El perverso juego del Rey

La elección, no la casualidad, determina tu destino ~ Aristóteles.

~♚~

[5 Julio 2021]

La cabeza me palpitaba y miré a la causa de mis pocas horas de sueño a mi lado durmiendo tranquilamente. Me levanté de la cama y miré la hora en mi celular.

5:30 am.

Todavía faltaba casi una hora para tener que estar en el aeropuerto. Yo no iba a poder dormir demasiado pero no por eso iba a despertar a Amaia, por lo que salí de la habitación y entré a la cocina encontrando a mi hermana con una sonrisa dirigida a su celular.

—¿Es el chico de la fiesta?

Mi voz la asustó, ella se giró y me miró con el ceño fruncido por estar despierta o haberla atrapado mientras se escribía con ese chico. Al final ambas habíamos convencido a mamá de dejarla ir a la dichosa fiesta y, Emyli me había arrastrado a ese lugar para dejarme afuera, tampoco es que me muriera por estar en una fiesta.

Cuando llegó la hora en la que ambas debíamos volver a casa, tuve que entrar a buscarla a la casa llena de chicas y chicos ebrios y ansiosos. La encontré luego de una larga búsqueda en un rincón besándose con un chico que parecía bastante más mayor que ella.

Ella en cuanto me vio me sacó arrastrada y no me dijo nada al respecto.

—No—espetó ella de mala gana y giró la pantalla para que viera la conversación con su amiga—, mi felicidad no se reduce a un chico imbécil.

—Así que no te ha escrito.

Deduje por su tono frustrado, Emyli, que de inmediato se cruzó de brazos y apartó la mirada como si estuviera molesta conmigo, cosa que no era cierta.

—No—soltó un bufido—, ¿Por qué no me escribe?, creí que le gustaba.

No quería decirle a mi hermana, que una gran parte de chicos en esa edad solamente buscaban una cosa y dirían lo que fuera para conseguirla.

Debí haberle advertido, pero, Emyli quería experimentar las cosas por su cuenta y si ella quería equivocarse yo iba a dejarla.

—¿Y si le escribes tú?

—Yo no tengo porque escribirle—espetó ella como si fuera lo más obvio—, él fue el que me arrinconó en una esquina y me metió la lengua hasta la—

—No necesitas ser tan explícita—espeté asqueada logrando que riera—, creo que pasar tanto tiempo con Amaia no te está sentando bien.

Pase por su lado para llenar un vaso con agua. Emyli se encogió de hombros mientras me miraba beber de la deliciosa agua.

Siempre tenía la garganta seca al despertarme.

—¿Te emociona ir de viaje a la ciudad del pecado?

—Si mamá te escuchará decir eso seguro me ataría en el sótano—Emily rió mientras asentía dándome la razón—. No me emociona tanto, si me hace feliz poder alejarme unos días para decidir qué hacer con mi vida luego.

—¿Enserio quieres casarte con Austin?—preguntó con una mueca.

Emyli era bastante consciente de las opciones que mamá me había ofrecido, yo no estaba segura de ninguna de las dos, pero no me interesaba buscar una tercera. Mamá había pasado 15 años de mi vida buscando lo mejor para mí y yo le estaba inmensamente agradecida por quitarme ese peso a mí.

—Austin no es un mal chico.

—Eso no fue lo que pregunte—reprochó Emyli entrecerrando los ojos.

Una pregunta que había evitado hacer por mucho tiempo.

¿Enserio quería casarme con Austin?

Era una opción y, sonaba cruel mostrarlo como tal porque nadie en esta vida debía ser una opción. Pero Austin era la mía. No sabía si él conocía o no el plan de nuestras madres para unirnos, no sabía si a él también le tocaba elegir dos opciones en su vida.

A lo mejor sonará cruel.

Pero… Austin era una buena opción. Era amable, dulce y estaba segura de que tenía todas las cualidades para ser un buen esposo, me había dicho que se iría de Terry y, tal vez, si me fuera con él podría dejar atrás por fin todo… eso que no podía soltar tan fácil.

Aunque eso no respondía la pregunta: ¿Quería casarme con Austin?

—No estoy segura—respondí bajo la atenta mirada de mi hermana—, no sería una mala idea.

—Eira no sé qué es lo que crees que le debes a mamá, pero—

—¿Qué hacen, chicas?

La voz de Amaia le causó un susto de muerte a mi hermana que se cubrió la boca y miró a la puerta como si no se creyera que no era mamá la que estaba en la puerta frotándose los ojos con fuerza.

