CAPITULO 3
JAMES
Este año será una completa pesadilla.
Esas seis palabras definen mi situación ahora, estoy mirando la taza de café, que me preparó la abuela de la tonta que dejé molesta en el piso de arriba, mientras suspiro como un idiota por emociones que no debería tener. Pensé que este año sería diferente, más fácil; tengo una novia y creo amarla. Más la absurda minion que tengo por mejor amiga no quiere salir de mi cabeza.
Sí, soy la persona más masoquista de todas estando a lado de la chica que me rompió el corazón iniciando secundaria, la misma que hice mi mejor amiga unos meses más tarde. Es absurdo ¿no? Pero preferí tener su amistad a nada. La amo desde que era un simple adolescente emo que apenas y quería hablar con otras personas, desde que tuve mi primer partido de futbol.
No fue un sentimiento pasajero como le pasa a cualquier chico de mi edad, intenté estar con otras personas, incluso busqué odiarla luego que hizo lo que hizo, pero nada cambió y solo me deslumbraba más al ver sus cambios a lo largo de los años.
Ya no tenía el pecho plano, el cabello se lo dejó crecer y sus curvas se definieron. A lo largo de este tiempo se volvió una hermosa mujer, una que noté desde la primera fila, admirándola en silencio mientras fingía que no me gustaba y la veía como una hermana pequeña.
«– Toma el dinero – decía él – Ganaste.
Sus ojos me miraron un instante, vislumbrando un brillo similar al dolor y culpa cruzando por ellos antes de ocultarse en su media sonrisa.
– Siempre gano – dijo ella, dándome la espalda.»
Muevo mi cabeza para retirar esas palabras y aprieto los puños.
Debería odiar a Margery por lo que hizo en esos días, por su actitud fría y egoísta con respecto a mi corazón; pero cuando me pidió perdón semanas más tarde no pude evitar aceptar ser su amigo. Incluso si lastimaba mis sentimientos en el proceso.
Paso una mano por mi cabello alborotándolo un poco, la abuela Cecilia me miraba con media sonrisa, comprendiendo mis sentimientos, para luego dejarme completamente solo en la cocina de la casa. Me tenía la confianza suficiente para hacerlo; ellos me consideraban parte de la familia luego que Margie y yo nos hiciéramos más cercanos. A veces estoy más tiempo aquí que en mi casa. Y de toda la familia de esa niña tonta que tiene parte de mis sentimientos solo Cecilia sabe que sigo enamorado de ella. Su sabiduría leyó por debajo de mi capa fría para revelar al chico adolorido que dejó su nieta luego de esa simple palabra: Terminamos.
Odio esa palabra, no se imaginan cuánto.
Por eso, cuando estoy a punto de terminar alguna relación con una chica lo hago de la forma más imbécil – es mi modo de mantener mis sentimientos a salvo –, mientras envío a uno de mis amigos a decirle que lo nuestro acabó.
– Pensé que estarías devorando mi desayuno – gruñe una voz conocida a mi espalda.
Sonreí.
Margery Jessie Bolton; la chica de cabello castaño oscuro con ojos azules y piel cremosa que está frente a mí, siempre tiene ese efecto en mí. Siempre me hace sonreír sin importar lo insignificantes de sus palabras o acciones, ella es algo así como... ¿Mi hogar? No lo sé, pero con ella me siento seguro y siendo su amigo tengo la esperanza de verla sonreír como me encanta.
– No soy de comer frutas – digo haciendo una mueca, señalando el tazón de su desayuno sobre el mesón – Son todas tuyas.
En realidad, si me gustan las frutas. Al ser el capitán debo comer nutritivo casi siempre para estar activo en cada partido; pero esas frutas las preparé exclusivamente para ella.
No lo sabe, pero siempre que vengo a buscarla soy yo quién le trae el desayuno. Mi madre me ayuda comprándolas en el súper cuando sale por la despensa de la casa, todo para luego reírse de mis absurdos intentos por cortarlas en trozos finos y cómodos para que Margie se los coma después.
Desde hace muchos años ella dejó de comer desayunos pesados, su apetito no parecía estar listo para una comida como huevos u otras cosas, si se obligaba a hacerlo terminaba vomitando o simplemente se le quitaba el apetito. Cuando su hermano se fue también se fue su apetito con esos desayunos que solían compartir.
