Coraline Nowell.
En el pasado, dos años atrás.
—Lo siento, Coraline, perdónanos —profiere mamá, con los ojos llenos de lágrimas—. Perdónanos por ser unos malos padres y no poder pagar tu fondo estudiantil, no merecías esto.
Siento como mis ojos arden con lágrimas que no dejo salir, ya tendré tiempo para llorar a solas, solo… no quiero hacerlos sentir peor y más cuando nos han pasado tantas cosas malas en los últimos dos años. Me obligo a tragar el nudo que tengo en la garganta y les doy una sonrisa temblorosa, sintiendo como mis sueños se hacen añicos a mí alrededor.
—No digas eso, mamá, ustedes son unos padres maravillosos y no es su culpa que no puedan pagar mis estudios —susurro a punto de echarme a llorar, sabiendo ya que esto sucedería—. Ya se me ocurrirá algo, todavía hay mucho tiempo. Solo… no se agobien ¿sí?
—¿Cómo no lo haremos si no podemos pagar tu fondo y gastos? Te esforzaste tanto por conseguir esa beca y ahora, que ya tienes un pie dentro de la universidad, no podrás asistir —replica papá, acongojado.
—No seamos tan pesimistas, aún faltan algunos meses y puedo conseguir un trabajo. Ya no soy una niña indefensa a la que tienen que cuidar y alimentar, por favor, no se preocupen por esto.
Me pongo de pie y tomo mis llaves de la casa, necesito salir de aquí y pensar con claridad, sé que, si me quedo en casa, lograré todo lo contrario y terminaré hecha un mar de lágrimas y sin una solución a mis problemas financieros.
Perdón mamá, papá, por ser una mala hija y solo causarles pesar, no se lo merecían.
—¿Saldrás? —Inquiere papá, mirándome con preocupación.
—Sí, iré a conversar con ella, no volveré muy tarde.
—Ve con cuidado y avísanos si sucede algo extraño.
Cierro la puerta al salir, dejando a mis progenitores alarmados en la sala de nuestra pequeña casa. Siempre que voy a conversar con ella es cuando las cosas van mal y ellos lo saben. Tal vez no pueda contestarme o ayudarme como antes, pero confío en que podrá escucharme.
Alexandra Cox siempre me escuchaba.
Camino rápido hacia el autobús que está a punto de partir y subo, tomando asiento en el indeseable primer puesto. Saco el móvil de mi sudadera y veo la hora, son las tres con treinta minutos de la tarde y puedo estar allí hasta las cinco.
El autobús se pone en marcha, mientras tanto, observo por la ventanilla como vamos dejando poco a poco la parte pobre la ciudad y nos vamos adentrando a una mejor zona. A la zona de personas con mayores posibilidades que las mías, cuando esto sucede, ya han pasado unos treinta minutos aproximadamente.
Toco el botón rojo que está en el cristal frente a mí y segundos después el autobús se detiene, pago mi pasaje y bajo con rapidez antes de que se ponga en marcha nuevamente y leo las letras doradas sobre la verja negra frente a mí.
Cementerio Municipal de West Adams.
Me acerco a la reja y uno de los agentes de seguridad del cementerio, me pide mi DNI y verifica mi identidad metiéndolo en un aparato parecido a un punto de venta inalámbrico y me lo devuelve cuando una luz verde se enciende.
En Compton ni siquiera la verja tiene cerradura, porque cada vez que el gobierno municipal pone una, los pandilleros las rompen o roban.
Abren lo suficiente como para que entre y vuelven a cerrar, camino como de costumbre entre el montón de lápidas hacia la de ella. He venido tantas veces a este lugar que puedo cerrar los y seguir caminando sin tropezar ni desviarme del camino, porque sé cuántos pasos hay exactamente desde la entrada hasta su lápida.
Alexandra Cox, mi mejor amiga, está muerta.
