Mis manos no dejaron de temblar mientras la tinta negra se secaba sobre el papel. Ya estaba hecho. Había vendido mi alma, mi nombre y mi futuro al hombre que me miraba como si fuera un trofeo de guerra.
-Bienvenida a la familia Black, Amber -dijo Tyler, guardando el contrato con una eficiencia aterradora. Ni siquiera me dio un momento para procesar el peso de mis nuevas cadenas.
-¿Qué pasa ahora? -logré articular, sintiendo que las paredes de su oficina comenzaban a cerrarse sobre mí.
-Ahora, dejas de ser una Brown. Mi chofer te llevará a tu casa para que empaques lo esencial. Mañana a primera hora, un equipo se encargará del resto. Te mudas a mi penthouse esta misma noche.
-¿Esta noche? ¡Tyler, mi padre está enfermo! No puedo dejarlo así sin darle una explicación...
Él se detuvo en seco mientras caminaba hacia la puerta y se giró. Su mirada era como dos cuchillas de hielo.
-La explicación es sencilla: te casaste con el hombre que salvó su pellejo. Él estará feliz, créeme. Ahora, camina. No me gusta repetir las órdenes.
El trayecto en el auto fue un borrón de luces de la ciudad y náuseas. El chofer de Tyler, un hombre mudo y serio llamado Silas, me esperaba mientras yo entraba a mi casa. Ver a mi padre dormido en el sofá, con el televisor encendido y las facturas vencidas sobre la mesa, me rompió el corazón. No pude decírselo. Solo le dejé una nota diciendo que había conseguido un trabajo importante fuera de la ciudad y que todo estaría bien.
Mentiras. Todo era una red de mentiras.
Dos horas después, me encontraba frente al ventanal del penthouse de Tyler. Era un lugar frío, minimalista, lleno de mármol y tecnología, pero sin rastro de calidez humana. Exactamente como él.
Escuché el sonido de la puerta principal abrirse y mi corazón dio un vuelco. Tyler entró quitándose la corbata con un gesto impaciente. Se veía cansado, pero seguía emanando esa aura de peligro que me ponía los pelos de punta.
-Tu habitación es la segunda a la izquierda -dijo sin mirarme, sirviéndose un trago de un líquido ámbar-. No me molestes a menos que el edificio se esté quemando. Mañana a las ocho tenemos una rueda de prensa para anunciar nuestro compromiso "relámpago".
-¿Por qué me odias tanto? -la pregunta salió de mi boca antes de que pudiera detenerla.
Él se detuvo con el vaso a medio camino de sus labios. Sus hombros se tensaron bajo la fina tela de su camisa.
-No te odio, Amber. El odio es un sentimiento demasiado humano para lo que tú y yo tenemos -respondió con una calma que daba miedo.
-¡Ni siquiera te conocía hasta hoy! -exclamé, dando un paso hacia él-. Hablaste de diez años en la oficina... ¿Qué te hizo mi familia para que me trates como si fuera un objeto de tu propiedad?
Tyler dejó el vaso sobre la mesa de cristal con un golpe seco que me hizo saltar. Se acercó a mí con pasos lentos y depredadores. Retrocedí hasta que mi espalda golpeó el ventanal. El frío del vidrio contrastaba con el calor abrumador de su cuerpo cuando se detuvo frente a mí, atrapándome con sus brazos a cada lado de mi cabeza.
-¿De verdad no lo recuerdas? -su voz era un susurro ronco, cargado de una amargura antigua-. ¿No recuerdas la noche del incendio en los muelles? ¿No recuerdas al niño que dejaste atrás para salvarte tú?
Fruncí el ceño, mi mente buscando desesperadamente en mis recuerdos de infancia. Fuego... gritos... pero todo estaba borroso, bloqueado por un trauma que mi cerebro había decidido borrar.
-Yo... no sé de qué hablas -sollocé, sintiendo sus ojos fijos en los míos.
Tyler se inclinó más, su rostro a milímetros del mío. Por un segundo, pensé que iba a besarme, y lo peor es que una parte de mí, traicionera y asustada, lo deseaba. Pero en lugar de eso, bajó la mano y arrancó con brusquedad un pequeño dije de plata que yo siempre llevaba en el cuello, una reliquia que mi madre me dio antes de morir.
-Esta joya no te pertenece -dijo él, apretando el dije en su puño hasta que sus nudillos blanquearon-. Mañana empezará tu verdadero castigo, "esposa". Prepárate, porque voy a asegurarme de que cada vez que me mires, recuerdes lo que me quitaste.
Se dio la vuelta y se encerró en su habitación, dejándome temblando en la oscuridad del salón.
Caminé hacia la habitación que me había asignado, pero antes de entrar, vi algo que me hizo palidecer. La puerta de su estudio estaba entreabierta. Me asomé con cuidado y, sobre su escritorio, vi una serie de fotografías mías. Fotos de cuando estaba en la universidad, fotos de ayer, fotos de hace cinco años...
Pero la última foto no era mía. Era una nota escrita con sangre seca que decía: "Ojo por ojo, Brown".
Mi pulso se aceleró. Tyler no solo me quería por negocios. Él me había estado acechando durante años. Y ahora que me tenía encerrada en su casa, bajo su nombre y su contrato... ¿qué pensaba hacerme realmente?
Un ruido detrás de mí me hizo girar bruscamente.
-¿Buscando algo, Amber? -la voz de Tyler, justo detrás de mi oreja, me hizo soltar un grito que se ahogó en su mano cuando me tapó la boca.





