Bruce se levantó de la silla y caminó directo hacia Ivanka, el cuerpo alto y hermoso se detuvo frente a ella. La chica no podía hacer otra cosa que verlo fijamente a los ojos. Un dolor repentino se clavó en su corazón como una aguja: sentía que, desde el momento en que se conocieron, nunca había dejado de verlo de esa forma; pero él jamás le había correspondido a su afecto.
El hombre pasó junto a ella, golpeándola a propósito en el hombro con mucha fuerza. Ivanka sufrió un dolor insoportable en todo el brazo luego de esto, aun así caminó rápidamente tras él, siguiéndolo de cerca, preocupada de que se escapara. No había dado dos pasos cuando sintió un cosquilleo en su cuerpo y todo a su alrededor comenzó a difuminarse.
Estaba tan mareada que apenas podía sostenerse en pie, intentando no caer al suelo que daba vueltas bajo sus piernas.
Bruce, que iba adelante, abrió la puerta de la habitación y justo cuando estaba a punto de salir, alguien tras él gritó: "¡Se desmayó!". Se volteó para comprobar quién había sido, y vio a la mujer tirada en el suelo inconsciente. Un gesto preocupado pasó fugaz por su ceño fruncido, pero se transformó de inmediato en una sonrisa de suficiencia.
"Bruce, ¿qué hacemos?", le preguntó alguien.
Sin responder, caminó hacia el cuerpo desmayado de la chica y le pateó la cara suavemente con su zapato esperando una reacción. Luego soltó una carcajada: "No está actuando, realmente se desmayó".
Y de inmediato ordenó: "¡Enciendan la música! Pidan más bebidas y no le hagan caso. ¡Vamos a divertirnos!".
Todos quedaron sorprendidos, pero le hicieron caso: una música ensordecedora llenó la habitación otra vez como si nada hubiese pasado.
Un amigo cercano caminó hacia él y le preguntó preocupado: "¿Y qué hacemos con tu esposa?".
"¿Ella?", Bruce se burló sin remordimiento: "Sáquenla de aquí".
Poco después, Ivanka se despertó.
Todavía mareada y confundida, la chica abrió los ojos somnolientos, pero todo estaba demasiado oscuro para poder distinguir algo. Luchó por levantarse del suelo sosteniéndose de la pared y la luz automática del pasillo se encendió cegándola por un instante. Pudo identificar que estaba en las escaleras, aunque se sentía aún bastante desorientada. Le costaba respirar con normalidad por la debilidad de su cuerpo.
Su mente tampoco funcionaba bien, ya que se le cargaba la cabeza. Sí, había venido buscando a Bruce, pero... ¿qué hacía en las escaleras? ¿Dónde estaba él?
En un estado de completa confusión, abrió la puerta de enfrente y entró al pasillo para buscar la habitación donde debía estar. Estaba decidida a lograr que su esposo regresara a casa sin importar lo que tuviera que hacer.
Después de todo, ¡alguien los esperaba allá! Por eso debían regresar juntos ya; o de lo contrario, sería demasiado tarde.
Caminaba tambaleándose por el pasillo, revisando los números que se veían en las placas metálicas de las puertas. Tuvo que caminar un buen trecho hasta que finalmente dio con la indicada. ¡Era esta habitación! ¡La número 8859!
Sin pensarlo, empujó la puerta para abrirla. Quedó un instante sorprendida porque no había música alta ni personas en absoluto.
Al contrario, vio impotente una habitación completamente oscura, pero se negaba a aceptarlo en el estado embriagado que tenía. Fue en ese momento cuando su verdadera naturaleza, impulsada por el alcohol, se reveló al gritar con todas sus fuerzas: "¡Bruce! ¿Dónde estás? ¡Contéstame!", pero nadie respondió a sus gritos que retumbaron sobre las paredes.
"Bruce, te daré una sola oportunidad y contaré hasta tres. ¡Si no sales, te voy a romper el brazo!", la voz aguda y descontrolada de la mujer se perdía en los rincones oscuros.
La única luz en la habitación provenía de una lámpara cálida que dibujaba un círculo amarillo en la esquina. Bajo ella, se encendió fugazmente una leve llama cuando alguien dio una calada a un cigarro. ¡Parecía que sí estaba ahí después de todo! Con los ojos entrecerrados, tratando de identificarlo en el claroscuro de la habitación, Ivanka se acercó dando tumbos hacia la luz como una barca perdida que sigue un faro.
Bajo la lámpara, sentado en un sofá, había un hombre. El cigarro que fumaba hacía sombra sobre su rostro y le oscurecía las facciones. Tenía puesta una sencilla camisa blanca, aun en la oscuridad, se podía sentir el aura de nobleza que emanaba de su cuerpo masculino.