Me arrodillo frente a su tumba y abrazo su lápida e inmediatamente comienzo a llorar y a murmurar en voz baja como prometí no hacer, aunque todos en algún punto de nuestras vidas hemos roto nuestras promesas.
Alex, esto duele tanto como el día que supe que ya no estabas aquí, ¿cuándo se irá este dolor que amenaza con comerme viva? Eras, eres y siempre serás mi mejor amiga, quién estuvo tomando mi mano los minutos que estuve perdida en ese parque, aunque fuésemos dos desconocidas.
Estuviste físicamente conmigo doce años, durante doce años fuiste mi amiga, mi hermana. Tal vez este dolor nunca se vaya y llegue el momento en que aprenda a vivir con él. Sin embargo, hoy no vengo a decirte lo que siempre te digo todas las semanas, creo que ya estarás harta de escuchar lo mismo desde hace dos años.
¡Alex, me gradué de la High School! Cumplí nuestro primer sueño, pero, creo que hasta allí los podré cumplir. Sabes que papá enfermó mucho antes de que tú fallecieras y nuestra situación económica se agravó más, tuvimos que usar el dinero de mi fondo de la universidad para pagar nuestras deudas, el tratamiento médico de papá y comer.
Es obvio que papá perdió el empleo, ya que la empresa se negó a seguir pagándole a alguien que enfermó por culpa de ellos y con el poco dinero que ganaba mamá apenas y alcanzaba para pagar las facturas y no pudimos reponer el dinero del fondo.
No podré ir a la universidad, no podré cumplir tu sueño, mi sueño. No podré vivir todas las experiencias que tú anhelabas vivir ni trabajar para alguna firma de abogados de L.A reconocida. Por favor, si aún queda algo de ti en este mundo, has que mi móvil suene con alguna notificación de algún trabajo que me dé el dinero suficiente como para poder ir este año.
Alex, Alex, Alex… en este momento luzco como una loca, abrazando tu fría lápida de mármol y hablándole a la nada mientras lloro… estoy haciendo todo lo que te prometí que no haría el día que te sepultaron, perdón.
Perdóname por lo que te hice y por romper mí promesa, soy una pésima mejor amiga y por mi culpa terminaste tres metros bajo tierra.
Meto una de mis manos en mi sudadera y saco el móvil, justo en ese instante llega una notificación. Dejo de abrazar por completo la lápida y con mis temblorosas manos de pollo lo desbloqueo; deslizo el panel de notificaciones hacia abajo y casi comienzo a chillar de emoción al leer el título de la notificación, pero me contengo, porque sigo llorando y llamarán a una clínica de salud mental si me ven haciendo eso.
OPORTUNIDADES DE EMPLEO BIEN COTIZADAS EN EL MERCADO DIGITAL. Abro la notificación en el navegador y comienzo a leer con detenimiento las primeras ofertas de trabajo.
1. Invierte en la bolsa de valores.
2. Crea desde cero tu tienda online.
3. Buscamos desarrolladores de páginas web.
4. Trabaja como agente inmobiliario.
5. Se busca comediante para trabajar fines de semana en eventos.
6. Conviértete en modelo webcam.
Rio fuertemente en mi interior al leer la sexta opción, esta es la única que me sirve, no sé hacer absolutamente nada de lo que sigue en la lista, no creo que sea muy difícil tocarse frente a una cámara, solo tengo que pensar en algo que cubra mi rostro y oculte mi identidad.
Perra sucia, desde dónde sea que estés cuidando de mí de seguro te estarás riendo y lo harás hasta que tu estomago duela, pero gracias, no había pensado en ello.
Me acuesto sobre el pasto de la tumba de mi mejor amiga y abro otra pestaña en el navegador y busco información acerca del modelaje webcam y no es tan malo como parece, además, parece ser lo suficientemente efectivo como para poder cubrir mis gastos estudiantiles, personales y ayudar a mis padres económicamente en poco tiempo.
¡Gracias, gracias, gracias! Eres la mejor, no sé cómo puedes seguir ayudándome todavía. Te amo muchísimo, Alex.
