El regreso de la esposa no deseada

Los ojos de Lilliana se volvieron sombríos y sus labios se curvaron en una leve sonrisa.

No era tan tonta como para mostrar sus cartas en ese momento, así que le dio una excusa sencilla. "Durante estos años que llevan casados, ella ha vivido tranquilamente en las sombras, como una simple ama de casa apartada del mundo. ¿Se atrevería a decir algo si tomas una decisión?".

Joshua apretó los labios.

Durante esos dos años, Alicia había hecho todo por él, le había dado apoyo y consuelo.

Lo había amado intensamente, pero al fin y al cabo, ¿qué valor tenía el amor?

Contra todo pronóstico, Joshua se abrió camino hasta la cima y finalmente logró alcanzar el poder que tanto ansiaba.

Pero ese éxito no había sido fácil. No era el amor lo que aseguraba su posición, sino las alianzas con los poderosos.

El prestigio de la hija de la familia Green valía mucho más que el amor devoto de Alicia.

Mientras esos pensamientos llenaban su mente, Lilliana presionó sus labios rojos sobre los de él. "Joshua, felicitaciones por escapar de la rutina", murmuró con voz aterciopelada. "¿Lo celebramos?".

Joshua se quedó mirándola, pero de repente, el rostro indiferente de Alicia apareció ante sus ojos.

Desde que salió de casa, ella no lo había llamado ni una vez para preguntarle dónde estaba.

Antes, cuando él se enojaba, siempre lo llamaba con ansiedad.

Una inexplicable irritación surgió en su interior. Sin pensarlo, empujó a Lilliana para alejarla. "Solo tienes unas pocas semanas de embarazo", murmuró con voz ronca. "Debes tener cuidado".

Pero ella era astuta y no tardó en darse cuenta de que estaba distraído. "Joshua, ¿qué pasa?", preguntó suavemente. "¿No quieres divorciarte?".

"Por supuesto que quiero divorciarme de ella", respondió él al instante.

Liliana entrecerró los ojos mientras lo estudiaba. "Entonces, ¿por qué no te ves feliz?".

Joshua ofreció una excusa rápida. "La condición de mi padre ha empeorado", respondió con cierto distanciamiento. "No le queda mucho tiempo y Caden regresó anoche. Tal vez vino para reclamar su herencia, así que debo saber cómo manejarlo".

Lilliana parpadeó con desconcierto. "¿Caden? ¿El hijo del primer matrimonio de tu padre? Ni siquiera lleva el apellido Yates. ¿Qué derecho tiene para pelear contigo por la herencia?".

El rostro de Joshua se oscureció.

Era cierto, pero al fin y al cabo, seguía siendo el hijo de una rompe hogares.

En todos esos años, se había esforzado incansablemente no solo para alcanzar una posición en la familia Yates, sino para empujar a Caden a las sombras, el lugar donde pertenecía.

De una forma u otra, estaba decidido a ganar.

Mientras tanto, Alicia se despertó con las extremidades fatigadas. Ya había oscurecido, pero se sentía más cansada que antes.

Y era porque sus sueños giraban en torno a ese desconocido, aún sentía sus caricias en su piel.

No sabía si era el efecto persistente de la droga o si simplemente ese hombre era increíble en la cama.

Incluso ahora, que estaba completamente despierta, se sentía como si estuviera flotando en una nube, por lo que no pudo evitar sonrojarse.

Solo salió de su aturdimiento cuando su celular vibró con una llamada de Monica. "¿Hola?", saludó.

La otra joven era tan observadora que notó inmediatamente que algo no andaba bien con su amiga. "Te escuchas muy somnolienta. ¿Qué está pasando? ¿Arreglaste las cosas con ese idiota acostándote con él?".

Alicia se aclaró la garganta para deshacerse de su nerviosismo. "¡Por supuesto que no!".

Monica se echó a reír con picardía.

"Bueno, tengo los resultados de tu análisis de sangre. Se los pasé a un amigo mío que tiene buenos contactos. Está investigando quién compró esa droga".

Alicia se incorporó y su mente se agudizó. "Gracias, Monica. Lo aprecio mucho".

"Si de verdad quieres agradecerme, hazme un favor: deja de estar obsesionada con ese idiota. Y después del divorcio, solo concéntrate en tu carrera. Me lo debes".

Alicia se sintió conmovida y bajó la cabeza en silenciosa gratitud. "Lo sé, lo sé".

Ahora que lo pensaba, sus sentimientos por Joshua nunca habían sido de amor verdadero, ya que todo era porque se sentía en deuda, un sentido de obligación.

Las expectativas de su familia siempre habían pesado sobre ella, y en esa infancia solitaria y sofocada, fue Joshua quien estuvo a su lado.

Su compañía había alimentado un vago afecto que había confundido con el amor.

"Es una suerte que nunca me haya aferrado con fuerza al amor", murmuró. "Estos dos últimos años... solo los veré como una forma de devolverle su bondad".

Monica hizo una pausa para darle cierta consideración. Sabía mejor que nadie que, en algún momento, Joshua había amado a Alicia.

Pero el amor podía ser muy fugaz.

"Alicia, realmente espero que lo hayas olvidado para siempre", declaró con un suspiro de convicción.

Alicia sintió un dolor en el pecho. Sus ojos ardían mientras intentaba contener las ganas de llorar. Rápidamente presionó una mano sobre sus párpados, negándose a derramar lágrimas.

Fue entonces cuando se quedó congelada.

Miró fijamente su mano.

El anillo de bodas, algo que había conservado con tanto fervor, había desaparecido.

No lo había llevado durante todo un día y una noche, y ella ni siquiera se había dado cuenta.

Su corazón se sintió más ligero y el peso de todo lo que había estado cargando empezó a desvanecerse. "Sí, realmente lo he olvidado", susurró más para sí misma.

No pasó mucho tiempo para que Joshua se diera cuenta de la pérdida del anillo.

Había regresado para recoger algo cuando sus ojos se posaron en su mano. "¿Dónde está tu anillo de bodas?", preguntó con el ceño fruncido.

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