El cabello rubio de mi amiga estaba alborotado y aun así se veía linda. Yo en cambio siempre tenía que cepillarme el cabello para verme medianamente decente.

—¿Estaban hablando cosas sucias?

Mi amiga alzo la cabeza al ver que mi hermana y yo nos habíamos quedado muy en silencio. Amaia encarnó una ceja divertida y yo sacudí la cabeza.

Emyli estaba hablando de cosas sin sentido y no iba a darle importancia porque simplemente no la tenía.

—Claro—murmure con sarcasmo—, porque la cocina es el lugar perfecto para hablar de cosas sucias.

—¿Por qué no?—sonrió Amaia divertida—, si la situación se pone muy—bajo y subió sus cejas—candente, pueden echarse agua encima.

Le hice mala cara al mismo tiempo que Emyli reía ya relajada. Durante unos minutos Emyli pregunto por lo que llevaría Amaia al hotel donde nos quedaríamos y ella comenzó a parlotear sobre sus muchas maletas.

Mire a mi hermana y, aunque no quería darle importancia a sus palabras no podía dejar de pensar que a lo mejor… lo hacía todo por ella. Pero no, no podía ser por eso.

Mamá solamente había querido ayudarme para tener un mejor futuro del que tuvo ella, nada más.

Salimos de la cocina cuando mamá nos mandó a todas a la habitación para arreglarnos. Amaia no dejaba de decir lo feliz que estaba de poder salir de fiesta cada noche, de beberse todo lo que la cuenta de su padre le permitiera y de lucir sus vestidos más lindos.

Yo me puse algo cómodo pero ligero, hasta donde sabía en Las Vegas hacía mucho calor y no planeaba estar sudando todo el líquido que tenía mi cuerpo mientras salía a explorar los alrededores.

El padre de Amaia, el señor Magnus, nos llevó al aeropuerto mientras que Emyli y Amaia iban cantando a mi lado una canción seguro muy alegre que no me esforcé en escuchar.

Solo podía sentir la mirada de mamá fija en mi a través del retrovisor, estaba preocupada por mí, pero, me alegraba que se estuviera esforzando por dejarme ir al viaje como si solamente me fuera unas horas.

Sabía bien que luego de… eso, bueno, mamá había tratado de protegerme de todo lo que podía pasarme si me alejaba de casa, pero, estaba segura que no iba a pasarme nada malo. A final de cuentas, a veces el peligro está justo a tu lado y solamente lo notarás cuando sea demasiado tarde.

Al llegar al aeropuerto, el señor Magnus bajo las dos maletas llenas de ropa de su hija mientras la abrazaba fuertemente al igual que Emyli hacía conmigo.

—Te voy a extrañar—murmuro con su cara entre mi cuello—, muchísimo.

—Te traeré algo de recuerdo—asegure acariciando su cabello castaño—, ya verás que el tiempo pasa muy rápido.

—Ojalá—suspiro ruidosamente antes de susurrar en un tono confidencial:—. Voy a extrañar a mi cómplice.

Sonreí divertida.

Porque era mi deber como hermana mayor haberle dicho a mamá que Emyli… había hecho cosas que no podía en la fiesta, pero, Emyli debía vivir todo lo que pudiera y la apoyaría solamente cuando no fuera muy malo.

—Será mejor que no te acostumbres a ella—susurre de vuelta.

Emyli se apartó con una sonrisa y negó mientras secaba las lágrimas que se le habían escapado. Mamá me paso una mochila algo grande donde llevaba todo lo que yo necesitaba, antes de abrazarme con fuerza.

—Prometeme que vas a cuidarte—murmuró preocupada.

La rodeé con mis brazos sintiendo como su corazón latía acelerado contra mis manos.

—Voy a cuidarme—le aseguré—, cuida de ti también—pedí.

Me negaba a recordar ese horrible año al igual que mamá, pero, ella sabía de lo que estaba hablando tanto como lo entendía yo.

—Todo estará bien—aseguró y me apretó con algo de fuerza—. Eira, prometeme que no harás nada malo.

—No lo haré.

No podía ofenderme porque lo pensará, después de todo, era mi madre y era su trabajo preocuparse siempre por mí.

—Te llamaré todos los días jovencita—advirtió separándose de mi para que pudiera ver sus ojos castaños llenos de preocupación—, más te vale contestarme.

—Lo haré mamá—aseguré con media sonrisa.

—Eso espero—asintió y beso mi frente—. Cuidate mucho hija, no hagas nada malo y disfruta pacíficamente—me recordó.

