Encuentros Secretos

Gianna Reeger perfeccionaba el vestuario de Andrea, trataba de resaltar en ella esos gestos femeninos que su amiga escondía celosamente. Ambas se conocieron en la universidad hace cuatros años, ahí mismo se hicieron amigas y sabían que serían inseparables.

Andrea posaba para que sus compañeros de trabajo capturaran en ella la sensualidad en sus movimientos, miradas y sonrisas. Daba su mejor esfuerzo ya que no era modelo. Se encontraba en esa tesitura al ser su amiga Gia diseñadora de moda y socia en la agencia que ambas sacaron adelante con mucho esfuerzo y dedicación.

—Estoy cansada, este mundo de posar y desfilar no es para mí. Yo prefiero estar detrás del lente capturando cada movimiento —se quejó Andrea ya que no podía soportar toda esa parafernalia.

—Juraste que serías la nueva imagen para mi colección y vas a cumplir, zorra. No te dejaré vivir si no lo haces —Gianna le entregó una botella de agua para que se refrescase—. Por cierto, conocí al señor Da Silva es un poco amargado el tipo, aunque está buenísimo y tiene un culo monísimo y...

—Gia no me importa su apariencia, me importa si nos conviene asociarnos o no a su agencia— la interrumpió mientras tomaba agua—. Es muy nombrada en Río, pero sabes muy bien que las apariencias engañan. Recuerda que intentaron estafarnos y usarnos como tapadera para trabajos ilícitos.

—Lo sé, pero sólo fue un comentario. Estos días andas más estresada que nunca, debes despejar tu mente —expresó mientras daba órdenes para comenzar otra vez con la sesión fotográfica—. Vamos a salir esta noche, es una nueva discoteca, se llama Rainbow ¿o prefieres ir a Delight? —comentó—. Chicos todos a sus posiciones, Andrea a tu posición y relájate.

Tres horas después de un arduo trabajo, Andrea podía sentirse ella misma. Quedó con su primo y su pareja en comer en un restaurante chino cerca de donde ambos viven, al llegar la noche iría a la bendita discoteca para relajarse y así evitar tener a Gianna presionándola toda la semana.

Le fue imposible no soltar un gemido de placer cuando el agua tocó su suave piel, nada mejor como estar en casa. El trabajo le estaba agobiando. Necesitaba unas vacaciones y sin pensarlo rememoró sus días en Río de Janeiro cinco meses atrás. Como extrañaba el sol, el ver su piel bronceada y no parecer un papel. Sin duda fue uno de sus mejores viajes de trabajo, además aprovechó para pasar tiempo con una de las mejores amigas de su hermana que ya tenía un año residiendo en ese Estado.

A pesar de los seis años que llevaba en Nueva York, extrañaba a su familia como si hubiese partido ayer. Dos veces por semana llamaba para hacerles saber que estaba bien, enviaba dinero y algunas otras cosas que les podían hacer faltas, las noticias eran claras. Venezuela estaba viviendo uno de sus peores períodos, con el actual gobierno. Aunque no se lo dijeran ella estaba mortificada y ansiaba tener toda su familia ahí, pero era consciente que eso no iba a pasar.

Su padre era muy testarudo, quería quedarse en su país pasase lo que pasase y a ella no le tocaba nada más que respetar su decisión, sin embargo, ayudaba a sus hermanos sin que él se enterase.

Una hora después de sentirse renovada salió para el encuentro con Alexandro y Stephano. La pareja de su primo es un gracioso diseñador gráfico que le ayudó bastante a la hora de elegir su segunda profesión y gracias a él tuvo su primer trabajo como profesora en una escuela enseñando español y portugués, además con su ayuda realizó cursos en sistema e informáticos y como si fuese poco, la consintió como si fuese su hermana menor.

Ese hombre de veintiocho años le brindó una hermosa amistad que con el pasar de los años se convirtió en hermandad y estaba agradecida de ello. Los minutos pasaron volando y para cuando Andrea se dio cuenta ya estaba cayendo la noche, ya era hora de irse.

Gianna llamó minutos antes que se hiciesen las siete y media de la noche sacando Andrea de sus cavilaciones y asegurándose que su amiga iba asistir a la celebración con su equipo.

Debía admitir que su amiga Gia con esos geniales ojos azules, sus labios voluptuosos, su figura de infarto y su cabellera rubia despertaba en muchas mujeres envidia y en otras deseo. Al igual que los hombres, todos deseaban meterse en sus bragas, pero pocos lo conseguían.

