Kate, lo observó directamente a los ojos, luchando por hacer acopio de todas sus fuerzas para intentar menguar la tensión de su cuerpo.
—¿Una invitación?... ¿A dónde?, ¿Por qué motivo?
—Sí, una invitación, a donde podamos tomar un café, una copa de vino, o lo que usted desee. Porque me ha encantado con esa mirada y me gustaría conocer un poco más de usted. Si me lo permite, claro está.
—No sé cómo interpretar eso exactamente— lo miró a través de los ojos vueltos rendijas. ¿Había sentido él la misma atracción que ella? — además debo ir a casa de mi jefe.
—Una media hora no hará gran diferencia— le regaló una encantadora sonrisa que logró deslumbrarla aún más, dejando ver de cerca una encantadora hilera de blancos dientes. — además, prometo llevarla luego a donde desee ir.
—De acuerdo— concedió, sintiéndose incapaz de negarse a pasar unos momentos a solas con aquel enigmático hombre.
—Tengo un auto de alquiler, vamos por él y podremos marcharnos— una enorme sonrisa iluminó su rostro.
Unos veinte minutos más tardes entraban a una hermosa cafetería, resultaba un lugar agradable y encantador, con un ambiente cálido y personal muy amigable.
Alexei Di`Arcangelo, tomó asiento frente a la mujer, sus ojos la observaron detenidamente, No era un don juan, ni un mujeriego, aunque tampoco se podría decir que era un santo, claramente era un hombre común y corriente, como muchos, con un pasado amoroso, pero en la actualidad era un hombre soltero, sin ningún tipo de compromiso, estaba libre de poder tomar aquel café con esa encantadora mujer.
¿Sería su aura o energía?
No lo sabía, pero lo que si quedaba bastante claro era que lo atraía, le gustaba, sus ojos habían tenido un efecto inmediato en él, y un sentimiento cálido lo recorrió en cuanto estrecharon sus manos, no sabía qué era lo que lo empujaba a ella, pero estaba dispuesto a descubrirlo.
Kate, estaba sentada en la mesa del elegante café con el griego frente a ella, observándola como un halcón que mide su presa antes de lanzarse contra ella. Lo impresionante era el enorme contraste que resultaba entre sus ojos llenos de interés, picardía y algo de… deseo, y su sonrisa que parecía tierna y amable, aquella extraña mezcla estaba logrando que un cosquilleo estuviese presente en su espina dorsal.
—¿Y bien, señor Di`Arcangelo?, ¿en qué puedo ayudarle?
—No es mi intención que esto sea una cita de negocios, sino de placer, lo que quiero es conocerla— su respiración se agitó violentamente. << Placer>>, el griego quería darle placer, de ser así ella no podría negarse.
—Sea especifico, señor…
—Llamame Alexei, yo te llamaré Kate. Lo siento si soy abrumadoramente directo y sincero, considerando que acabamos de conocernos, pero… que encantadora mujer me resultas. Esos ojos parecen encerrar el mar egeo en ellos y son precisamente esos ojos los que me están llamando a sumergirme en sus profundidades. — ella lo miró fijamente y en silencio, batallando con la sensación de atracción tan fuerte que la empujaba hacia él. No entendía en lo absoluto esa reacción tan fuerte que aquel hombre le generaba. No era una adolescente hormonal, ni una virgen deslumbrada por su belleza, pero tenía esa sensación de que quería mirarlo por mucho tiempo y ser tomada por él entre sus brazos para perderse en la dulzura de su boca y la pasión que quisiera brindarle— y considerando que el mar Egeo es tan representativo para mí, es natural que quiera mirarla... Y que me mire.
—Señor…
—Alexei— la corrigió, mirándola directamente a los ojos.
—Alexei— concedió ella. — ¿Qué pretende?
—Solo quiero conocerte, acercarme a ti, de hecho quiero acercarme mucho— dijo con los ojos fijos en los femeninos labios—tanto como me permitas— dijo llanamente, como si hablase del clima. —¿ eres casada o tienes una relación?, No quisiera estar inmiscuyendome como un mal tercio
—Soy soltera— hace muy poco que recuperé mi libertad.
—Lamento informarle que eso me alegra. Si no hubiese terminado esa relación, estaría yo en una situación muy difícil.
—¿Me está tomado el pelo?, porque si es así no es agradable, le aseguro que el acuerdo será beneficioso para ambos y…
—Me ofende— dijo llevándose la mano al pecho— el contrato es lo que menos me importa en este momento, y créeme que no estoy sentado aquí intentando sobornarla.