Asentí y antes de poder decir nada, Amaia me recordó que era hora de ir a la sala de espera porque estaba por comenzar la hora de abordar, así que me despedí de mamá, Emyli y el señor Magnus rápidamente antes de correr junto con Amaia que tiraba de mi brazo.

Pasamos las revisiones y pudimos entrar al avión que haría una escala en Denver, Colorado antes de llegar a nuestro destino.

Una vez nos sentamos, Amaia quedo a mi lado mientras que yo veía por la ventana hacia la pista y a un avión cercano, según mi amiga ver como despegaba el avión no le gustaba así que no lo veía.

—¿Vas a escuchar música conmigo?—preguntó Amaia desenredando sus auriculares.

—No—me dolía un poco la cabeza por no haber dormido bien—, está bien.

—Como quieras—murmuró ella mientras conectaba los auriculares—, pero es un viaje algo largo, así que cuando gustes toma uno y póntelo sin preguntar.

Asentí antes de volver la vista a la pista mientras escuchaba los motores del avión comenzar a encenderse al igual que la voz de una azafata que explicaba lo que debíamos hacer durante el vuelo y de que debíamos apagar los celulares en ciertos momentos del vuelo.

—Por cierto—murmuro Amaia cuando el avión comenzaba a avanzar por la pista muy lentamente—, papá me pidió que te entregará esto. Es para ti.

Me tendió una bolsita roja pequeña y la mire confundida mientras que ella con una sonrisa cerraba los ojos y se ponía ambos auriculares.

Tome la bolsa que contenía una delicada y delgada cadena de plata con una pequeña cruz. Era algo delicado pero hermoso que me hizo sonreír, el señor Magnus era muy amable.

Cuando volvieramos le agradecería el hermoso gesto.

Me puse la cadena y vi pasar el tiempo y el paisaje mientras que sobrevolábamos varias ciudades. Al llegar a Denver bajamos de nuevo al aeropuerto solamente por un par de minutos que Amaia aprovecho para ir al baño y yo para tomarme un café.

Volvimos a abordar el avión y Amaia no tardó en quedarse dormida luego de un rato y a mí me entraron muchas ganas de ir al baño. Trate de aguantar pero, cuando no pude más salí de la silla y me encamine bajo la mirada de todos al baño.

Camine hasta el fondo del avión y cuando iba a abrir la puerta esta no cedió así que me impulse para abrirla como si fuera el baño de la universidad pero entonces, la puerta se abrió y golpee el pecho de un hombre empujándolo de nuevo al interior del baño.

—Lo siento.

Lo mire verdaderamente apenada. Él usaba un traje negro que seguramente era muy caro y su cabello negro estaba perfectamente peinado. A pesar de haberme disculpado él me miró como si yo fuera lo peor que había en todo el avión y murmuró algo que seguramente era un insulto en un idioma muy extraño y paso por mi lado.

Aquello me indigno mucho porque me dolían las piernas de estar sentada y el cuello pero no por eso iba desquitándome con cualquiera que me chocará.

—A nadie le gusta tener que estar en un espacio reducido con un montón de desconocidos pero no por eso tiene que ser tan grosero—me quejé.

Seguramente me escuchó porque se detuvo de espaldas a mí, pero, yo no tenía ganas de entrar en una discusión con un desconocido así que entre en el baño e hice lo que había venido a hacer.

Salí del baño y volví a mi lugar sin ningún otro evento. Me senté y recosté mi cabeza en la silla mirando de reojo a la ventana.

—Disculpe, señorita.

Escuche una voz baja pero amable que me hizo voltear la mirada al pasillo donde había una azafata bastante mayor de cabello rubio.

—¿Si?—pregunte confundida.

No había pedido nada y estaba segura de que Amaia tampoco porque estaba profundamente dormida.

—Esto es para usted—me tendió una copa de vino.

Mire la copa y luego a la azafata como si de repente no se hubiera dado cuenta de su error.

—Lo siento—trate de explicarle—pero yo no he pedido nada.

—Lo sé—asintió la mujer amablemente—, se la han enviado.

—¿A mí?—pregunté aún más confundida—, ¿No es de casualidad para ella?—señalé a Amaia.

Casi siempre que acompañaba a Amaia a una fiesta o a cualquier lugar terminaban enviándole cosas como bebidas o comidas a ella. Cosa que mi amiga disfrutaba, claro. Pero a mí nadie me miraba estando al lado de Amaia, cosa que a mí me gustaba.

El hecho de que alguien me enviará algo era muy raro. Demasiado raro.

—Es usted la señorita que salió del baño. Uno de los pasajeros me dio la orden expresa de traerle esto a la persona que saliera del baño.

