El Destino de la Luna Rechazada

Punto de vista de Darren:

Yo era el siguiente en la fila de sucesión para convertirme en el Alfa de nuestra manada, para lo cual tan solo faltaba un día. Había quienes pensaban que yo no estaba calificado, pero definitivamente lo haría mucho mejor que mi padre, ya que, planeaba liderar la manada con orgullo y hacernos más fuertes. Además, también pretendía ganarme los corazones de muchas lobas. Actualmente, no me encontraba solo en mi habitación.

Estaba teniendo sexo con una loba, cuyo nombre ni siquiera era capaz de recordar. Pero, ¿qué importaban los nombres cuando eran nuestros cuerpos los que hablaban? Mi posición favorita para hacerlo era al estilo perrito, el cual parecía más acorde con el hecho de que éramos hombres lobo. De un momento a otro, metí mi pene entero en la loba, deleitándome con el calor húmedo que lo envolvía. Al instante, sus uñas se clavaron en mis hombros, eso dolía un poco, pero el dolor se sumaba al placer.

"¡Ah, sí! ¡Darren! ¡Así, bebé! ¡Dame duro!", pidió ella.

"¡Te dije que no hablaras!", le grité. Odiaba que mis compañeras de cama me hablaran.

Era vergonzoso admitirlo, pero yo tenía una extraña adicción. Cada vez que quería llegar al clímax durante el sexo, tenía que imaginar que era Yvette quien estaba debajo de mí y no otra loba. De no hacerlo así, me habría quedado flácido en cuestión de segundos. Esa era mi debilidad más fatal. Después de todo, Yvette no era más que una sirvienta.

Yo, el futuro Alfa de Slaughter Pack, la cual era conocida por sus linajes puros, dependía de una sirvienta para mantenerse erecto. Tal hecho hacía que pareciera que ella era una especie de medicina en la sociedad humana: Viagra. Sí, era eso, Yvette era mi Viagra.

Mientras la imaginara a ella debajo de mí, mi pene se endurecería como el hierro. Siete meses atrás, cumplí dieciocho años, fue entonces cuando me di cuenta de que Yvette era mi pareja predestinada. Ella tan solo tenía diecisiete años en ese momento, así que, seguía siendo menor de edad. Por lo tanto, yo no podía tener sexo con ella, no solo porque era menor de edad, sino también porque era una esclava.

Cuando nos dimos cuenta de que ella era mi pareja, mi lobo, Isaac, se emocionó mucho. Sin embargo, yo no me sentí de la misma manera. No podía entender por qué la gran Diosa de la Luna me emparejaría con una mujer tan miserable como ella. Quería rechazar nuestro emparejamiento, pero Isaac se peleó conmigo por ello.

Cada vez que llevaba una loba a mi habitación o a mi oficina para tener sexo, mi lobo y yo discutíamos mentalmente. Él estaba convencido de que Yvette era nuestra pareja de por vida, pero yo ya había decidido rechazarla. Entonces, en ese momento, estaba pensando en ella y, dado que Isaac y yo estábamos conectados, no pude evitar admirar su belleza junto con él. Pero el atractivo de esa sirvienta era un hecho evidente, pues, tenía el cabello largo y castaño, ojos azules, labios color melocotón, una hermosa sonrisa y un cuerpo provocativo. Pese a que era delgada, su desarrollo físico no se vio afectado en absoluto. Además, sus pechos tampoco eran pequeños. Al pensar en su cuerpo sexy, mi pene se hinchó y me descontrolé por completo.

Mis caderas se aceleraron en ese instante, y mi pene entraba y salía de la vagina de la loba.

En mi habitación no había otro sonido más que el golpe de mis caderas contra el trasero de ella. Ese era el mayor regalo de la Diosa de la Naturaleza.

De repente, gemí cuando llegué a mi clímax.

"¡Espera!", exclamó la loba. Ella había sentido que yo estaba a punto de tener un orgasmo, pero ya era demasiado tarde. Saqué mi pene, le di la vuelta rápidamente y me corrí por todo su abdomen y pechos.

"¡Yo no he acabado aún!", protestó, mientras me desplomaba encima de ella.

Después, nos quedamos quietos durante un largo rato.

"Bebé, no te detengas. Todavía no he acabado", se quejó ella.

Yo me quedé callado porque estaba un poco avergonzado. Nuestro encuentro sexual fue como un espectáculo de fuegos artificiales. Hubo un montón de chispas, y me sentí un poco decepcionado de que todo hubiera terminado.

"Qué mal. Sal de mi oficina ahora", le dije, en tono de disculpa.

"¡Eres un bastardo!", gritó ella y, luego, se marchó. Para ser muy sincero, no me importaba en absoluto si las chicas con las cuales me acostaba llegaban al clímax o no. No obstante, si un Alfa era capaz de dar a sus compañeras de cama múltiples orgasmos, y las dejaba el cuerpo entero tembloroso, era un impulso para su confianza en sí mismos.

Por otro lado, el día siguiente era el cumpleaños de Yvette, y yo estaba listo para ver si ella realmente era mi pareja predestinada. Mi plan era rechazarla, y hacerlo frente a toda la manada. Aun así, me preocupaba un poco el hecho de no poder tener una erección en el futuro. Si realmente no pudiera levantar mi pene después de rechazarla, sería una tragedia para Slaughter Pack.