Andrea y Gianna eran distintas en su forma de pensar, tras un incidente que marcó su vida Andrea dejó atrás esa niña aventurera que en ella habitaba para darle paso a la responsabilidad. Estaba completamente segura que sus seres queridos se quedarían asombrados si conocieran esa parte de ella.

Esa noche quería lucir sensual, hermosa y tentadora, contaba con su mirada y su cuerpo que bien entrenado lo tenía, pero no sabía que atuendo lucir. Finalmente se decidió por una braga negra que hacía juego con su piel, el escote en forma de v le daba un toque seductor, se colocó un cinturón amarillo fosforescente que combinaban a la perfección con las sandalias de tacón alto, accesorios simples para no quitarle la sensualidad a la braga. Se recogió el cabello en una coleta, delineo sus ojos para darle más profundidad a su mirada y pronunció un poco sus pómulos.

Se miró al espejo y quedó encantada con el resultado. Esa noche quería sentirse deseada, llevaba algún tiempo sin una caricia y ya estaba empezando hacerle falta. Decidió agarrar un taxi en vez de ir en su auto, le dio la dirección al señor y quince minutos después llegó al lugar donde la esperaba Gianna y el resto del equipo. Rose, Jean Carlos, Sebastian, Matt y Megan.

Brindaron todos en honor a Gia por la próxima colección que estaría disponible en unas semanas, entraron en ambiente, algunos decidieron bailar y otros se quedaron sentados disfrutando la noche con un trago en las manos. Se contaron anécdotas vergonzosas de la niñez, la historia de Matt quién era nuevo en ese grupo; reían hasta más no poder, ya con los tragos bullendo planearon jugar. Nada malo sucedería, claro para la persona que era nueva en el grupo sí, suponían que no estaría acostumbrado a esas juergas.

Megan y Sebastian se fueron a bailar, eran una pareja muy hermosa que siempre le daba armonía al grupo en momento de crisis. Jean Carlos y Rose terminaron succionándose la boca, quedando así Gia, Andrea y Matt divirtiéndose y bebiendo alcohol. El trío se dio un beso mientras eran observados por otros.

Gia decidió dejar Andrea con Matt notaba la química entre ambos, pero conocía a su amiga y sabía que no dejaría fluir nada más que una amistad y compañerismo. Llegó a la barra y pidió unos tragos, cuando sintió un olor conocido. Creyó estar loca, tal vez el alcohol estaba haciendo estragos en ella.

Decidió voltear para confirmar y a dos personas de ella se encontraba Fabian Da Silva un hombre guapo, alto, lo más parecido a una muralla ojos café, pelo negro y labios deseables.

No sabía si era porque estaba ebria, pero ese hombre que días anteriores le pareció insoportable en ese momento era todo un Dios, se relamió los labios y no pudo evitar soltar un jadeo, es de esos hombres que te hacen mojar las bragas con solo observarlos caminar.

Aprovechó que no la había notado y lo miró con total embeleso. Debía reconocer que estaba de infarto, hizo una mueca al comprobar que se encontraba con una pelirroja. Que estúpida era pensando que ese semental estaría solo en un sitio así, «vaya Gianna tu estupidez va en aumento». Su escrutinio no duró mucho hasta que su mirada azulada quedó hipnotizada en esos ojos cafés.

— ¡Oh! Que grata sorpresa señora Reeger —el hombre tomó de su whisky—. No pensé encontrármela en un buen tiempo, o al menos en eso quedamos. —expresó de manera fanfarrona para hacerla molestar.

—Señorita. ¿Estás viendo esto? —Señaló su dedo anular— No hay anillo. Se ve más relajado señor Da Silva ya no parece un grano en el culo como hace días. Y si cree que va a ofenderme con su comentario está muy equivocado —espetó con los labios apretados.

—Gia ¿qué está pasando? ¿Quién es el señor acá presente? —indagó Andrea, quien se extrañó que su amiga demorara más de la cuenta y fue en busca de ella.

—Andre, el señor acá es el grandioso señor Fabian Da Silva, uno de los dueños de F&P Agency con quien estamos pensando asociarnos. —Puntualizó la rubia mientras el vodka inundaba su paladar—. Aunque está por verse, espero que su otro socio no sea como él de maleducado y poco caballeroso.

—Mucho gusto señor, soy Andrea Rodríguez socia de Gia.

—El gusto es todo mío, señorita. — Fabian besó la mano de Andrea.

Los observó con detenimiento mientras fulminaba ese hombre que dejó inquietudes en ella. Todo lo hacía por molestarla, pensó. Sin poder morderse más la lengua refunfuñó.

—Que caballeroso el señor, me imagino que es cretino sólo conmigo. —La rubia se iba a salir de sus cabales, Andrea lo veía venir—. Vamos a otro lado, lejos de éste.

