El sustituto

Dylan siguió sirviendo tragos sin prestar mucha atención a las palabras de su primo Gaspar.

Gaspar se colocó en el centro de la sala de su casa, dispuesto a brindar con todos los invitados.

En ese momento entra a la sala el señor Jackson, un anciano de unos 65 años acompañado de un hermoso joven de unos 20 años, quien es ampliamente conocido por ser el director general de la compañía de tecnología más grande de la ciudad, a tan solo 17 años de edad.

Esta empresa es reconocida mundialmente por los teléfonos inteligentes y computadoras que fabrica.

—Bienvenido a mi fiesta, señor Miller. ¡Es un honor para la familia Smith que estén aquí hoy en nuestra humilde casa! —exclama la señora Vanessa.

—Pensé que ya no vendrían, pero gracias por hacerse presentes en una fecha tan importante para mí y mi hijo. Ven, ven —le dice la señora Vanessa mientras mueve las manos hacia Gaspar.

—Mucho gusto, soy el joven amo de la familia Smith —dice Gaspar, extendiendo la mano hacia el joven que está junto al señor Jackson.

El joven solo lo deja con las manos extendidas, hasta que interviene el señor Jackson.

—Me disculpo por los modales de mi nieto… Es un poco quisquilloso con la limpieza —les menciona.

—¡Oh, no, oh, no!… No hay ningún problema, señor Miller. Mi hijo comprende muy bien a su nieto —dice la señora Vanessa.

—Bueno… seré directo y no me andaré con rodeos… Les comento la razón por la que hoy me encuentro aquí.

Estoy aquí, no por su fiesta, estoy aquí porque vengo a llevar a casa al jovencito Dylan Brown… ¡Me imagino que es su sobrino!… ¿Verdad? —le dice el señor Jackson Miller a la señora Vanessa.

—Bueno, sí es mi sobrino, pero en este momento él no está dispuesto a recibirlo —dice un poco desconcertada la señora Vanessa, ya que no sabe cómo su sobrino conoce a los Miller.

—Disculpen, yo soy el joven Dylan Brown, pero no recuerdo conocerlo, así que por favor dígame en qué puedo ayudarle.

—Tú eres el pequeño Dylan entonces. Yo conocía a tu padre, por eso estoy aquí hoy —le dice el señor Jackson.

—Estoy aquí porque quiero que te cases con mi nieto —dice el señor Jackson, dejando a todos los presentes sorprendidos por tan abierta propuesta.

No se sorprenden por el hecho de que se le esté proponiendo matrimonio a otro hombre, sino por el hecho de que ya han muerto tres prometidas anteriores.

Aunque nadie sabe que anteriormente también murió un chico, por eso se dice que aquel jovencito está maldito y nunca disfrutará del amor.

—Será mejor que hablemos en un lugar privado, sin tantos espectadores —les dice el señor Miller.

—Sí, sí, claro, síganos a nuestro estudio —dice la señora Vanessa mientras les muestra el camino.

Ya en el estudio se encuentran la señora Vanessa con su hijo, el señor Miller y su nieto.

El último en entrar a la habitación fue Dylan, a quien la propuesta del señor Miller no parecía sorprenderle.

—Señor Miller, discúlpeme, pero mi sobrino apenas tiene 17 años. Además, tengo su custodia legalmente, así que no puede simplemente venir y llevárselo. Él es mi sangre y debe estar conmigo.

—Escuche lo que tengo que decir y luego decida si me permite llevar a su sobrino o no. Pero necesito que estemos a solas, usted y yo —dijo el señor Miller.

Escuchando la orden del señor Miller, todos salieron del estudio dejando a las dos personas solas.

—Soy una persona directa y no me gusta alargar las cosas. Sé que hace 15 años usted saboteó los frenos del auto de su hermana, con el único propósito de obtener el dinero que la señora Estela dejó como herencia para el pequeño Dylan.

También sé que le ha mentido a su sobrino toda su vida acerca de sus padres, y que no le ha dado ni un centavo de la cuenta que fue creada especialmente para él. Esa cuenta existe desde antes de que Dylan naciera, y fui yo quien ordenó que se le enviara una cantidad de dinero mensual para su crianza.

Fue por mi culpa que su padre falleció antes de poder conocerlo. Él murió sin ver a su esposa de nuevo y no quiso saber el sexo del bebé que esperaban, quería que fuera una sorpresa al regresar.

Mi amigo estaba convencido de que sería una niña, por eso le prometí casar a mi único nieto, el hijo de mi hijo varón ya fallecido, con su hija. Aunque tengo más nietos varones, ninguno lleva el apellido Miller.

El padre de Dylan salvó mi vida cuando cometí un error que le costó la vida a él. Aunque al final su hijo nació siendo un varón, parece que mi nieto quedó maldito y todas sus parejas han muerto en accidentes.

Queremos romper la maldición casando a su sobrino con mi nieto, aunque la promesa se hizo antes de saber que sería un niño. Según el chamán al que suelo acudir, la maldición se rompe al casar a las personas comprometidas, porque ese fuerte lazo impide que mi nieto sea feliz en el amor.

Espero que después de escuchar mi historia, su sobrino pueda venir conmigo —dijo el señor Miller, dejando a la señora Vanessa petrificada.

—No, no, no. ¿Cómo cree que sería capaz de intervenir para que su familia rompa una maldición tan fuerte? —respondió la señora Vanessa, convertida en un manojo de nervios.

La señora Vanessa era una mujer hermosa y de buena presencia, pero cruel y ambiciosa, capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Durante 15 años había estafado a Dylan.

Ahora que se sentía descubierta, le importaba muy poco lo que le pudiera pasar a su sobrino. Si no rompía la maldición y terminaba muriendo, como todas las anteriores parejas del nieto del señor Miller.

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