Un flamante auto negro se acercó. Se trataba de un Rolls-Royce de edición limitada, que se detuvo frente a la entrada del edificio de QL Group.
Los cuatro guardaespaldas, quienes manejaban autos deportivos, se bajaron de inmediato y se dirigieron hacia el auto. Mientras uno abría la puerta, el resto se posicionaba para recibir a la persona que se encontraba dentro del coche.
Un hombre alto y delgado salió del lujoso auto, y todos se volvieron para mirarlo. Vestía un caro traje negro, hecho a medida, y zapatos de cuero oscuro.
Las mujeres contemplaban su hermoso rostro, pero solo había frialdad en los ojos del joven. Aunque su expresión era serena, había algo en la forma que contemplaba a las personas a su alrededor que hacía reprimir la idea de hablarle.
Su nombre era Darren Leng. Con tan solo treinta y dos años, ya lo trataban como una de las leyendas del mundo empresarial. Bajo su dirección, QL Group no solo se había expandido, sino que también se había convertido en uno de los consorcios comerciales más ricos, grandes y poderosos de Asia, con sucursales en todo el mundo. A pesar de que varias veces sus competidores habían intentado debilitar a la empresa, bajo la dirección de Darren nadie lo había conseguido.
"Es guapísimo", le susurró una de las mujeres a su amiga.
"Es el Director Ejecutivo de QL Group. Daría mi vida por convertirme en su novia, lo juro".
"Bueno, yo daría mi vida por pasar tan solo un día con él; o, incluso, una hora".
En los alrededores, las mujeres sonreían y murmuraban entre sí, tratando de llamar la atención del apuesto y joven empresario.
Desde el momento en que Darren había aparecido, casi todas las mujeres en las inmediaciones quedaron deslumbradas por él.
Solo había avanzado unos cuantos pasos cuando alguien corrió en su dirección. Era un hombre de mediana edad vestido con ropas raídas que se paró frente a él, bloqueándole el paso.
"Señor Leng, por favor, no compre mi empresa. Se lo ruego, por favor, no lo haga. Es el trabajo de mi vida. Es todo lo que tengo". Acto seguido, el hombre se arrodilló en el suelo.
No obstante, la expresión de Darren era dura e impasible, y con frialdad le dijo: "Solo los fuertes sobreviven. Es la ley de la supervivencia".
La ira se hizo paso en el rostro del hombre y, de repente, sacó un cuchillo de su capa. Los espectadores soltaron un grito ahogado; una mujer incluso chilló. Darren, no obstante, ni se movió. En su lugar, miró con calma al hombre. Este último agitó el cuchillo frenéticamente hacia él y gritó: "¡Ya que no cambiará de opinión, no tengo más remedio que matarlo!".
El hombre vaciló un instante y luego se lanzó hacia adelante. Con un paso al costado, Darren esquivó fácilmente el ataque. En cuestión de segundos, los guardaespaldas redujeron al desaliñado hombre, quien opuso una feroz resistencia.
"¡Es un desalmado! Puede que yo haya fallado, ¡pero algún día alguien le hará pagar por las cosas que ha hecho!".
Uno de los guardaespaldas habló: "Señor Leng, ¿deberíamos deshacernos de él?".
"Déjalo ir", respondió Darren con voz monótona. La respuesta sorprendió a todos.
"Señor, este hombre casi le hace daño".
Darren lo miró con desdén. "Está en camino a la bancarrota, y su familia, a la ruina".
Ante la mención de su familia, el hombre aumentó el forcejeo y vociferó: "¡No lastime a mi familia, monstruo!".
Sin embargo, Darren ya se estaba alejando.
Tan pronto como hubo desaparecido, los guardaespaldas soltaron al hombre. Sin embargo, se quedaron con el cuchillo. Solo y jadeante, sintió una punzada de arrepentimiento. No debería haber ido allí en primer lugar, pero ya no había nada que pudiera hacer al respecto.
Mientras tanto, Eliana se encontraba en un taxi, en camino a MH Club. Al llegar, sus ojos se abrieron de asombro ante el espacioso y lujoso establecimiento, con sus techos altos, luces brillantes y con gruesas alfombras. No era de extrañar que fuera el club favorito de la clase alta en T City.
Muchas de las personas presentes en el club llevaban atuendos impecables. Se veían deslumbrantes. En la pista principal, un DJ tocaba música fuerte y moderna. A pesar de sentirse un poco cohibida, Eliana mantuvo la cabeza alta, decidida a no dejar que alguien se diera cuenta de que era sapo de otro pozo. Cuando el DJ subió aún más el volumen, ocultó una mueca de dolor. A su vez, se preguntó si sus tímpanos podrían recuperarse algún día.
Un par de hombres la abordaron en su camino hacia el bar y la invitaron a bailar, pero ella negó con la cabeza, con una sonrisa amistosa en su rostro. Tan pronto como llegó cerca del barman, le dijo: "Hola, estoy buscando a Marcus, ¿está aquí?".
El barman la miró. Era una mujer muy hermosa y se preguntó cómo Marcus había atraído la atención de alguien así. Asintió con la cabeza y respondió: "Espere un momento, por favor".





