hace presente.
- Okey, entonces cuéntame – digo con algo de sarcasmo en mi voz – ¿qué debo saber?
- Puedo notar el sarcasmo – dijo – pero voy a empezar con algo sencillo para no agobiarla. Si tiene dudas por favor deténgame.
- Está bien
- Bien – se sentó derecho – ¿Cree en lo sobrenatural?
- Talvez después de leer “Crónicas vampíricas” – respondo
- Esto es serio, así que voy a dejar los rodeos – su voz demuestra firmeza y siento como mi rostro enrojece – Usted es la hija de la reina Miranda y el rey George, la heredera al trono de Mageía, el mundo en el que nació. Mageía es un mundo de seres mágicos o “sobrenaturales”- hace comillas con los dedos- como nos llaman los humanos. Las criaturas que existen en nuestro mundo viven desde hace muchos siglos en armonía gracias a los herederos de Asteria. Ella fue quien convenció a los dioses para crearnos y protegernos. Fue quien dio origen a todos los seres mágicos que habitan el reino. El heredero legítimo de Asteria posee todos los poderes de cada facción mágica, excepto de los vampiros y augur - se detiene un momento- ¿Alguna pregunta hasta aquí?
Medito un segundo mi respuesta.
- De hecho, sí – dejo el plato a un lado- ¿Dónde está el baño?
- La primera puerta a la izquierda – responde desconcertado
Sonrío falsamente y me alejo al cubículo. Si hay algo que sé de memoria es que todos los baños de los edificios de esta ciudad tienen un acceso hacia los contenedores de basura afuera del lugar, así que una vez dentro del baño, abro el acceso y me deslizo por él antes de que el tipo del departamento se dé cuenta y me persiga o algo. Veo una luz y caigo entre toda la maldita basura del edificio. Aguanto la respiración para no vomitar e intento salir de prisa del contenedor, algo que obviamente se me dificulta debido a mi baja estatura. Decido hacer un último esfuerzo ya que siento cómo el corazón me late a mil por hora, y me impulso con fuerza fuera de la basura.
Talvez mi persistencia fue demasiada, ya que caigo aparatosamente en el pavimento y siento cómo me sangran las rodillas. Nada de eso importa en este momento, así que salgo a la calle transitada y detengo al primer taxi que se me cruza. Cuando estoy por subirme al auto, alguien sujeta mi cintura y me aleja del vehículo. Chillo y el tipo vuelve a hablar y vuelvo a quedar inconsciente en un segundo, después de sentir una ráfaga violenta de aire.
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Abro los ojos sin ser consciente de cuando los cerré y veo que estoy sola en un bosque. El lugar es hermoso. Parece sacado de internet bajo el nombre “El paraíso”. Exploro todo lo que puedo a pesar de la oscuridad y de la nada, una mujer aparece en mi campo de visión. Debe tener unos veinte años, es alta, tiene el cabello rojo y sé que es hermosa a pesar de que no puedo ver su rostro. Lleva una especie de vestido de la época griega. Se acerca hacia donde estoy, pero parece no verme. Lleva una daga en una de sus manos y un libro muy grueso en la otra.
Se detiene tan solo a unos pasos de mí. Deja el libro en el suelo y se arrodilla. Una bola de luz aparece en su mano libre y luego enciende unos pequeños círculos alrededor de ella. Abre el libro y empieza a recitar cosas que no puedo entender.
“Maiorum audite me
sanguinem spell
mortis ceciderunt
in æternum vive
domnum legatum”
Toma la daga y corta la palma de su mano.
“fortior sit
ut citius
qui minatur interficere”
La sangre cae sobre la tierra, la mujer repite tres veces las mismas frases y luego acerca la daga a su cuello. Esto es horrible. Va a matarse. Debo detenerla. Quiero detenerla, pero no puedo moverme.
“Seniorem, tu exaudi me
Ego consummavi
et protegas me ut ipsi dare possumus”
Dicha la última palabra, la mujer levanta la vista, conectando sus ojos con los míos y se me escapa todo el aire. Soy yo, o es alguien idéntica a mí, pero la veo perfectamente, sus ojos, su boca, las pecas en su rostro están en el mismo sitio que las mías.
Después, eleva la mano que empuña la daga y en un segundo corta su cuello y cae tendida al suelo, inerte.
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