Corrí. Corrí como nunca lo había hecho, con el sonido de la explosión todavía retumbando en mis oídos. La risa de Mateo me perseguía, un eco cruel a mi espalda.
Encontré a Leo tirado junto a los restos humeantes de su tractor de juguete. La sangre manchaba su ropa y la tierra a su alrededor. Estaba consciente, sus pequeños ojos llenos de un dolor y una confusión que me partieron el alma.
"Papá... me duele mucho" .
Su vocecita era un susurro. Lo tomé en mis brazos, su cuerpo tan frágil, tan caliente. Saqué mi teléfono con manos temblorosas y llamé a Isabel.
"¡Leo está herido! ¡La bomba era real!" , grité, la desesperación quebrándome la voz.
Hubo una pausa. Escuché la voz de Mateo de fondo, susurrándole algo. Luego, la risa fría de Isabel.
"Deja el drama, Javier. Era un petardo, Mateo me lo ha dicho. Solo quieres llamar la atención" .
"¡No es un drama, está sangrando! ¡Necesita un hospital!" .
"Pues llévalo tú" , su tono se volvió aún más gélido. "Ah, y por cierto, estoy embarazada. De Mateo, claro. Un heredero de verdad. Así que, si a Leo le pasara algo, me ahorrarías muchos problemas con la herencia" .
Colgó.
El mundo se detuvo. Sostuve a mi hijo moribundo en brazos, su sangre empapando mi camisa. Corrí hacia la carretera rural, una franja de asfalto solitaria entre los viñedos. Un repartidor en una furgoneta vieja frenó bruscamente al verme aparecer de la nada, con el niño en brazos.
"¡Al hospital, por favor! ¡Se muere!" .
El hombre no hizo preguntas. Condujo a toda velocidad, mientras yo le susurraba a Leo que aguantara, que papá estaba con él.
En urgencias, el caos nos envolvió. Un médico me apartó después de un primer vistazo.
"Es demasiado tarde. Las heridas internas son masivas" .
"No, tiene que haber algo..." .
"Hay un especialista de Madrid aquí" , dijo el médico, casi como un pensamiento al aire. "El doctor Varela. Vino para una consulta privada con un bodeguero importante. Es el mejor cirujano pediátrico del país. Pero es casi imposible que los atienda" .
Una chispa de esperanza. Una locura, pero era lo único que tenía.





