La semana que siguió a la fiesta en la mansión de Isabella transcurrió como una sucesión de días que Daniel trataba de llenar con trabajo, pero que, a su vez, se veían empañados por la constante intrusión de pensamientos sobre Camila. Cada vez que su mente intentaba concentrarse en la empresa, esa imagen de su sonrisa, tan abierta y sincera, se colaba sin permiso en sus pensamientos. No era un sentimiento común para él, alguien que siempre había sido meticuloso en separar los sentimientos de los negocios. Pero con Camila era diferente. La facilidad con la que conversaba con ella, la forma en que se sentía en su presencia... todo era tan natural.
Isabella había logrado lo que quería: Daniel estaba ahora completamente enfocado en asegurar su inversión. La reunión con ella había sido productiva y, como ella había prometido, el trato estaba a punto de cerrarse. Pero, en su mente, no podía dejar de preguntarse si Isabella realmente lo veía solo como un proyecto, como algo más de su portafolio de negocios, o si había algo más allí. Sin embargo, con cada mensaje de Isabella, cada llamada y cada interacción, él sentía que la barrera entre lo profesional y lo personal se hacía más difusa. Y eso lo desconcertaba.
Fue en una de esas noches cuando Isabella lo llamó para discutir algunos detalles finales del contrato. Estaba lloviendo intensamente fuera de su oficina, el sonido de la tormenta golpeando las ventanas de cristal de su penthouse. Daniel miró la pantalla de su teléfono y vio el nombre de Isabella en la llamada entrante. Aceptó rápidamente, decidido a darle cierre a todo.
- Hola, Isabella, ¿cómo va todo? -saludó Daniel, tratando de sonar relajado.
- Hola, Daniel, todo marcha bien. Pero antes de que hablemos del contrato, quería preguntarte... ¿Has tenido tiempo de pensar más en lo que hablamos la última vez? -la voz de Isabella sonaba tan serena como siempre, pero Daniel detectó una pequeña chispa de interés, algo más personal.
- Claro, he estado dándole vueltas. Estoy convencido de que este acuerdo será beneficioso para ambos. Es solo cuestión de afinar algunos detalles -respondió Daniel, intentando mantener el enfoque profesional.
- Perfecto. Estoy de acuerdo. -hubo una breve pausa. - Pero, dime... ¿cómo te sientes, Daniel? ¿Todo bien? Pareces un poco distante en nuestras últimas conversaciones.
Él se recostó en su silla, mirando por la ventana mientras las gotas de lluvia corrían por el cristal, casi como si le ayudara a pensar. No quería ser despectivo, pero la pregunta lo hizo reflexionar. Había algo que no podía ignorar, pero no sabía cómo explicarlo sin parecer deshonesto.
- Es solo que... -comenzó, titubeando por primera vez en mucho tiempo- he tenido algunas distracciones últimamente. Personalmente. Pero no te preocupes, no afectará nada en el trabajo.
Isabella, percibiendo una grieta en su fachada, insistió.
- ¿Distracciones? ¿De qué tipo, Daniel?
El silencio se alargó entre ellos, pero antes de que pudiera responder, la voz de Isabella cambió, se volvió más suave, casi como si intentara romper alguna barrera invisible entre ellos.
- ¿Es por algo que te dijo Camila? -su tono era leve, como si estuviera haciendo una observación casual, pero Daniel sintió que sus palabras se clavaban en él.
Camila. ¿Cómo sabía Isabella sobre ella? La verdad es que había sido tan inesperado todo, pero en ese momento, Daniel entendió que Isabella no era la clase de mujer que dejaba nada al azar. Podía no haberlo dicho directamente, pero ella lo sabía. Tal vez no tenía pruebas, pero su intuición le decía que algo estaba pasando.
- Camila... -murmuró Daniel, sin saber si debía continuar la conversación. Un escalofrío recorrió su espalda al decir su nombre, como si de repente toda su tensión interna se hubiera vuelto palpable.
- Sí, Camila. Tuve la impresión de que os llevasteis bien la otra noche -dijo Isabella, tan calmada como siempre. La percepción de Isabella nunca fallaba.
Daniel no sabía qué responder. La sinceridad de Isabella lo golpeó como una ola. Ella no le estaba recriminando nada, pero al mismo tiempo, le estaba ofreciendo una oportunidad para abrirse, para ser honesto con él mismo. Pero, ¿podía? ¿Podía decirle a Isabella que la conexión que sentía con su hermana era más que una simple atracción?
- Es complicado, simplemente, no quiero que esto interfiera con lo que estamos construyendo -respondió él, sin mucha convicción. Quería creer que podía seguir con su vida profesional sin que sus emociones personales interfirieran.
Isabella dejó escapar una risa suave, casi imperceptible, y luego dijo con una calma desconcertante:
- No te preocupes, Daniel. Sé que eres capaz de separar las cosas. Pero, si alguna vez necesitas hablar... siempre estaré aquí. -No se refería solo al trabajo. La insinuación era clara, y por un segundo, Daniel sintió que todo el peso de sus decisiones recaía sobre él.
Después de la llamada, Daniel se quedó en silencio, mirando el teléfono en sus manos. Pensaba en las palabras de Isabella, pero también en las de Camila. Había algo inconfundible en ella, algo que lo atraía sin que él pudiera controlarlo. Había algo en su risa, en su libertad, que le resultaba tan refrescante, tan genuino.
Era casi la medianoche cuando Daniel decidió que necesitaba salir. El aire fresco lo ayudaría a aclarar su mente. Se levantó, se puso un abrigo y salió sin rumbo fijo. No era algo habitual en él; normalmente prefería sumergirse en el trabajo para distraerse, pero algo dentro de él estaba pidiendo un cambio, una salida. Tal vez solo necesitaba tomar una decisión. La lluvia caía con fuerza, pero lo único que importaba en ese momento era el eco de su conversación con Isabella y el peso de lo que sentía por Camila.
Camila. Su rostro aparecía una y otra vez en su mente, como una sombra que no podía deshacerse. Se había dado cuenta de que, aunque pensaba en Isabella y en lo que podrían construir juntos, la imagen de Camila era la que lo seguía. ¿Qué significaba eso? ¿Era solo una fase, una simple atracción pasajera? O, quizás, algo más profundo.
La noche no le dio respuestas, pero sí una sensación de incomodidad. Daniel sabía que estaba en la encrucijada de algo importante, algo que no podía seguir ignorando. Su vida profesional estaba a punto de despegar con el apoyo de Isabella, pero en su corazón, algo le decía que el futuro que imaginaba con ella no era el único camino posible.