—¡Hey! Ya son las cinco, hora de irse —dice uno de los agentes de seguridad caminando entre las tumbas, me siento nuevamente y espero que se aleje un poco hacia otras personas.
—Gracias por avisar, deme un minuto, por favor —contesto. Abrazo nuevamente la tumba de Alex y me pongo de pie.
Volveré otra vez cuando obtenga las primeras pagas, gracias nuevamente Alex. Por cierto, tengo crear un usuario en la página que utilizaré, ¿te gustaría que utilice de nombre Naughty Kitten? Es apropiado para lo que haré, pienso yo, ¿no crees? Seré una gatita traviesa y escurridiza.
En fin, ya tengo que irme, sabes que Compton es peligroso y no quiero ser más imprudente de lo que normalmente soy, volveré tan pronto tenga lo que te dije y pueda traerte un enorme ramo de esas hermosas rosas negras que tanto te gustaban.
Hasta pronto, gracias por cuidar siempre de mí; cumpliré nuestros sueños.
Con esa nueva resolución en mente, rehago mi camino hacia la salida. Hui de casa prácticamente a contarle mis problemas y regresaré a ella con una solución, quizás no sea la más acertada y prudente, pero es la que más rápido puede brindarme beneficios.
Desde hoy, este será mi secreto.
Secreto que protegeré sin importar qué o quién se interponga, así tenga que mentirle a cualquier ser que me rodee.
*
Presente.
—¿Qué harás el sábado, Cora? —Inquiere Steph con curiosidad; mientras teclea a toda velocidad en su iPhone sin mirarme siquiera.
—Voy a estudiar, tengo varios exámenes la próxima semana y algunos trabajos que entregar. Además, tengo que trabajar —agrego lo último casi inaudiblemente, finjo buscar algo en mi bolso para evitar que vea en mi rostro que miento—. No es fácil conservar una beca…
Casi puedo jurar que me está observando con una ceja enarcada y que me dirá lo de todas las semanas:
—No puedes vivir encerrada en una habitación los fines de semana mientras todos se divierten, te estás perdiendo la mejor parte de ser universitaria, Coraline —contesta con seriedad, pongo los ojos en blanco y suspiro sonoramente—. Y no me salgas con que tienes que trabajar y muchos deberes, por favor.
Esta es una de las cosas que Stephanie no entiende por más que se lo explique, dado que no es ella quién está en mi posición. No puedo darme el lujo de descuidar mis estudios, bajar el promedio y perder mi beca por una tonta fiesta. No puedo. Y más cuando tengo que trabajar para cubrir mi fondo estudiantil y pagar mis gastos.
—Aunque te lo explique otra vez, no lo vas a entender. Yo tengo muchas cosas que perder, sin embargo, tú no. De verdad, Steph, será la próxima vez —bramo con un poco de enfado, cierro de mala gana la mochila y me pongo de pie, poniéndola sobre mi hombro—. Si realmente me necesitas, llámame y te iré a rescatar.
—Bien —masculla.
Doy por terminada la conversación sin dirigirle una última mirada y empiezo a bajar los escalones de las gradas del estadio de béisbol del campus. Stephanie es una de las pocas amigas que tengo y la aprecio, pero no es capaz de comprender mis motivos. Sus padres tienen dinero y ella una vida cómoda, nunca ha tenido que sacrificar nada en su vida y hacer cosas desagradables por dinero.
No se preocupa mucho por estudiar, porque si reprueba una materia de igual forma puede volver a la universidad sin perder nada, dado que sus padres pagarán nuevamente su matrícula sin poner objeciones y ella podrá inscribir la asignatura reprobada, puedo decirlo con tal seguridad, ya que sucedió en nuestro primer y segundo año.
Miro la hora en el reloj que reposa en mi muñeca y me provoca gritar y tirar de mi cabello, voy a llegar tarde a la única clase que no puedo hacerlo, maldición.
