"Pase la tarjeta, por favor," dijo el director de la fundación, sonriendo servilmente a Ricardo.
Ricardo se la entregó con un gesto grandilocuente, como si fuera un rey.
La pasaron por el terminal.
Bip. Bip. Bip.
"Transacción rechazada."
La sonrisa del director se congeló. Ricardo frunció el ceño.
"¿Qué pasa? Pásala de nuevo. Esa máquina tuya debe ser una basura."
El director, nervioso, la pasó una segunda vez.
"Transacción rechazada."
Una tercera vez.
"Transacción rechazada."
El rostro de Ricardo se puso rojo. El murmullo empezó a crecer en la oficina. La gente que antes lo miraba con admiración ahora lo miraba con burla.
"¡Imposible! ¡Esta tarjeta no tiene límite! ¡Mi mujer es Isabela, la heredera de una fortuna cafetera!" gritó, perdiendo la compostura.
Mateo, su hijo, tiró de su manga.
"Papá, ¿qué pasa? Dijiste que me comprarías el puesto. ¡Paga ya!"
Leo, a mi lado, levantó la cabeza por primera vez.
"Mi papá no necesita comprar nada. Él se lo gana trabajando."
Ricardo nos fulminó con la mirada.
"¡Cállate, mocoso! ¡Tú y tu padre campesino no son nadie!"
Sacó su teléfono y marcó furioso.
"¡Isabela! ¿Qué demonios pasa con tu tarjeta? ¡Me está haciendo quedar en ridículo!"
Puso el teléfono en altavoz, seguro de que la autoridad de su "poderosa" amante resolvería todo.
La voz fría y autoritaria de mi esposa resonó en la oficina.
"Javier, ¿bloqueaste la tarjeta? ¿Te atreviste a bloquear mi tarjeta?"
No me estaba preguntando a mí. Estaba dando por hecho que yo era el culpable.
Ricardo me señaló con desprecio.
"¡No, mi amor! ¡Fue este don nadie! ¡El padre del otro niño! ¡Está aquí, tratando de causar problemas!"
Hubo un silencio en la línea. Luego, la voz de Isabela, aún más fría.
"Entendido. Te transferiré el dinero a tu cuenta ahora mismo. Paga en efectivo. Y pon a ese campesino en su lugar. Que aprenda quién manda."
La llamada se cortó.
Ricardo sonrió con suficiencia. El dinero llegó a su cuenta al instante.
"¿Ves? Un pequeño problema técnico. Ahora, ¿dónde estábamos?"
Pagó los 50,000 euros en efectivo. Luego se agachó frente a Leo.
"Escúchame bien, niño. El dinero lo compra todo. Y tú, lamentablemente, naciste en el lado equivocado."





