Seguía siendo un halo de misterio completo, Moira De Santis, una mujer infranqueable.
Colgaron la llamada al mismo tiempo, se quedó meditando, quizás a Moira le gustaba intimidar las mujeres en las cuales veía un posible contrincante contra su propia belleza, es decir; Nadie más bella que ella.
Podía ser le gustara jugar al espejito, espejito, para terminar en una respuesta con la cual se sintiera amenazada; O quizás Moira sentía una ligera atracción por alguna chica linda, quizá le diera por dar besitos, tomar la mano, acariciar una suave mejilla, pero nada más, un juego perverso de sentirse seducida, quizá a veces las emociones le jugaban malas pasadas, ella sí que estaba clara, le gustaba admirar un hombre sexy, Carlo tenía todo eso y más, pero lo que si tenía claro era que Moira le había mirado con aquellos ojos que buscan alguna pequeña señal de algo escondido, pues ella nada escondía y mucho menos guardaba, si debería ser cuidadosa con Carlo, no es buena idea demostrar lo que tanto te gusta, porque termina siendo alguna astuta prueba de eso que no buscas.
Llegaba a su vivienda, era un departamento dentro de una unidad, doce casas, piscina al fondo, jardín y parqueadero, era un cálido y pequeño departamento, lo había decorado a su estilo, una hermosa lampara de tronco a su entrada, unos jarrones, el sofá y dos muebles con sus cojines estampados, el comedor en la cocina, un jardín interno donde un juego de sillas, plantas con paredes forradas en plantas artificiales lucia bien.
Dos habitaciones, el baño con su vestier, en fin, justo lo que había estado buscando, con un préstamo del banco se aventuró a comprar su vivienda, eso sí sin dejar de ayudar a casa.
De día trabajaba hasta las 4 de la tarde en una agencia de viajes donde llevaba unos tres años, tomó la decisión de mudarse dada la oportunidad de un préstamo del banco, independizada totalmente, su madre para darse una ayuda extra logró convertir su habitación en un salón de clases, iba a menudo a ver la familia.
Cuando ingresaba a su apartamento, fue directo a la habitación quitándose toda la ropa para entrar a la ducha, el agua fresca la renovaba por completo, luego en un camisón negro fue a la cama, entraba a las 9 a trabajar.
Moira se encontraba bajo sabanas, con una pequeña bata de seda azul, terminaba de tomar un jugo de naranja, nada como recibir el día con serenidad, el desayuno entraba en ese momento, la chica colocando la bandeja sobre la mesa del jardín, le preguntaba si quería algo más.
-Perfecto, avisa que saldré en hora y media, que todo esté listo-.
La chica cerraba la habitación tras de sí, en ese momento la voz masculina llegaba a ella.
-Moira, deberías casarte conmigo-.
-No arruines este momento tan único-. Moira se despojaba su pequeña bata, para quedar con su piel totalmente al desnudo, se acercaba para tomarle de las manos y llevarlo al gran lecho, el hombre se perdía en cada caricia, que ella ahora juguetonamente hacia sobre su cuerpo, luego se giraba de espaldas a él, en una invitación a que le besara, la seguía en lo que ella quería, dando un giro quedaba ahora con sus hermosos y perfectos senos frente a él.
-Un banquete, es temprano…pero un banquete para seguir al desayuno-.
-Lo que desees, aunque deberíamos hablar Moira, piensa mi propuesta, de verdad quiero casarme contigo-.
-No quiero casarme por ahora-. Moira salía de la cama, y tomando una bata larga se vestía.
-Podemos pasar noches juntos, compartir, comer, viajar, nos vemos a menudo, pero casarme no, tengo otros intereses por ahora, amé a mi marido lo cual tampoco fue de la noche a la mañana, en este instante solamente soy yo, este tiempo lo quiero para mí, además hay muchas cosas interesantes que debo ver, viajare a Italia, hay un proyecto que deseo tenerlo, pero podemos vernos, tenemos la cama que nos une, no está nada mal…. ¿No te parece? -.
-Si, pero no es solo eso Moira, es vivir juntos todos los días, no a ratos-.
-Lo pensaré, pero no te aseguro nada formal-.
-Esta mejor si lo piensas, aunque el motivo podría ser Oswald…te pretende…-.
En ese instante tocaban a su puerta por lo que el hombre en cuestión entraba al cuarto de baño, se daría prisa a ducharse, y vestirse, sería una mañana de reuniones, Moira le había dejado un traje nuevo en el perchero del gran vestier, siempre solía hacerlo, llevaban cuatro meses saliendo, pero ella no daba un paso más.