Veo un auto venir a toda velocidad en mi dirección y grito muy fuerte, alertando a otros estudiantes de la UCLA de lo que está a instantes de suceder. Yo, siendo atropellada y muriendo joven y hermosa, pero sin cumplir mis sueños y los de Alex.
Todos miran con horror el desenlace final de esto, el auto frenando a centímetros de mí y las llantas haciendo ese horrible chirrido y yo con una expresión de pánico total grabada en mi rostro tallado por los mismísimos dioses y a mi amiga riendo como una desquiciada tras el volante.
—Ven y sube tu culo, chica orgullosa, que vamos a llegar tarde a clases —dice, riéndose a carcajadas.
Rodeo el auto con una lentitud exasperante y subo en el lado del copiloto, coloco la mochila en mis pies y ella acelera, riéndose aún y sin permitir que me abroche el cinturón de seguridad.
—Estúpida, vas a matarme de un susto, idiota —espeto, riéndome con nerviosismo y con el corazón aceleradísimo, si no me da un infarto aquí es un milagro—. Juro que vi pasar mis veintiún años de vida justo frente a mis ojos… perdóname por lo de hace unos minutos, no debí reaccionar así y tratarte de esa forma.
Me disculpo un poco avergonzada por mi actitud infantil, ¿cuándo será el día que deje de estropear todo?
—¿Y qué pasó hace un rato? Yo solo recuerdo como bajabas las gradas a las carreras porque ibas a llegar tarde, pero acepto tus disculpas por no escucharme cuando te gritaba que volvieras y subieras al auto —musita con una sonrisita, hacer de cuenta que nada pasó y de una forma indirecta aceptar las disculpas, es nuestra manera de arreglarlo todo—. Mira, ya estamos llegando, ¿ves ese edificio de allí? Pues ahí estudiamos y vamos bien de tiempo —dice, con burla.
Estaciona el auto en el primer sitio libre que encuentra y bajamos; caminamos sin prisa alguna, pues aún faltan quince minutos para que comience la clase. Hubiese llegado muy tarde si Steph no me daba el aventón de la muerte ya que estábamos muy lejos de la Escuela de Derecho.
—Sé lo que significa para ti el estar aquí y entiendo las razones por las que no puedes dejar de preocuparte tanto por estudiar y trabajar; pero Coraline, tienes aún veintiún años y debes tomarte las cosas con más calma o vas a acabar en un hospital con un cuadro de estrés severo.
—Lo sé y agradezco que te preocupes por mí, siempre rechazo tus invitaciones porque de verdad no puedo ir. Mañana en la tarde, cuando finalice nuestra última clase, ¿sabes lo que voy a hacer?
—¿Qué harás? —Inquiere, esperanzada.
—Trabajar treinta horas seguidas, luego descansar un par de horas y levantarme a estudiar —Stephanie me observa con horror, como si me hubiese salido un par de ojos más y yo rio con sorna, ¿hasta cuándo voy a seguir mintiendo?
—¡¿Qué?! Es una locura, Coraline.
—Bienvenida a la realidad de los que nacimos en distritos de bajos recursos de la ciudad, amiga. En mi trabajo se me permite trabajar esa cantidad de horas en poco tiempo para compensar las que no trabajé en días de semana por la universidad.
—Es… simplemente demasiado.
Le dedico una sonrisa ladeada y asiento dándole la razón, no quiero volverme a enfadar. Pido el elevador y espero pacientemente en silencio, mientras se detiene en los diferentes pisos del edificio de la Escuela de Derecho.
Stephanie ve a su mejor amiga e inmediatamente se abrazan y comienzan a hablar como si no se hubiesen visto en meses, tal y como hacíamos Alex y yo antes de que falleciera hace cinco años. Todos los momentos buenos y malos que viví a su lado son únicos e irrepetibles y ella irremplazable, le debo mucho más de lo que puedo pagarle y la extraño como jamás he añorado estar con alguien.