¿A mí?, todo esto era rarísimo.

Mire la copa que ella me ofrecía y, cuando iba a alzar la mano me llegó un pensamiento a la cabeza. ¿Y si la enviaba el hombre del baño?, no… podía ser él. Había sido de todo menos amable, como para enviarme algo luego de lo que dijo, fuera lo que fuera.

—Nosotras mismas nos encargamos de servir todo—comenzó a explicar la azafata al ver que no le decía nada—y le aseguro que nadie ha puesto nada en la copa.

—¿Sabe quién fue el hombre que le pidió que me trajera eso?

—La verdad es que no conozco su nombre—confesó—. Pero por lo que se es un empresario de renombre y—

—¿Sabe cómo se veía?

No quería una biografía, quería la descripción para saber si había sido él o… algún otro pasajero sin ningún otro propósito en la vida que enviarle a otros copas de vino.

—Es muy…—se sonrojó—atractivo. Cabello negro, ojos castaños, usaba un traje y—

—Vale—asentí, era él—. Gracias.

Ella me dio la copa con una sonrisa y se fue.

Mire la copa con duda. ¿Por qué me había enviado una copa con vino?, lo último que me hubiera esperado era este gesto luego de lo que había pasado. ¿Era acaso esta su forma de disculparse?

Bueno, lo último que quería era una enemistad con alguien que no conocía y que seguramente no volvería a ver. A lo mejor había tenido un día muy malo y fue por eso que habían pasado las cosas así.

Le di un corto trago y me sorprendió lo suave que era el líquido. Contuve una sonrisa al darme cuenta que en realidad me gustaba. Bueno, siendo así no era una mala forma de disculparse.

Cuando llevaba la mitad de la copa sentí a Amaia removerse a mi lado.

—¿Pediste vino?—preguntó confundida.

Amaia sabía que yo no bebía especialmente mucho. No me gustaba en general el sabor pero esto era… magníficamente diferente.

—Quería probar algo diferente—mentí omitiendo la parte de que alguien me la había enviado—. ¿Quieres?

Amaia abrió la boca con sorpresa antes de sonreír de lado y tomar la copa.

—Te descuido un momento y ya quieres entrar en el mundo del alcohol—canturreó divertida—. Esa es mi amiga.

Negué divertida mientras que Amaia se acababa todo lo que quedaba en la copa de un solo trago. SI me cruzaba con él al salir, me encargaría de hacerle saber que lo disculpaba.

—No voy a entrar en el mundo de nada—aseguré.

Amaia se burló de mi lo que quedó de vuelo y, cuando fue el momento de bajar me tomó de la mano emocionada antes de arrastrarme entre las personas hacia el taxi que según ella, ya estaba esperándonos.

Resultó ser así.

Nos subimos al taxi mientras que Amaia decía lo emocionada que estaba de los siguientes días y de lo mucho que íbamos a hacer. Al llegar a un hotel muy grande y lujoso, mientras nos registrábamos Amaia mostro su emoción por el lugar.

—¡Tienen una piscina!—gritó emocionada atrayendo la mirada de las personas a nuestro alrededor—, Eira tenemos que ir al menos una vez—suplicó.

—Claro—murmuré divertida—, pero yo no voy a entrar.

—Eres una aburrida—se quejó.

—¿Sabes lo sucias que son las piscinas?—sentí mi celular vibrar—. No puedes convencerme de eso porque no lo haré.

Vi el mensaje de mamá de que la llamará y aproveche que Amaia estaba recibiendo las llaves para alejarme de ella y hablar con mamá. La llame de inmediato y al tercer tono atendió.

—¡Hija!—se escuchaba aliviada—. ¿Qué tal el vuelo?, ¿Les paso algo?, ¿Alguien les dijo algo indebido?

Claro que su preocupación no me sorprendía, de hecho, me hacía sentir bien que ella se siguiera preocupando por mí.

—El vuelo estuvo bien—conteste a sus preguntas—. No nos pasó nada—exceptuando lo del baño del avión—, y, nadie nos ha dicho nada malo.

—No sabes cuánto me alivia escuchar esto—confesó—. ¿Dónde están ahora?

—Registrándonos en el hotel—mire a mí alrededor para ver a Amaia mirando su celular al lado del ascensor dándome espacio—. Es un lugar muy bonito.

Y lujoso.

—¿Si te está gustando?

—Es un lugar bonito—reiteré—. Pero no es mi ambiente—confesé escuchando la música que segur venía de la piscina—, es demasiado.

