El precio del poder

La noche había caído sobre la ciudad, y Mariana no podía apartar la mirada del reloj. Cada minuto que pasaba sentía que Valentina estaba un paso más cerca del peligro. Las palabras de su hija seguían retumbando en su mente, y la incertidumbre era un peso insoportable. Tenía que actuar rápido, sin errores, pero no sabía por dónde empezar.

A la mañana siguiente, Mariana se dirigió a la oficina de Ricardo. No sabía qué esperaba encontrar allí, pero la urgencia era tan palpable que no podía quedarse más tiempo en su torre de cristal, rodeada de sus empleados que no comprendían la magnitud de la situación.

Ricardo la recibió en una oficina pequeña, apartada de los pasillos principales del departamento de policía. La luz tenue y la decoración austera creaban un ambiente tenso, casi como si todo estuviera diseñado para ser confidencial, para que solo unos pocos pudieran saber lo que sucedía detrás de esas paredes.

-Mariana, siéntate. Tenemos que hablar -dijo Ricardo, con un tono serio que nunca había usado antes.

Ella asintió, sentándose en la silla frente a él. Estaba acostumbrada a estar en control, pero ahora se sentía vulnerable, como si estuviera ante un enemigo desconocido. Ricardo apagó su teléfono y cerró la puerta, asegurándose de que no pudieran oír nada desde afuera.

-Encontré algo. -Ricardo hizo una pausa, observando a Mariana con cautela-. Hay una red de trata que opera en varios niveles de la ciudad. No solo está involucrada en prostitución, también está conectada con tráfico de órganos y explotación laboral. Tienen sus tentáculos extendidos a muchos sectores, y lo peor es que los involucrados son personas que tú conoces.

Mariana sintió como si el aire se le escapara del cuerpo. No estaba preparada para escuchar esas palabras. El simple hecho de saber que alguien cercano a su mundo podía estar vinculado a algo tan horrible le causaba náuseas.

-¿Quiénes? -preguntó, su voz quebrada por la tensión.

Ricardo respiró hondo antes de hablar. Sabía que lo que iba a decir podría hacer que todo se viniera abajo.

-Varios de tus aliados, Mariana. Empresarios, políticos, incluso dentro de tu propia empresa.

El golpe fue devastador. Mariana cerró los ojos por un momento, tratando de asimilar la magnitud de la revelación. Durante años había creído que su mundo era sólido, impenetrable. Pero ahora se encontraba ante la realidad de que todo podía desmoronarse en un instante.

-¿Cómo es posible? -preguntó, más para sí misma que para Ricardo.

-Porque en este tipo de negocios, el dinero y el poder compran silencio -respondió él, con una mirada cargada de tristeza.

Mariana se levantó de la silla, caminando de un lado a otro. Su mente funcionaba a toda velocidad, tratando de encontrar una salida. Pero en ese momento, no podía ver ninguna.

-¿Y Valentina? -preguntó, de repente, sintiendo un temor indescriptible al pensar en su hija. Todo lo que había hecho en su vida profesional no significaba nada si no podía salvarla.

Ricardo la miró fijamente, y por un instante, Mariana creyó ver un destello de duda en sus ojos. Sabía que este era un terreno peligroso para ambos.

-Creo que tu hija está atrapada en lo más profundo de todo esto -dijo Ricardo, con voz grave. -No solo está involucrada en la red, sino que parece que la están usando para algo mucho más grande. Tal vez incluso para conseguir algo que ni tú imaginas.

Mariana sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. La idea de que Valentina estuviera siendo utilizada de esa manera la llenaba de una ira incontrolable. Pero sabía que, por muy furiosa que estuviera, no podía perder la calma. Tenía que ser inteligente, pensar con claridad.

-¿Qué hacemos ahora? -preguntó, mirándolo directamente a los ojos. Sabía que Ricardo estaba en riesgo también, pero si quería salvar a su hija, tendría que confiar en él.

Ricardo tomó una carpeta que había guardado en su escritorio y la colocó sobre la mesa. La abrió lentamente, mostrándole varias fotos y documentos que detallaban los contactos de la red, las ubicaciones de los refugios secretos y los nombres de algunas de las personas involucradas. La lista era extensa, y Mariana se dio cuenta de que no sería fácil salir de esta.

-Necesito que uses tu poder e influencia para conseguir más información. Tienes contactos en el mundo financiero que podrían ser claves -le explicó Ricardo, con tono bajo pero firme.

Mariana asintió. Ya no podía confiar solo en la policía o en sus antiguos aliados. Tendría que jugar este juego a su manera, arriesgarlo todo para proteger a su hija. Sabía que a partir de ese momento, ya no habría vuelta atrás. Estaba dispuesta a perderlo todo si eso significaba salvar a Valentina.

Salió de la oficina de Ricardo con el peso de una decisión que cambiaría su vida para siempre. Cada paso que daba en los pasillos del edificio la acercaba más al abismo, pero también la impulsaba a seguir adelante.

Mientras cruzaba la ciudad en su automóvil, con la vista fija en el horizonte, Mariana sintió una mezcla de determinación y miedo. Sabía que enfrentaría a sus enemigos más poderosos, aquellos que se ocultaban en las sombras, pero también sabía que no podía dejar que Valentina se perdiera en ese mundo oscuro.

La guerra había comenzado, y Mariana Estévez no estaba dispuesta a perderla.

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