Fabian la vio de arriba abajo y la primera palabra que se le vino a la cabeza fue delicia... Sus ojos azules le hacían sentir algo desconocido, algo que no podía identificar, pero ahí estaba como un puberto arruinando todo, y eso que sólo la ha visto dos veces. Tenía un carácter endemoniado y eso es lo que no le gustaba. Tendría que hablar con Peter para decidir si iban a asociarse a ese par de rubias. El nombre de la otra rubia, Andrea, se le hacía conocido, pero no lograba ubicar de donde, le pareció un poco más agradable que su amiga. Estaba por retirarse cuando la mujer de ojos verdes azulados le preguntó.

—Disculpe ¿es usted brasileño? —indagó con una agradable sonrisa. Andrea tenía una buena sensación con ese hombre, aunque acababa de conocerlo, pensó que harían muy buenos negocios.

—Sí señorita, nací en Río, pero mis padres son de Miami — le respondió en portugués.

— Lo supe al escuchar su acento. No es tan difícil distinguir de dónde son las personas por su acento. —pudo sentir la incomodidad en su amiga, se vio indecisa si invitarlo junto a ellos—. ¿Desea unirse a nuestro grupo y conocernos mejor para luego pautar una reunión y llevar a cabo los acuerdos?

—Oh, lo siento, pero estoy acompañado de una amiga —hizo una seña y a su lado apareció una pelirroja—. Le presento a mi amiga Margoth Adams.

Ambas mujeres se dieron la mano por cordialidad, Gianna no sabía que le pasaba Andrea, estaba ahí torturándola con ese hombre intransigente y de paso con una pelirroja horrible. Ya podía ver sus horrorosos gustos. No soportó estar un momento más y se fue a donde la esperaban sus amigos.

La noche transcurrió sin novedad, agradeció a todos los dioses no volver a cruzarse con ese odioso hombre. Sabía que al día siguiente le esperaba un interrogatorio por parte de su amiga, pero no le paró. Lo menos que quería era hablar de ese ser, aunque debía admitir que era un buen candidato para asociarse, su agencia estaba posicionada, tenía sedes en Río de Janeiro y Miami.

Cuando empezó amanecer decidieron darle fin a su juerga y cada uno agarró un taxi para ir a sus correspondientes departamentos.

***

No quería creer que se topó con semejante estúpido, pero lo cierto es que sí. Se lo topó y lo grave de la situación lo deseó.

¿Pero qué carajos le estaba pasando? Se consideraba una mujer que no deja mostrar sus debilidades y a ése se lo dejó en bandeja de plata. Por otro lado, estaba Andrea. Aunque su amiga no se lo dijese estaba segura que le había caído y querría hacer negocios con él.

Su agenda para ese día estaba bastante ajetreada, tenía una reunión con una organizadora de eventos para un contrato de la agencia, se informaría de eso después. Luego estaba la remodelación de su pequeña boutique. Y finalmente le tocaba atender ciertos pedidos de su página web.

No era una gran diseñadora reconocida como Carolina Herrera, Coco Chanel, Diane Von Furstenberg. Pero se dedicaba a su trabajo con pasión, en sus planes no estaba miles de entrevistas, sólo hacía lo que deseaba y como lo deseaba. La fama abruma, y ella lo sabía.

Sus padres son exitosos profesionales. Su padre Giovanni un diseñador gráfico muy conocido en Inglaterra, y luego en Miami, donde ha vivido todos estos años. Su madre Elienny una excelente médico en una de las mejores clínicas de Miami. El sueño de sus padres fue que su única hija se convirtiera en una mujer exitosa, con un futuro fructífero, hijos y una reconocida neurocirujana. Pero al comprender que sus ambiciones y pasiones giraban en otro entorno, como buenos padres aceptaron y apoyaron en todo a su hija.

Gianna desde pequeña se interesó por la moda, y el diseño corría por sus venas. Sí, quiso ser una grandiosa oncóloga para curar a todos los niños y adultos, pero se dio cuenta que eso sólo estaba en las manos de Dios y por más que luchase para que esa terrible enfermedad desapareciera, quedarían secuelas en el sistema de las personas.

Tomó la decisión definitiva a sus 16 años juró ser una diseñadora de moda entregada a su trabajo, luego a los 20 años se trasladó a la ciudad de Nueva York donde poco a poco fundó su pequeña boutique, luego decidió estudiar Ciencias audiovisuales.