—Disfruta igual—casi parecía aliviada por mi respuesta—. ¿Ya saben que van a hacer después?

—Amaia dijo que iríamos a recorrer la ciudad—mentí, eso era lo que quería hacer yo.

—Si lo hacen ten mucho cuidado, es una ciudad muy peligrosa y—se interrumpió a ella misma—. ¡Los Collins están llegando!—gritó emocionada—. ¿Quieres que le diga algo a Austin de tu parte?

—¿Por qué iba a querer yo decirle algo?—pregunte confundida—, no somos tan amigos.

Lo que era cierto.

A lo mejor cuando niños habíamos sido muy cercanos, pero, ya no era así. No es como que me importará demasiado lo que Austin tuviera que decir respecto a esto. No era su opinión en esta situación la que quería conocer.

—Ya se lo digo yo—murmuró emocionada—. Ya tengo que irme cielito, cuidate mucho.

No me dejo decirle nada porque ella misma cortó la llamada.

Lo más seguro es que ella se inventará algo mejor de lo que yo podría decir para Austin. Suspire y guarde mi celular antes de acercarme a Amaia que estaba hablando con su padre, le pedí que le agradeciera por la cadena aunque lo haría yo luego.

Dejamos las maletas en la habitación y me recogí el cabello en una coleta antes de que ambas fuéramos a dar una vuelta por la ciudad solamente para caminar porque no vimos nada en realidad.

—Por la universidad se corría el rumor de que sales a escondidas con Austin, ¿Es verdad?

La mire esperando a que se echará a reir, pero Amaia me miraba fijamente sin ningún tipo de gracia y fruncí el ceño.

—No—dije como si fuera lo más ilógico del mundo—. ¿Dónde escuchaste eso?

—Por ahí dijeron que los vieron muy acaramelados en una cafetería—parecía dolida—. ¿Por qué no me lo has dicho?

—Porque no hay nada que contar—murmure confundida—. La única vez que he estado a solas con Austin fue el día que fui a visitar a papá que estaba esperándote en la cafetería. Cuando no llegaste él me acompañó a recoger a Emyli y no pasó nada.

Amaia me miro como si no creyera lo que estaba diciendo, pero a mí me parecía ilógico que se hubiera esparcido un rumor tan ridículo. Era sorprendente ver como las personas le daban otro sentido a las cosas.

—Pues él es un tonto—aseguró Amaia luego de un rato—. Si yo fuera hombre y te tuviera enfrente haría lo que fuera porque salieras conmigo.

—Claro—reí al respecto.

Fue con ello que dimos el tema por sentado. Volvimos al hotel y comimos en el hotel antes de volver a la habitación para que Amaia se alistará para ir a una discoteca que según ella, era la mejor de la ciudad.

A mí no me había feliz tener que estar rodeada de extraños y cuidando a mi amiga de un montón de aprovechados, pero, no tenía corazón para decirle que la dejaba ir sola.

Amaia se iba a poner un vestido muy lindo azul claro que le quedaba sobre la mitad del muslo, no era tan ajustado como la mitad de los vestidos que tenía y la hacía verse bien.

—¡Iré por algo de comer al restaurante!

Que siempre estaba abierto, según lo que dijo Amaia, ella me dijo que me esperaría en la habitación y yo salí con toda la intención de ir a por algo de azúcar.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron frente a mi cualquier impulso de ir abajo desapareció de mi sistema ante quien veía frente a mí.

Alce la mirada hacia el hombre esperando que fuera solo una horrible coincidencia, pero no era así. Era él y estaba frente a mí.

—Pero que agradable coincidencia.

Me ofreció media sonrisa amable, me hubiera gustado hacer algo más que verlo como si fuera un fantasma.

Era…, definitivamente la azafata había tenido razón. Él era atractivo. Parecía tener un par de años más que yo, pero parecía ser mucho más maduro. Sus facciones masculinas eran bastante atractivas.

Me había dicho a mí misma que iba a aceptar su gesto y agradecérselo si lo veía y ahora lo estaba haciendo.

—Gracias—murmure cuando él estiro la mano para que las puertas no se cerrarán—, por el vino.

—No se preocupe—aseguró con media sonrisa—, aunque supongo que no le gustó lo suficiente.

—¿Por qué lo dice?—pregunté confundida.

—Le dio la copa a su amiga—respondió con obviedad—, debió de disgustarle lo suficiente como para no beberlo solo por cortesía.

Sentí que el rostro se me calentaba. Eso no era lo que había pasado, pero, ¿Cómo sabía él que no me lo había bebido yo?