-Señora la masajista ha llegado-.
-Bien hazla pasar, ya estoy con ella-.
Moira entrando en el baño, iba directo a la ducha, donde unos besos y caricias hicieron un buen masaje, luego se enjuagaba el jabón y salía para tomar una toalla secarse, y colocarse una salida de baño negra.
-Cariño, nos vemos después-. Le daba un beso y salía.
- ¿Te interesa Oswald?
-No me gustaría mentirte…me atrae, quizás no como para irme al altar mañana…-.
-Desearía que aceptaras mi propuesta, claro…tendría que entender ese gusto tuyo…que me resulta algo no tan fácil de comprender-.
-Ahí está el detalle, es un gusto erótico, no estoy imaginando tríos ni nada parecido, en las cuatro paredes de mi habitación me gusta ser solo yo, no recibo visitas extras-.
-Pero…si te besas con una mujer como si nada-.
-No te equivoques, no es cualquier mujer…solo una bella mujer, con quien departa unos besos, puedo ir a unas sexys caricias, para terminar con un amante volviendo el placer locura, es sencillo, me gusta sentir los besos de una mujer, ya me conoces, ¿Que pretendes? Que te diga que es un sacrificio, y que no lo disfruto, me encanta, es un juego, no pretendas que me convierta en alguien que no soy-.
-Es la parte más difícil para mí de entender, pero no quiero discutir es temprano, mejor café-.
-Te pediré el desayuno…nos vemos cariño-.
Se dieron un beso y ella salía del baño hacia la puerta, le miró por unos segundos, y cerraba la puerta tras de sí. Solicitaba llevarle el desayuno al señor Cley en veinte minutos.
Subía las escaleras y saludaba a Nai, su masajista y amiga de hace años, sin ningún reparo se despojaba la bata, para tenderse boca abajo en la cómoda camilla de masajes.
Nai le dio un sutil beso en la mejilla.
-Veo que estás cansada, te dejaré como nueva, hoy traje un nuevo aceite, está recién preparado, de olor suave, no quedará grasosa la piel tiene humectantes-.
-Es bueno saberlo, no quiero que manche mis prendas-.
Nai comenzaba su masaje, tenía manos firmes, era masajista de Moira hacía muchos años, no era secreto que Nai tenía una amiga con quien salía hacía de tanto en tanto, algunas cervezas, o una pizza, la chica le había insinuado de irse a vivir juntas, a Nai no le pareció en su momento la decisión apropiada, era poco tiempo, además en su spa, le había comenzado a llamar la atención un atractivo y guapo hombre, no le era para nada indiferente, no era un gran secreto, era un sexy y rudo hombre de unos cuarenta años.
Moira era bella, hermosa, algo en ella atraía que no sabía definirlo, pero algo que emanaba a flor de piel, era como un dulce perfume embriagador, Moira y Nai en algunas ocasiones, habían departido unos besos, unas copas, la alberca, algunas caricias, pero no se podía asegurar que Moira deseara irse a la cama con una mujer, porque en su cama un buen y estupendo amante la esperaba. Tuvo un pretendiente al que quizás le hubiera dado el sí, estuvo acostándose con Vera Clayton, y eso era una traición a ella misma, Vera era su rival en los negocios, ambiciosa, sin escrúpulos, le gustaban los hombres como también las mujeres, no era secreto que Nai le atraía, solo que Nai solía no prestarle atención. Vera no era muy modesta, y Moira era sagaz, astuta, caminaba siempre dos pasos delante de Vera.
Nai sonreía mientras continuaba su masaje, ahora sus maderas trabajarían con destreza sobre la espalda y piernas.
- Moira… creo que no estas a gusto hoy... -. conocía a Cley, era cliente del spa, pretendía a Moira, ella parecía no darle muchas señales, sabía que era ardiente y apasionada de tanto en tanto platicaban sobre sus salidas. Moira y ella se confiaban secretos, las unían muchas cosas. Nai era de una familia de Florencia, amigas de hace años, pero era su masajista desde muchos años atrás.
-Moira cuéntame de Cley-.
-Nada por ahora, todo igual, continua con ese tema de casarnos-.
- ¿Y no quieres?
-La verdad no, tengo un maletín cargado de emociones guardadas hace años, me casé joven, en un principio para salir de casa, aunque papá quería que nos casáramos con buenos pretendientes, ya cada una tenía su herencia, y él no deseaba que arruináramos nuestras vidas, por eso me case con Leonardo Costa, papá lo aprobó de inmediato, pero…no todo es color de rosa-.