Conoció la que ahora es su gran amiga y compañera de todas sus locuras. Tuvo amores que lamentablemente no pudieron ser y comprendió eso, sin embargo, nunca perdió la esperanza de encontrar alguien. Gracias a su amiga aprendió varios idiomas, portugués, italiano y español. Este último se le dificultó un poco por las conjunciones y tiempos verbales, pero lo logró, tenía una excelente profesora.

Volvió en sí cuando un fuerte dolor de cabeza la atacó, se pasó con los tragos la noche pasada, que más podía ser. Una celebración en su vida nunca se pasa por alto, por muy pequeña que sea. Siempre, siempre hay motivos para celebrar.

No quería llegar tarde a la reunión pautada con la organizadora de eventos así que se apresuró. Ante todo, la presencia es un buen indicio a la hora de concretar trabajos importantes, y éste parecía serlo. Se arregló elegante, pero no extravagante. Se decidió por un traje de color beige, la blusa color salmón y lo combinó con sus sandalias preferidas negras altas de gamuza, un pañuelo delicado en su cuello. Un maquillaje natural, y ya estaba lista. Parecía una azafata.

Saludó a los vigilantes del estacionamiento, se montó en su coche y condujo por unos minutos. Desayunaría más tardecita, en el estómago sólo llevaba una manzana y realmente no le apetecía más nada.

Llegó al edificio de Marriot company. Después de 3 minutos fue atendida por la recepcionista.

—Señora Reeger en el piso dos estará esperándola la señorita Clark. Ella la llevará con la señora Thompson. —le dijo con una sonrisa y entregándole un pase de visitante.

Fue hacia al ascensor, cuando las puertas estaban por cerrarse... Ese perfume... Levantó la vista y... ¡NO PUEDE SER!

¿Cómo hace ese hombre para estar en los mismos sitios que ella?

—Estoy pensando seriamente que es un acosador, obsesionado conmigo señor Da Silva —sugirió levantando sus cejas en modo desafiante.

—No es mi intención seguirla Gianna, tengo negocios que realizar que andar pendiente de sus pasos — alegó, esa mujer lo estaba empezando a sacar de sus casillas, pensó para sí mismo el hombre.

—Primero no me tutees, sólo lo hacen las personas de confianza y tú seguro que no lo eres, y no lo serás, ¿me estás escuchando? Así seamos socios.

La dejó con la palabra en la boca, Gia estaba a punto de echar humo por las orejas y espuma por la boca. Pero ¿Quién carajos se ha creído este que es? ¿La última coca-cola del desierto?

Fanfarrón.

Prepotente.

Intransigente.

Llegaron y fueron atendidos por la señorita Clark quien ahí mismo los llevó con su jefa.

—Diane cariño que alegría verte. —dijo Fabian abrazándola.

—Pero ve cómo estás todo guapetón, de seguro eres el suspiro de muchas.

Se sentía incómoda, cualquiera en su posición lo estaría. Observó toda la oficina, era lujosa, pero no exuberante. Tenía buen gusto y eso le atraía, pero no el hecho que conociera al señor me creo el ombligo del mundo.

—Disculpa querida, mucho gusto Diane Thompson —dijo extendiendo su mano.

—Gianna Reeger, el gusto es todo mío —aseguró con una sonrisa fingida.

— ¿Se conocen? —indagó Diane notar la tensión que había entre esos dos.

—Sí, la señorita acá presente y yo nos conocimos unos días atrás.

—Oh que maravilla, así me evito las presentaciones. Por favor siéntense.

Se sentaron todos y Diane tomó las riendas de la reunión.

—Para Marriot siempre es importante complacer a nuestros clientes, para que sus eventos sean de ensueño. Los he llamados porque mi cliente exigió que fuesen sus dos agencias encargadas de todo lo que corresponde a la fotografía. —Hizo una pausa—. Tu prima se casa en seis meses Fabian, y quiere que uno de tu agencia esté en su boda, me lo impuso para así poder hacer negocios con nosotras.

«¿Puedo llamarla Gianna? —preguntó, la rubia asintió—. Con su agencia fue lo mismo. Mi cliente es conocida de la Señorita Rodríguez, quién es la encargada de diseñar sus páginas web. Acá en estas dos carpetas está todos los términos, es cuestión de leerlos y aceptar si les conviene, sino llegamos a un acuerdo para así queden ambas partes conformes ¿Les parece?

Todo estaba perfecto, la propuesta era muy generosa. No se podían negar a eso. Gianna sólo quería salir corriendo y alejarse de él. La ponía nerviosa, tensa. Ya no lo soportaba más. Aguantó mucho por dos horas. Tenía otros compromisos que atender, se despidió con un "hasta pronto" cuando quiso decir hasta nunca.

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