—No me disgusto—aseguré avergonzada—, es solo que no acostumbro a beber.

—Ya veo—murmuró con una sonrisa bastante linda—. Lamento haber entendido mal la situación, pero sobre todo lamento lo ocurrido en el avión.

Así que si era así como se disculpaba. Casi quise sonreír al adivinar la intención del gesto, pero, me sentía bastante nerviosa como para hacerlo.

Era… él quien me ponía nerviosa. Era un extraño muy atractivo, amable y que me hacía sentir un ambiente bastante… peligroso y abrumador.

—No pasa nada—murmuré rápidamente—, todos tenemos malos días.

—Pero como usted bien dijo, esa no es excusa para tratar mal a nadie—dio un paso acercándose—. Lamento mucho mi comportamiento.

Si alguien salía y nos veía iba a ver una escena que parecía ser mucho más íntima de lo que en realidad era. Él estaba en el marco del ascensor, con una mano contra la ranura de la puerta para que estas no se cerrarán y con la cabeza ligeramente ladeada. Y yo estaba completamente sonrojada como si fuera la primera vez que hablaba con un hombre.

¿Pero que me pasaba?, esta no era yo.

—Está bien—murmuré finalmente recuperando mi compostura—, acepto sus disculpas y espero que esta experiencia le sirva para el futuro.

—Le aseguro que así será.

Sus palabras, el tono que les había dado las hizo parecer mucho más intensas de lo que eran esas simples palabras.

Él era atractivo y lo sabía, parecía disfrutarlo pero no había venido aquí para ser el entretenimiento de, por lo que sabía, un empresario millonario de renombre.

—Que tenga buena noche, señor…

No sabía su nombre, tampoco es como que me interesará demasiado saber quién era el hombre frente a mí.

—Ryson Holstein—respondió él con una sonrisa más grande.

—Pues eso. Tenga buena noche, señor Holstein.

—Igualmente, señorita…

Oh, además de atractivo astuto. Estaba usando lo mismo que había dicho yo para que le dijera mi nombre.

Siempre podía solamente asentir e irme, pero, veía el reto que sus ojos ponían sobre mí, como si me retará a irme sin decirle mi nombre para mantener el misterio o lo divertido en esto.

Y, como ya había dicho no había venido solamente a ser el entretenimiento de un hombre. Venía a distraerme para tomar una decisión para mi vida.

—Tenga usted también buena noche, señorita Adams.

Asentí y me gire para volver a la habitación. Al final se me habían acabado las ganas de ir a por un postre y solamente quería mantener lejos a aquel hombre, que ahora sabía que estaba hospedado en el mismo hotel que yo.

Señor, sé que no debemos pedirte nada porque nos das lo que merecemos. ¿Pero podrías por favor mantener a ese hombre lejos de mí?

Me distraje cuando Amaia abrió la puerta con una sonrisa, ya enfundada en su lindo vestido y con un maquillaje ligero pero que resaltaba su belleza.

—Lista—me repasó con los ojos antes de hacer una mueca—. ¿Vas a ir así?

—Si—asentí.

No iba mal, llevaba una blusa gris que no era ni muy ajustada ni muy reveladora, un jean y unos tenis del mismo color de la blusa. Sencillo y ligero.

Amaia hizo una mueca pero al final opto sabiamente por no perder el tiempo pidiéndome que me cambiará de ropa para ir a la dichosa discoteca.

Llegamos a un lugar muy lleno, con música tan fuerte que me vibraba en los pies y que tenía un segundo piso destinado únicamente para quienes quisieran sentarse solo a beber.

Fue allí a donde subimos con Amaia, que, se encargó de pedir y pagar una botella de vodka. Estuvo 15 minutos conmigo mientras ella bebía sola porque yo no bebía en lo absoluto y luego bajo a bailar.

Mantuve mi vista en la pista de baile donde una cabellera rubia se movía al ritmo de una canción con alto contenido sexual.

Me serví una pequeña copa de vodka y me la pase rápido. Solamente estaría aquí hasta que Amaia se cansará y luego volvería al hotel para poder descansar.

Me sentía cansada por la caminata que habíamos hecho en la tarde.

Una a una las canciones fueron pasando y yo me sentía completamente aburrida aunque no quitaba la vista de Amaia que ahora se contoneaba contra un hombre mucho más robusto que ella y seguramente, mucho mayor.

—Ahora no solo se aparece en mis pensamientos, señorita Adams—habló una voz muy cerca de mí—, ahora también se aparece en mi establecimiento.

Gire la cabeza confundida y lo vi allí. Solo con una camiseta blanca ligeramente abierta y la parte inferior de su traje. Se veía entre la camisa una cadena de oro.