– De seguro las envenenaste – sonríe, sentándose junto a mí en la encimera, tuve que apretar los puños sobre la mesa al tenerla así.
Tiene un short azul marino corto que se ajusta perfectamente a su cuerpo, una camisa de tirantes negra y cada vez que se inclina para comer una fruta tengo una vista estupenda de su pecho. Será mejor que piense en otra cosa si quiero evitar una erección frente a ella.
– ¿Por qué no querías despertar para ir al instituto?
Con algo debía distraerme ¿no?
Ella dejó escapar un suspiro, apoyando su barbilla en una mano, su cabello atado en esa alta coleta se deslizó sobre su rostro de manera descuidada y no pude disfrutar más su belleza. Solo que esta vez no me distraería con su encanto y ojos claros, algo no estaba bien con ella, le preocupaban ciertas cosas y no sé si tiene que ver con el verano con su abuela fuera de este lugar o el inicio de las clases de hoy.
– No quiero sentir este día más real de lo que ya es – dice tímidamente, mirándome –. No quiero salir de aquí y darme cuenta que estoy a tan solo unos meses de no verlos de nuevo en un salón de clases – sus ojos se llenaron de lágrimas y mordió su labio inferior – Cada uno va a tomar su camino y no quiero pensar en ello para que no sea real.
Sé por qué lo dice.
Sus padres son personas dedicadas de entero a su trabajo, están muy poco en casa y la mayoría del tiempo ella está sola o con Cecilia. La nostalgia debió golpearla en el momento que notó el vacío que harán nuestro grupo de amigos en su vida y verla de este modo, tan triste, me lastima.
Margery es una persona muy sentimental en todos los aspectos. Es de las chicas que lloran porque ven un perro morir en la calle solo, porque su protagonista favorito de una película murió de una enfermedad grave. Tal vez en el pasado haya sido fría y distante en momentos juntos, pero luego del inicio de la secundaria se volvió la persona sentimental y solitaria que es ahora.
Sus sentimientos son fáciles de leer cuando entra en confianza, afortunadamente yo entré en su círculo de mayor confianza hace unos años cuando nos hicimos amigos. No todos los del grupo la han visto como yo, sentada sola en el frente de su casa, observando a las personas pasar, a los niños jugar. Muchos la ven en los pasillos como una chica risueña y llena de energía que te saca una sonrisa durante el día; pero cuando nadie está cerca y se siente perdida es cuando se ve como ahora: triste y sola.
Lamentablemente es un sentimiento que no he podido quitarle por más años de amistad y por más risas que le provoque. La soledad en esta casa consume hasta la más brillante de las personas felices.
– Hey – llamo su atención, acariciando su mejilla borrando una lagrima de su piel. Me mira con más lágrimas contenidas y le sonrío, negando con la cabeza – No llores, Margie – digo en voz baja, mirando a sus ojos claros – Sí, este es nuestro último año, pero no es el final de nuestra amistad. Ya no estarás sola de nuevo, te lo prometo.
– Pero tú estudiarás en Nueva York, yo aún no sé a dónde iré y los demás se irán a Europa – dice con tristeza, mira el mesón entre nosotros y unas lágrimas corrieron por sus mejillas, cubriendo mis dedos – Cada uno tomará un camino diferente para cumplir su sueño y...
– ¿Y quién dice que no podemos vernos en las vacaciones? ¿Qué acaso no podemos mantenernos en contacto por video llamada o por Whatsapp? – pregunto, interrumpiéndola con una sonrisa. Levanto su mirada de nuevo a la mía y le guiño un ojo cómplice – No te librarás de mí tan fácil, Margery Bolton.
Rodee sus hombros con uno de mis brazos sin despegar mi mirada de la suya y la abracé, ella enterró su rostro en mi pecho dejando escapar un suspiro de tristeza y me abrazó con fuerza rodeando mi cintura. Por esta razón acepté ser su mejor amigo, porque no importa lo que pase, los momentos fáciles o difíciles, yo siempre estaré allí para ella. La consolaré cuando sea el momento y la haré reír cuando se sienta triste. Para eso están los amigos, para apoyarse unos a otros en cada momento, y los mejores amigos, ellos son como hermanos para la otra persona. Su carga es más pesada, pero también resultan ser un gran hogar para quién lo necesita.
Ahora ella me necesita.





