Debía haber desaparecido de inmediato, pero retuve todo lo que pude mi partida. El repentino asesinato de mi hermano, hizo que de alguna manera quisiese despedirme y me aferre a todos los recuerdos que pude.
Tenía que permanecer en las sombras, sigilosa, con pasos tan delicados como una pluma y tan serena como la noche. Subí entonces por la balaustrada del oscuro balcón de los Rudolf, y quedé de pie frente a la ventana de Wada, cubierta completamente por cortinas.
Se alcanzaba a escuchar nuestra canción y me sentí abatida.
No sabía lo que estaba pasando dentro de esa recamara, dentro de su mente, pero ella si estaba lista para desistir, darse por vencida, también quería escapar de la realidadpero de una vez por todas. Este mundo no era para ella, no era para nosotras pero yo no fui capaz de llegar tan lejos.
Cerró la puerta pero no puso seguro como siempre, tomó en sus manos esa nota suicida que había escrito meses antes y le agregó un final, mi falsa muerte había acabado con su razón de vivir y usó ese pretexto para hacerte daño nuevamente.
Llenó la tina hasta desbordarse y se metió dentro, aun con la ropa puesta. Sacó esas navajas de rasurar que guardabas en el último cajón de las gavetas y se cortó por última vez, entre quejidos dolorosos. Temblaba. Luego agarró el pequeño frascos de medicamentos de dudosa procedencia que le compró a aquel traficante, se las tomó todas y cerrótus ojos esperando no volver a despertar.
Pensó que sería rápido pero no fue así, entonces Ronnie vino a avisarle que la cena estaba lista y ella no respondió, él entró buscarla y le vio ensangrentada en la bañadera, apenas perdiendo el conocimiento. Estaba asustado, traumado y confundido, y fue en busca de su madre.
Yo no tenía conocimiento de lo que estaba pasando hasta que vi aquella ambulancia llevándola. Tenía que esconderme y me metí a su cuarto invadiendo su privacidad, me aterre pensando que moriría, vinieron a mícada memoria y secreto confesado en esa habitación.
Y fue cuando vi sobre las gavetas aquella carta, conservaba su colonia y la tinta fresca había sido corrida por una lágrima. Cuando me repuse la leí.
Entonces sentí su dolor, entendí el esfuerzo tan grande que hacía cada día.
¿Cómo podía llevar esa mascara? ¿Cómo no vi las señales? ¿Cómo no me di cuenta?
A través de esa carta conocí a Wada.
Mi falsa muerte había sido el detonante de todo lo que había acumulado y me percaté de que fui una mal amiga.
Siempre estuvo escuchando mis problemas, tan incondicional, los celos con Ethan, claro que estaba enamorada de mí. Claro que le afectaría muchísimo mi muerte, más cuando desaparecí ante sus ojos.
Apreté la nota contra mi pecho y cuando el vecindario estuvo nuevamente vacío me marché.
Su secreto se había ido conmigo a la tumba porque a fin de cuentas, estoy muerta.
De un momento a otro me rompí en mil pedazos y las lágrimas brotaban a mares de mis ojos, solo necesitaba escuchar que estaba bien, pero no había manera, ni siquiera con este disfraz de mendiga.