—Señor Holstein—hable sobre la música, casi gritando.

Al parecer no podíamos tener siempre lo que queríamos porque, aquí estaba él ora vez, tomando lugar al otro lado de la mesa frente a mí.

—¿Disfruta del lugar?

Casi me pareció que la música bajaba un poco el volumen, como si él pudiera controlar todo lo que quisiera con tal de hacerse sentir. Pero era ridículo que solo por él bajaran un poco el volumen de la música.

—Mi amiga ya lo disfruta bastante por ambas—murmure.

Mire de nuevo a la pista y vi a Amaia compartir un beso con el mismo tipo con el que había estado bailando mientras que se alejaban de la pista de baile.

—Ya veo—murmuró él divertido—. ¿No le gusta este lugar?

—No es mi tipo de ambiente—confesé.

No tenía caso negar algo que seguro se me veía en la cara. No me gustaba estar en una fiesta, bar o discoteca, pero no me gustaba que Amaia estuviera sola. Ella, borracha o no, era capaz de no irse con cualquiera.

Terminaría volviendo.

—¿Y cuál sería su ambiente?, señorita Adams.

Volví la vista a la mesa y lo vi girar los vasos. Dejando el que yo había usado para él y el que había usado Amaia para mí, fruncí el ceño pero antes de decir nada él los lleno y se bebió el contenido del vaso de un trago.

—Uno con menos ruido y personas para comenzar—murmure de mala gana.

Y uno donde no hubiera tipos extraños y muy confiados bebiendo de lo que Amaia había comprado.

—Eso deja lugar para muchos lugares—alzo la vista para verme directamente—, señorita Adams.

No me gustaba la manera en la que pronunciaba eso último. Como si disfrutará la sensación de decirme así, decía cada silaba muy lentamente, como si no quisiera dejar de decirlo.

—¿Por qué esta aquí?

No tenía sentido, podía sentir todas las miradas de las chicas del piso sobre él, como si no se creyeran que hubiera elegido sentarse aquí donde una chica que parecía tener cara de todo menos de felicidad antes que con ellas.

Y la verdad es que yo tampoco lo entendía.

Pero él sonrió como si hubiera dicho la cosa más graciosa e ilógica del mundo. Puso su codo sobre la mesa y apoyo su cara sobre su puño, en un gesto que parecía seductor.

—Estoy aquí para protegerla—aseguró.

Eso fue lo más raro que hubiera podido escuchar justo en este momento.

—¿Protegerme?—pregunté confundida, como si hubiera escuchado mal. Él asintió ligeramente—. ¿Protegerme de qué?

—Un mujer tan atractiva como usted no debería estar sola en un lugar como este—aseguró casi serio—, cualquiera querría aprovechar la oportunidad de que este sola para usarla a su favor.

—Estoy segura que nadie me ha dirigido ni una sola mirada—aseguré con obviedad—, hay muchas cosas que mirar antes que a mí.

—Está en un terrible error—se inclinó un poco sobre la mesa como para darle más secretismo a lo que diría—. No se da una idea de cuantos hombres ya le han puesto el ojo encima.

En ese momento me salió una carcajada. Una muy graciosa carcajada ante la seguridad con la que había dicho eso.

Nadie me había mirado desde que había entrado, miraban a Amaia cuando estaba conmigo y cuando se fue todos pasaron a ignorarme como si fuera un adorno más.

—Ahora es usted el que se equivoca—aseguré.

Ryson entrecerró los ojos en mi dirección, como si quisiera descubrir la cura de la hambruna mundial en mi cara o algo similar. Me encogí de hombros y mire hacia la pista, Amaia estaba en una esquina casi teniendo sexo con aquel extraño.

—¿Quién le hizo creer que no era una mujer atractiva?—susurró para sí mismo, aunque lo escuche—. Señorita Adams—alzó la voz para que lo viera y de mala gana lo hice—, no se necesita usar un vestido corto o ajustado para llamar la atención, solo con eso ya lo hace.

—No creo que—

—Este establecimiento es mío—me interrumpió con firmeza—, por lo tanto se quiénes y que es lo que ordenan. Desde que se sentó ha recibido ya tres bebidas diferentes, solo que no le han llegado.

¿Alguien me ha enviado bebidas?, no tenía sentido y casi parecía una broma. Quise preguntar porque no me habían llegado si es que era verdad pero la respuesta llego sola. Si el establecimiento era de él, era por él que no me habían entregado nada.

¿Por qué?, ¿Desde hace cuánto que sabía que estaba aquí?