"¡No rechaces a nuestra pareja! ¿Qué sucede contigo? ¿Estás completamente loco?", gruñó mi lobo en mi mente.

"¡Cállate, Isaac! Mi pareja no puede ser una debilucha como ella. Aunque su cuerpo sea muy tentador, ¡no está calificada para ser mi pareja!", le grité, sin querer retractarme.

"Si llegas a lastimarla, te vas a arrepentir. ¡Jamás te dejaré en paz!", amenazó él.

"Cálmate de una vez por todas. Tendremos otra pareja, la Diosa de la Luna nos otorgará una segunda oportunidad", le dije, en un intento por tranquilizarlo.

"Yvette tiene un enorme potencial. Tú sabes muy bien que ella es una rareza en nuestro clan", argumentó él.

"No quiero seguir discutiendo contigo. Yo soy el Alfa. Si la Diosa de la Luna es realmente sabia, debería haber sabido que necesito una Luna poderosa. Así que, ella nos dará una segunda pareja, una mejor", señalé.

"¿Acaso alguna loba te succionó el cerebro a través del pene, Darren?", cuestionó él.

"Deja de discutir conmigo, Isaac. Yo soy el Alfa", finalicé.

Pese a ello, Isaac continuó reprendiéndome, así que lo aparté de mis pensamientos.

Me levanté y fui directo a refrescarme en mi ducha privada. Así es, mi oficina tenía una ducha privada para mayor comodidad. Una vez allí, dejé que el agua caliente salpicara mi cuerpo entero. Había estado con demasiadas lobas, pero ninguna de ellas era mi Luna, la loba con la que estaba destinada a estar. Mi Luna sería la persona a quien yo amara con todo mi ser, y esa no podía ser Yvette.

"Yvette sí es nuestra Luna", argumentó Isaac.

Sabía exactamente lo que estaba haciendo, sin embargo, lo que dijo Isaac era cierto. Pues, la verdad era que la Diosa de la Luna rara vez otorgaba segundas oportunidades. Me puse los calzoncillos, un par de pantalones cortos y salí a mi oficina. El lugar estaba hecho un desastre y apestaba a la loba con la que tuve relaciones. ¿Estaba siendo un doble cara al decir eso? Podría ser. Todo lo que antes fue aceptable parecía insoportable cuando ya había tenido un orgasmo. Entonces, le pedí a alguien que llamara a Yvette a mi oficina, ya que, la necesitaba para limpiar el hedor que había dejado la loba. No podía siquiera imaginar vincularme a esa sirvienta porque ella no tenía un lobo, e incluso si tenía uno, ella no era miembro de mi manada, por lo que era poco probable que existiera una conexión espiritual entre nosotros.

Unos minutos más tarde, Yvette entró a la oficina con materiales de limpieza y un balde. Estaba usando una camiseta vieja que le quedaba demasiado grande, también llevaba un par de pantalones descoloridos. Aquel era su atuendo de todos los días, pero sus pantalones se pegaban a sus bonitas nalgas redondas y eso me hacía inclinarme inconscientemente para verlas mejor. Su cabello estaba recogido en una cola alta, dejando al descubierto su delgado cuello. Al instante, negué con la cabeza para aclarar mi mente, en realidad, sabía que esos pensamientos le pertenecían a Isaac.

La verdad era que yo odiaba sentirme atraído por ella, dado que, ella no era más que una sirvienta sucia. Por ello, como el Alfa, no quería estar conectado con ella.

De inmediato, ella limpió el lugar donde tuve relaciones sexuales con la loba, y reemplazó el cojín del sofá que había sido empapado en fluidos corporales.

Así, noté que sus movimientos eran apresurados, por lo que me reí entre dientes. Torturar personas era divertido pero, por alguna razón, mi corazón se sentía como si estuviera siendo retorcido.

"¡Apresúrate!", le exigí. Quería que ella estuviera fuera de mi vista de una vez por todas, dado que, mi atracción por ella me enloquecía. Ella cumpliría dieciocho años en menos de veinticuatro horas, debido a eso, yo tenía un sentimiento más fuerte de que ella era realmente mi pareja predestinada.

"Tranquilízate. Ya casi termino, bastardo", murmuró ella, mientras se levantaba y se volteaba para alejarse. Ya todo estaba completamente limpio.

"¿Qué fue lo que me dijiste?", gruñí, tomándola del brazo con fuerza, y obligándola a mirarme. Luego, la agarré por los hombros y la acerqué más a mí. Así, la miré fijamente a los ojos. La mayoría de las lobas solían temblar y estremecerse cuando yo hacía eso, pero ella ni se inmutó. Eso se debía a que ella no era parte de la manada, por ello, no pude hacer que se rindiera ante mí. En lugar de eso, ella me devolvió la mirada con sus hermosos ojos azules. En ese instante, me encontré perdiéndome en ellos. Luego, mi mirada se posó en sus labios, tenía muchas ganas de besarla. Aunque acababa de tener relaciones sexuales, mi cuerpo comenzó a reaccionar al de ella. De inmediato, me sentí avergonzado por mis pensamientos. 'Ella es tan solo una sirvienta miserable', me dije, pero un instinto me llevó al borde de perder el control.

"¡Vete a la mierda!", gritó ella, y se liberó de mi agarre. Tal rechazo tan directo hirió totalmente mis sentimientos, sin embargo, no dejé que mi decepción se hiciera evidente, y la observé mientras se alejaba.

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