Le debo algo que no le puedo pagar ni cumpliendo todos los sueños que tenía en vida, porque es muchísimo más valioso que sus sueños. Sin embargo; al cumplirlos, siento que poco a poco voy liberándome de culpas. Me siento menos culpable por haber causado su muerte, aunque sus padres y los míos digan que no es mi culpa, sé que sí lo fue.
—Cora, se nos hace tarde, ¿vas a entrar o te quedarás allí con esa cara de susto espantando a los demás? —Dice Steph, sacándome de mis —para nada sanos— pensamientos, sonrío avergonzada y asiento dándole la razón—. Sube o te dejaremos fuera.
Entro en el abarrotado ascensor y espero pacientemente que se detenga en el séptimo piso, lugar dónde se impartirá la última asignatura del día de hoy. Ya estoy deseando ir con los chicos a la nueva hamburguesería que está cerca del campus, comer algo y relajarnos un poco.
Saco mi iPhone del bolsillo derecho del cárdigan y lo desbloqueo, abro WhatsApp y entro en el grupo que tengo con mis amigos y leo los últimos mensajes.
16:23 Yo: “Chicos, ¿qué les parece si vamos todos a comer a la nueva hamburguesería del campus?”
16:24 Abraham: “Guao, ¿y ese milagro? Aún no es navidad y ya se cumplió mi deseo. Cuenta conmigo, nos vemos frente a tu Escuela”.
16:24 Yo: “Tonto, los extraño”.
16:25 Katherine: “Ahí estaré”.
16:25 Abraham: “¡Ay, Katherine! Tan expresiva como siempre, por eso es que te amo”.
16:25 Katherine: “Estoy en clase, idiota”.
16:25 Joshua: “Uy, ya se enojó el tomate con pies”.
16:25 Katherine: “Que sea pelirroja no quiere decir que sea un tomate, Joshua”.
16:26 Louis: “Me van a echar de clases por culpa de ustedes. El móvil timbra y timbra que el profesor me pidió que revisara que estaba mal con el puto teléfono, dejen de joder y vayan a estudiar. Coraline, estaré frente a tu Escuela”.
16:26 Steph <3: “Ahí estaré. Coraline, guarda el móvil que ya llegó el ogro”.
16:26 Yo: “Nos vemos a las 17:45”.
Rio internamente y guardo el móvil, no quiero darle más motivos al ogro para que me expulse de la clase. Odia a los becados como yo y con eso es ya suficiente motivo para bajarle puntos a los trabajos, exámenes y exposiciones, aunque todo esté perfecto.
«La vida, el destino y el universo en sí, son unas completas perras; siempre perjudican a los más desafortunados», repito en mi mente las palabras de Audrey Beckham, mi villana favorita del libro Enigma de una escritora venezolana que admiro mucho, Claudia Gallardo.
Steph con disimulo señala la cabeza del ogro y sin poder evitarlo estallo en fuertes carcajadas, la peluca se le está cayendo.
—¿Le parece gracioso lo que digo, señorita Nowell? —Brama con molestia, el ogro.
—No señor, pero sí me hace gracia que su peluca que se esté cayendo —acomoda con rapidez su peluca y la clase entera ríe con esa acción. Y con esto señores, me gané un pasé directo al infierno.
—Gracias por informarlo, señorita Nowell —dice con molestia—. Continuemos con la clase.
Steph <3, en línea
16:50 Steph <3: “¿Por qué diablos no te quedaste callada, Coraline? Sabes que Evans es un desgraciado y te reprobará la materia por estúpida.
16:51 Yo: “Lo siento, no me pude contener y más cuando me ha humillado tantas veces que he perdido la cuenta, solo por ser becada. Esto, no es ni la más mínima parte de lo que se merece”.
16:51 Steph <3: “Te has metido en la boca del lobo, Coraline”.
Corrección, he corrido directo a las garras y boca del lobo a ser despedazada.





