Brett persiguió a Daniella, su voz convirtiéndose en un murmullo desesperado mientras la seguía hacia el ascensor; las puertas se cerraron, dejando a Elaine sola en el penthouse amplio y lujoso.
La maquillista llegó rápidamente con un pañuelo. "¡Señorita Mccray, está sangrando!".
Elaine le hizo un gesto con la mano para apartarla; luego caminó hacia el ventanal y tocó su mejilla, tiñendo sus dedos de rojo.
Sacó su celular, cuya pantalla seguía rota, pero al menos funcionaba; abrió su correo electrónico y envió su carta de renuncia directamente al correo personal de Brett.
En el asunto solo escribió una palabra: "Renuncia". El resto contenía un mensaje igual de contundente: "Renuncio".
Menos de un minuto después, apareció una notificación donde indicaba que acababan de leer el correo. Luego llegó otro mensaje automatizado de Recursos Humanos; su renuncia acababa de ser procesada, siendo hoy el último día en que se presentaría a trabajar en su empresa.
Seguramente Brett lo aprobó todo desde su celular, mientras se encontraba en el ascensor; fue increíble la facilidad con la que él la dejó ir.
La chica se quitó el vestido de seda, dejándolo tirado en el suelo, y volvió a ponerse su ropa sencilla.
Cuando terminó, fue a su oficina para empacar las últimas pertenencias que se llevaría consigo.
Aunque era sábado, el piso del departamento de diseño bullía de actividad; en el instante que entró, escuchó a los empleados cotilleando en voz baja a su alrededor.
"¡Es ella! La mujer a la que Brett abandonó".
"Escuché que Daniella se convertirá en la nueva vicepresidenta y ocupará la oficina de Elaine".
Elaine recordó todas las veces que ayudó a su novio, trabajado incontables noches para terminar sus propuestas, sacrificando sus propios proyectos por el bien de su sueño compartido; al final, todo su esfuerzo no significó nada.
Ignorando las miradas despectivas, la chica avanzó hacia su escritorio solo para descubrir que ya habían retirado su placa de identificación.
Mientras empacaba la última caja, abrió Instagram y lo primero que vio fue una nueva publicación de Daniella.
Era una foto donde aparecía su mano entrelazada con la de Brett. En la descripción decía: "Él dijo que lo nuestro comenzó como un juego, pero su corazón siempre supo la verdad".
En la muñeca de Brett podía apreciarse claramente un reloj Patek Philippe.
La mitad de sus colegas le dieron "me gusta" a su publicación; incluso Brett hizo lo mismo.
Por alguna razón, Elaine sintió una extraña calma; ya no quedaba esperanza que pudiera ser aplastada, permaneciendo solamente la fría y dura verdad.
Elaine llevó su caja al apartamento, el cual ahora se encontraba totalmente vacío. Se sentó en el suelo y comió un vaso de ramen instantáneo; Brett siempre decía que era "comida para pobres" y tiraba cualquier envase que llegara a encontrar en su alacena.
Cuando cayó la noche, se escuchó el sonido de alguien abriendo la puerta. Brett entró, envuelto en el hedor de whisky costoso y una sonrisa adornando su rostro; obviamente logró reconciliarse con Daniella.
Él tropezó con la maleta que estaba junto a la puerta, el pasaporte y el boleto de avión de Elaine salieron volando del interior.
Cuando el hombre los recogió, su sonrisa se convirtió en una mueca burlona que hizo más evidente su estado de ebriedad. "¿Planeas ir a Londres? ¿De verdad vas a huir solo por una discusión insignificante?".
La chica no respondió y simplemente siguió comiendo su ramen.
Brett se acercó y derribó la comida que ella tenía en las manos, provocando que el caldo caliente salpicara sus pantalones de mezclilla.
"Ya te había dicho que esto solo es un juego", dijo él, arrastrando ligeramente las palabras. "Necesitaba calmarla. Dame un mes. Es todo lo que necesito para encontrar una nueva manera de arruinarla. Te lo prometo".
Elaine lo miró con un rostro impasible antes de responder con una voz firme y clara: "Brett, lo nuestro ya terminó...".





