Aclaró que no era su intención permanecer allí meses, mucho menos un año. Sino solo unas pocas semanas, hasta que encontrara un lugar en el que pudiera quedarse y pagar con el sudor de su frente. Por otro lado, al hombre no le importaba si era un año o más tiempo lo que ella iba a durar allí. De hecho, cada vez que pensaba en ese nuevo presente, le gustaba más la idea, una que los iba a conducir a un laberinto de perdición, que ambos no se imaginaban, pero que estaba a punto de comenzar. Justo en ese instante en el que ella había aparecido, se adentró al juego.
—Tómalo, anda. Ni siquiera te estoy haciendo un préstamo. Yo te lo estoy regalando, porque sé que de verdad lo necesitas. Por favor, hazlo por Alicia. Ella también haría lo mismo, por favor. —insistió, y ya no pudo negarse.
—Me agrada más la idea de que sea un préstamo, porque de este modo me hace sentir mal. Ya sabes... —empezó a decir, pero fue interrumpida.
—No aceptaré un solo centavo devuelto. ¿De acuerdo?
—Yo... De acuerdo, gracias. —tomó el dinero, aunque un poco tímida.
Más al estar bajo sus potentes ojos, esos ojos azulados tan hermosos que te llevaban al cielo con solo una mirada, no quería sonar cursi, pero así era cómo su cerebro funcionaba en ese momento. Verlo de esa forma hacía que suspirara por él y sintiera muchas cosas que no debía sentir. No era correcto, no era para nada bien sentirse así. Nunca en su vida pensó experimentar este sentimiento tan profundo hacia un hombre, y menos por el padre de su amiga, alguien mayor que ella. Sinceramente, aunque no lo soltaría nunca, podría incluso ser su padre. Pero el deseo ardía. Sus ojos, de un momento a otro, la timidez dejó de ser un problema y tuvo que apretar los músculos internos de sus piernas porque el deseo se había ido a ese lugar que necesitaba un poco de atención. Y sabía que estaba mal querer ese tipo de contacto con él, simplemente no podía permitírselo. Pero ya estaba pensando demasiado, y a veces no pensar era demasiado difícil cuando se tenía el anhelo clavado en el ser.
Ya era hora de irse, lo mejor era eso, salir de allí rápidamente antes de que las cosas se tornaran más extrañas de lo que ya estaban. Ashton también podía sentir esa necesidad y sabía que sería un problema mucho más serio con ella tan cerca de él. Por ahora, le daba rienda suelta a la locura. No le importaba mantener un poco de cordura. En el desquicio, todo era mejor. El peligro, deliciosamente atractivo, y no iba a renunciar hasta conseguir enredarla en sus sábanas.
La tentación la tenía enfrente y las ansias por darle una mordida a la manzana estaban a pocos centímetros. Esos labios, que al hablar se movían lentamente e incluso al vacilar emitían palabras, él no hacía más que imaginar dándole un beso apasionado. No quería solo un roce, sino llevar las cosas a otro nivel, y estaba seguro de que pronto eso sucedería. Lo único ventajoso de todo esto es que la joven ya no era una niña, para nada. Había crecido y se había convertido en una mujer hermosa. Con su belleza lo hipnotizaba casi sin darse cuenta, y si lo hacía, entonces no lo admitiría. Pero si estaba consciente de todo lo que a él le causaba es que era preciosa.
Puso sus ojos en ella desde la primera vez que la vio, cuando solo tenía 16 años. En ese entonces se sintió como un pedófilo, un imbécil al verla de esa forma. Pero como la muchacha ya no tenía esa edad, sino que era mayor de edad, ya no se sentía culpable. En pocas palabras, lo de ellos se alejaba bastante de lo prohibido.
Y ahora que podía hacerse realidad, no podía estar más ansioso. Ni siquiera le importó llegar tarde a la cita que tenía pautada ese día, todo con tal de permanecer más tiempo cerca de ella y fijarse en la joven más de lo debido. Ahí, le daría todo lo que necesitaría y estaba dispuesto a dejarse llevar por ese sentimiento que sentía.
Más allá del solo deseo que ardía en su piel, lo que sentía hacia ella no se quedaba en una atracción sexual. Para nada, se acercaba a eso que podía llamarse una emoción recóndita y que ella había desnudado. Nunca había sido así, ni siquiera con su ex esposa, de la cual se había divorciado por problemas de infidelidad. La falta no fue de su parte, sino de ella, que lo encontró en la cama con un amigo suyo. Por supuesto, se sintió pésimo y un completo idiota por estar tan ciego todo ese tiempo y no darse cuenta de que ella lo engañaba con su mejor amigo. Desde entonces, se volvió más cerrado y no confiaba en las personas. Pero en la muchacha había recuperado una pequeña parte sin siquiera cruzar la línea aún.
Quizás ella era la solución al desgaste emocional que había tenido en el pasado y le iba a dar completamente las fuerzas que había perdido. Lo veía en su mirada, pero aún era demasiado pronto para asegurar las cosas. Sin embargo, le gustaba pensar que Hope era un ancla. Al fin podría averiguarlo.
Lo único que le preocupaba era cómo su hija podía tomarse las cosas, sabía que jamás Alicia iba a permitir que su padre estuviera con su amiga. Iba a ser todo un escándalo para ella y un golpe muy duro, pero pensar de esa forma era precipitarse a un hecho que ni siquiera había ocurrido. Pero él se aferraba a esa fiesta en la que vio a la muchacha por última vez, con ese hermoso vestido que la hacía ver de más edad y mucho más madura de lo que era en realidad, con todo ese pelo cayendo sobre sus hombros, el escote precioso en su pecho y sus ojos fijos en él. Es que esa noche él tampoco pudo quitarle los ojos de encima, y ella menos, pero ninguno se dijo nada salvo un cruce de palabras que se limitaron a un saludo inicial.
Para él no era ningún secreto que ella estaba interesada en él. Y aunque no se lo hubiera dicho nunca, él podía darse cuenta de eso en sus ojos, y era lo único que, además de su timidez absoluta, lo convencía de poder tener la oportunidad de estar con ella como había querido todo ese tiempo. Algo le decía que podrían compaginar bien, aun así, si tomaba el riesgo, dejaría en claro la situación. No quería un compromiso, no con el panorama indescifrable. Solo sabía que quería besarla, tocarla y sentirla de esa forma especial.
Ansiaba ser el dueño de su cuerpo.