Nada de lo que él estaba diciendo tenía sentido, menos aun cuando no lo conocía de nada. ¿Por qué iba a interesarle?, no tenía sentido.

Mire a Ryson que se servía otra copa muy tranquilamente, luego otra y otra al pasar los minutos mientras que yo no decía nada.

No tenía sentido que estuviera aquí, en completo silencio con una completa desconocida cuando estaba segura que podía tener una plática o más que eso con cualquier chica del lugar.

Es que no tenía sentido, ¿Qué quería de mí?, fuera lo que fuera definitivamente no planeaba dárselo.

Para cuando volví la vista a la pista no había rastro de Amaia por ningún lado, mierda. ¿Ahora donde se había metido?, si la encontraba en uno de los baños iba a dejarla sola a su suerte el resto del viaje.

—¿Busca a su amiga?

Nuevamente su voz hizo que de mala gana volviera la vista a donde él estaba con su copa a medio camino de su boca.

—¿Por qué le interesa?—pregunté irritada porque Amaia desapareciera—, no creo que pueda ayudarme.

—El establecimiento es mío—me recordó—, si la busca puedo ayudarle a que mi equipo de seguridad la busque por usted.

—¿Cómo va a saber su equipo quien es mi amiga?

—Confié en mi señorita Adams—sonrió abiertamente viéndose bien en ese acto—. ¿Me permite ayudarla?

Entre buscarla yo y que alguien lo hiciera por mí, la última opción sonaba tentadora porque no tendría que pasearme entre la gente y revisar uno por uno los baños del lugar que debían ser varios.

—Si fuera tan amable.

Él hizo un movimiento con la mano que seguramente hizo que su equipo de seguridad fuera en la búsqueda de mi amiga.

Todo esto era muy raro. ¿Quién era ese hombre?, ¿Por qué me ayudaba?, ¿Por qué había decidido sentarse conmigo?, ¿Qué era lo que le interesaba tanto de mí?

Entre más lo pensaba, menos sentido tenía todo esto.

Al final, no pasaron ni dos minutos antes de que llegara un hombre alto que parecía moreno y muy robusto.

—La señorita ha dejado el establecimiento desde hace tiempo—informó con voz seria.

Me tomó un minuto procesar la información. Amaia se había ido, me había dejado aquí sola a mi suerte.

No, Amaia no era esa clase de persona no pudo haberme dejado sola, la había visto ebria hasta más no poder pero aun así volvía por mí.

Me levante de la mesa y corrí al baño, recorrí el piso con la mirada y baje entre las personas, empujando hasta los otros baños, nada. Revise de nuevo la pista y nada.

Maldije haber dejado mi celular en la habitación.

Amaia podría volver y, de ser así entonces ella tenía que encontrarme, ¿No?, no podía simplemente abandonarme.

Fui a la barra y pedí una margarita, pero cuando fui a pagarla dijeron que yo podía pedir todo lo que quisiera, no quise pensar en eso mientras esperaba repitiéndome una y otra vez que Amaia simplemente no podía haberme dejado.

Cuando bebí mi quinta margarita y sentí que me molestaba enserio salí de la discoteca.

No sabía exactamente donde estaba y donde quedaba el hotel, pero me daba igual, necesitaba salir de ese caluroso lugar.

—Señorita Adams—su voz divertida hizo que quisiera lanzarme debajo de un auto—, ¿Gusta que la lleve?

No tenía a donde más ir ni razón para negarme. Si bien no lo conocía no me había hecho nada ni me había insinuado nada fuera de lugar así que no me quedo de otra más que aceptar.

Subí en un auto muy lujoso, Ryson tuvo la decencia de ir en el asiento de enfrente y yo baje el auto para que el aire del exterior me diera en la cara para no molestarme.

Algo debió pasarle a Amaia para que se fuera así. Yo conocía a mi amiga y sabía que ella no me abandonaría sin razón, esperaba que estuviera en el hotel y nada malo le hubiera pasado.

No sabría qué hacer si no estaba en el hotel o no habría dejado una nota para mí.

Baje del auto en cuanto se detuvo y escuche que alguien me llamaba pero no me importaba otra cosa que no fuera encontrar a mi amiga. Tome el ascensor y me baje en el piso de nuestra habitación, al abrir la puerta lo primero que vi fue una mancha en la cama que me asustó.

Luego encendí la luz y vi que se trataba de Amaia y un sujeto que estaba durmiendo a su lado. Perfecto.

Al menos mi amiga estaba bien, pero, mañana desearía no estarlo.

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.