El Deseo De Amarte

-Pues que te digo hija, para mi era el hombre más hermoso, su cabello dorado que brillaba más, cuando el sol le tocaba, su piel blanca como la harina, sus ojos almendrados y claros como la miel, su boca pequeña, de labios rojos, todo el era hermoso, hasta hora no he conocido a otro más lindo que tu padre y toda tu te pareces a él, exacto que tus ojos son un poco más rasgados, pero igual grandes de color miel.-Contestó Daya un poco sonrojada.

-Me quedo perfectamente claro mamá, Ojalá y a papá no le haya pasado nada malo.-Respondió Aymara, y Daya solo asintió mirando hacia otro lado.

Llegó la fría noche de la selva Amazónica, los grillos y chicharras se escuchaban desde afuera, el cielo inmenso sobre su techo, se pobló de estrellas relucientes que adornaban el hermoso cielo junto con la luna. Aymara las contemplaba desde una pequeña fisura en su ventana mientras estaba recostada en su lecho. Su madre se hallaba durmiendo a su lado, roncaba fuertemente por la fatigada conversación que habían tenido, sin embargo, esto no le impidió a Aymara para también ella poder descansar.

-Hola mamá, ¡buenos días!, ¿Por qué estás levantara tan temprano, acaso ¿trabajarás hoy?.-Preguntó Aymara, al saber que era día de descanso.

-Si, hija, recuerda que ayer me dieron el día y lo usé para estar contigo, por tus 18 años. ¡Ah! Y se me había olvidado decirte, toma estas flores, para que te distraigas con ellas arreglando la casa.-Dijo Daya, mientras salía de la casa.

El trabajo de Daya, consiste en ser ama doméstica en casa del Jefe de la tribu Patchua, llamado Devak Misak. Allí lleva trabajando desde la edad de 15 años, gracias a la señora Asiri, madre del jefe Devak, quien la acepto estando en embarazo de Aymara y del paso le enseño a leer y a escribir. A pesar de la cercanía que hay entre el jefe y Daya, Devak no tiene idea de la existencia de Aymara, ni él, ni nadie de la tribu.

-¡Gracias mamá!, ve tranquila, aquí estaré bien, no te preocupes, Ojalá puedas traer también más jarrones de diferentes tamaños y colores, para la próxima.-Contestó Aymara mientras apreciaba las flores.

-Esta bien, trataré de traerte de a poco, mientras pueda. ¡Anché!, ¡te amo!, ¡compórtate bien!-dijo su mamá Daya, mientras salía de la casa para ir hacia el jefe Devak.

Usaban la palabra "Anché", para despedirse durante un corto tiempo. Teniendo la esperanza de volver a verse pronto.

Devak Misak

-¡Buenos días!, ¿el jefe Devak ya despertó ?-Preguntó Daya al trabajador Yasid que escoltaba la entrada de la gran maloca, casa del Jefe.

-¡Buenos días Daya!. Si, ya despertó, se encuentra perfumado y como de costumbre sentado en su biblioteca, más vale que te apures, ha de tener hambre.-Contestó Yasid, con una sonrisa sarcástica.

Daya ingreso a la cocina, y se apresuró en alistar el desayuno. Daya amasó la masa de maíz con agua y sal para formar una masa blanda y hacer las arepas, luego paso a asarlas en el fogón de leña que ya tenia previamente encendido. Saco un par de huevos, los puso a freír solo al punto de dejar la yema blanda y al poco tiempo, ya estaba el desayuno listo.

-Mi señor, buenos días. Ya puede venir a la mesa, su desayuno caliente-Dijo Daya un poco nerviosa desde la entrada de la biblioteca.

-Que tiene de "buenos Daya", por poco y no vienes hoy, y eso que te tomaste el día de ayer. ¿ qué te pasó?.-Preguntó mientras leía las noticias del día.

-Si, tiene razón, tuve un pequeño imprevistos el camino. Discúlpeme mi señor, trataré de que no vuelva a pasar- Contestó Daya empuñando sus dos manos con la mirada hacia el piso.

-Eso, espero- Dijo levantándose de su silla para dirigirse a la mesa a desayunar.

El Jefe Devak Misak, hijo único. Es un joven de 22 años de edad, al que su padre Tupaq Misak, le paso el poder de dirigir la tribu Patchua al cumplir 18 años a causa de su avanzada de edad de 85 años, pasó su poder como legalmente está establecido en la tribu, teniendo en cuenta a su primogénito.

Devak Misak, es un hombre respetable por su condición, su temperamento es fuerte, es egocentrista y prepotente, detesta la impuntualidad y prefiere mantener las cosas a la perfección. Disfruta la lectura, la pulcritud en todos los sentidos, un buen clima y cabalgar a caballo y de una que otras veces practicar combate con sus criados.

-¡Daya!-Grito Devak desde la mesa.

-Dígame señor, ¿Que pasa?.-Contestó Daya al llegar apresurada a la mesa.

-¿Qué pasó?, la yema del huevo, no te quedó al punto en que me gusta y además no le echaste sal.

-¿Si?, que raro mi señor, pensé que le había echado-Dijo Daya mientras tomaba el salero que estaba a pocos centímetros al alcance de Devak y le rocío un poco añadiendo: ¿prefiere que se lo caliente un poco más?

-No, ya deja así, necesito desayunar pronto, mi reunión con los exportadores empieza a las 9. A propósito para esa hora, acuérdate de tener listo café bien caliente para mis invitados, no se te ocurra ofrecerles chicha, es una reunión, no es una fiesta y al que te pida se le negara, no estoy para soportar borrachos y menos en mi casa.

-Entendido señor, no se preocupe, lo tendré en cuenta.-Contestó Daya retirándose del lugar para terminar sus tareas en la cocina y luego poder atender al señor Tupaq que se encontraba en su habitación.

Se hicieron las 9 de la mañana, y todos los exportadores de la tribu, estaban en la reunión del líder Devak. Mensualmente debían rendirle cuentas del pago de impuestos, y eso nada más teniendo en cuenta a los que exportaban pescado.

Daya dispuso a cada uno un pocillo de café caliente con la mitad de pan sin levadura, nada mejor para una buena reunión de negocios.

-Señora Daya, ¡disculpe!, ¿tendrá chicha disponible?.-Preguntó uno que estaba en la reunión. Devak miró de reojo a Daya para ver que contestaba.

-No señor, lamento decirle que aun no hemos producido en esta semana, discúlpeme-Contestó Daya sintiéndose un poco intimidada por Devak.

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