—Entonces, no comprendo que es lo que desea realmente.
—A ti— dijo sonriente— te deseo a ti, no sé qué tienes, pero creo que me has hechizado — sonrió con picardía— me atraes como la luz a la polilla
—Alexei...— no sabía qué decir. ¿Ser sincera era una buena opción?, Considerando, claro, que acababa de conocerlo.
—No te abrumes, soy un caballero, así que sé llevar las cosas con calma— bebió de su café. —¿Alguna vez ha visitado Grecia — el abrupto cambio de tema la sorprendió, inmediatamente frunció el ceño.
—Yo... Eh, no, no he tenido la fortuna.
—Se pierde de mucho— dijo orgulloso — Grecia es un país maravilloso y no lo digo solo por ser mi país natal, seguramente quedarías prendada de su belleza— sonrió.
—Por lo poco que sé, efectivamente es un país encantador, aunque su idioma es bastante complicado— sonrió.
—Nada que no pueda manejarse, supongo que sí tiene un grado de dificultad, no lo sé — sonrió —creci con el idioma así que mi opinión no es del toda imparcial.
—¿Vive usted en la capital?
—Mi negocio principal está en Atenas— respondió asintiendo— aunque sueño viajar mucho a diferentes países.
—Eso ocurre cuando eres empresario y millonario, supongo— sonrió — Una vida muy difícil — dijo con ironía mientras sonreía y Alexei le devolvió la sonrisa.
—Ser empresario y tener dinero no me garantiza una buena vida y mucho menos la hace más simple, de hecho, creo que solo la complica— ella asintió entendiendo la profundidad de sus palabras. — podríamos hablar de mi en otra ocasión, lo que realmente deseo es saber más de ti
—No hay mucho que decir. Cómo ya lo sabe, soy abogada, hace poco inicie el ejercicio de mi carrera universitaria y estoy dando lo mejor de mi.
—Una chica justa— le dedicó una sonrisa.
—Eso intento, aunque es más complejo de lo que parece.
—¿Familia?
—Vivo con mis padres, no tengo hermanos, ni parientes muy cercanos. Una vida simple.
—Con los años he aprendido que nada es tan simple como parece. — sacó su teléfono móvil y se lo extendió — ¿Me darás tu número telefónico?, No quiero perder el contacto. — la miró con intensidad, ella tomó el aparato y registro el número, antes de devolverlo. — Gracias.
—Me gustas— dijo con sinceridad— me resultas demasiado atrayente y tus ojos parecen esconder algún misterio Alexei Di' Arcangelo. Quiero descubrirlo, así que espero realmente me llames.
—Lo haré— aseguró — creeme que lo haré, hermosa Kate. Es bueno saberse correspondido. De hecho, me encantaría invitarte a cenas esta noche.
—Estaría encantada de aceptar, sin embargo he quedado con mis amigas está noche. Pero mañana por la noche estoy libre— le sonrió.
—¿Cenamos mañana?
—Si— respondió ella con una sonrisa— pero ahora debo marcharme a casa de Edward.
—Prometí llevarte, así que es hora de irse.
Durante el trayecto a casa de Edward, el griego no paraba de hablar y halagarla, asegurándole lo ansioso que estaría por su próximo encuentro, a lo que Kate aseguró que ella también esperaría con ansias y que estaba segura de que la pasarían muy bien.
Alexei, detuvo el auto frente al elegante edificio.
—Hemos llegado— le dijo sonriendo.
—Gracias por traerme— dijo soltándose del cinturón de seguridad y girándose hacía él, quién ya la observaba.
—Ha sido todo un placer.— extendió la masculina mano y acarició su mejilla, la respiración de Kate se detuvo y presionó los dientes para contener— quiero besarte Kate Walker.
—¿Y qué te detiene?— respondió con respiración agitada. El griego sonrió y se inclinó hacia ella para reclamar sus labios en un beso.
Sus bocas se encontraron, sus labios danzaron juntos como si estuviesen conociéndose, explorándose, la masculina mano tomó un puñado de sus oscuros cabellos y profundizó el beso deslizando su lengua dentro de la femenina boca, Kate gimió intentando acercarse a él, todo lo que le permitía la posición de estar sentados frente al auto, se entregó a aquella exigente boca que reclamaba sus besos y ahogaba sus débiles gemidos.
Kate jamás hubiese podido imaginar que conocer a aquel encantador griego, sería su salvación y perdición, su felicidad y tristeza.
Aquel griego maravilloso había llegado para cambiarle la vida.