Cuando llegó hasta él y vio que la miraba fijamente sin decir una palabra, la mujer perdió por completo todo control. ¿Cómo era posible que siguiese visitando ese lugar para divertirse y hacer locuras? ¿Era incluso capaz de llamarse a sí mismo un hombre de verdad? ¡Se dio cuenta en ese momento de lo estúpida que era al quererlo durante tantos años a un imbécil como ese!
Sin perder ni un segundo, caminó hacia él, le agarró el cuello con sus manos y le gritó furiosa frente a su rostro: "¡Eres un idiota!".
Cuando vio a la mujer entrar por la puerta de la nada, Liam Xiao arrugó un poco su frente.
La observaba caminar hacia él con dificultad, de alguna manera le parecía que era una mujer madura pero joven al mismo tiempo. Tal vez era confuso, pero esa era la impresión que ella le estaba dando. Ahora, teniéndola cerca, la mirada perdida con la que entró se había convertido en una tormenta rebosante de furia.
A pesar de la oscuridad que le impedía detallar por completo el rostro, se fijó en los ojos brillantes como un mar infinito bajo las estrellas, vivos y refulgentes.
Se parecía a... Quedó aturdido por un momento, esos ojos le recordaron a los de otra persona en su memoria. Pero sabía que era imposible, no había forma de que pudiese ser la misma mujer. Después de todo, ella...
Interrumpió sus pensamientos al decirle en tono casual: "Señorita, me parece que me confunde por alguien más".
Mirándolo fijamente, ella respondió disgustada: "¡Maldita sea! Te conozco desde hace nueve años, jamás te confundiría con otra persona".
De su boca salía un fuerte hedor a alcohol, mientras que su cuerpo olía levemente a perfume Chanel: la mezcla de estos dos aromas le daban una fragancia única. Liam experimentó una inesperada sensación de familiaridad.
La miró, dio una calada a su cigarro y exhaló tranquilamente el humo. Agarró la mano que sostenía su cuello y la apartó en un solo movimiento.
Esto hizo que a Ivanka le doliera el corazón de nuevo, pero esta vez no fueron agujas las que lo atravesaron. Fueron dagas. Sabía que a Bruce no le gustaba que ella lo tocara, de hecho, no le gustaba nada de ella. Sus ojos ardieron cuando un torrente de llanto y rabia se le acumuló en el pecho, sacudió la mano de Liam diciendo: "No te gusta que te toque, ¿verdad?".
El hombre simplemente la miró sin dar respuesta, con la misma calma que había mantenido en todo momento.
De forma inesperada, Ivanka se acercó a él, sostuvo su rostro con ambas manos y le dio un beso desesperado. "¡Mientras más te niegas a que te toque, más ganas me dan de hacerlo! ¡Ahí lo tienes! Te besé. ¿Qué vas a hacer ahora al respecto?".
Tomado por sorpresa, Liam frunció el ceño e inmediatamente trató de apartarla. Pero ella se movió con rapidez y, sin que él pudiera hacer nada, se le sentó encima con las piernas abiertas y los brazos alrededor del cuello.
Los labios de ella tenían el aroma fuerte del alcohol mezclado con la inconfundible fragancia de una mujer joven. Aunque estaba siendo muy agresiva, no besaba bien.
Esto divertía a Liam, que dejó escapar una leve risa.
Ivanka se sintió humillada, más enojada que nunca, y se separó de él: "¡Deja de reírte!".
'Este gatita tiene mal genio', pensó el hombre, realmente era una copia exacta de la persona que había conocido y a quien le recordó por un momento. No le gustaba que las mujeres lo tocaran, pero como Ivanka parecía ser un caso especial, le surgió de repente la necesidad de jugar un rato con esta gatita que parecía no temer darle un beso a un tigre.
Extendió la mano y le pellizcó suavemente la barbilla, mientras le susurraba al oído con un tono grave y seductor: "Así no es cómo se besa".
Ivanka estaba muy confundida, aun así le preguntó sin entender: "¿Puedes enseñarme cómo se hace?".
Liam se inclinó más cerca de ella y suavemente rozó su dedo contra los labios de Ivanka, como si los dibujara. Vio en los ojos de la mujer cómo se anticipaba el deseo. Los labios rojos y jugosos como cerezas le parecían el más exquisito postre que había visto. Los ojos brillantes de Liam se oscurecieron de repente cuando acercó su boca y, finalmente, le dio un beso profundo y apasionado.





