El desastre de Merary

Esto es el colmo ¿es que acaso los dioses hoy están enojados?

Primero la lluvia, luego el sismo, el huracán no tarda en tocar tierra y para acabar pronto, una alerta de tsunami.

Creo que los dioses se reunieron a jugar “quién los mata primero”.

Mi abuela volvió a llamar para saber por qué tardábamos tanto, avisó que estaba en el refugio de su comunidad para que fuéramos a buscarla allí.

Le explicamos que debido a la fuerte lluvia no podemos avanzar muy rápido, no sólo éramos nosotros los que buscábamos salir de la ciudad, después del anuncio del posible tsunami, todos comenzaron a conducir hacia la carretera, con la intención de alejarse lo más que se pudiera.

Con mucha paciencia, siguió conduciendo 10 minutos más hasta llegar al refugio donde se encontraba mi abuela.

—¿Tita estás bien? — pregunté con preocupación, ella es la mejor abuela del mundo, mi amiga, consejera y cómplice. Le digo Tita de cariño en lugar de decirle abuela.

—Tranquila mi vida, aún tendrás Tita para muchas aventuras más, tú sabes de que hablo.

Y claro que sé de qué habla, es la única que sabe mi secreto y lo entiende.

Quisiera que viviera con nosotros para poder contarle todas las cosas con lujo de detalle, pero se niega a salir de su casa, bueno lo hacía, ahora que se quedó sin casa supongo que no tendrá más opción que irse con nosotros. Y yo estoy fascinada con la idea.

Amo muchísimo a mis papás, pero ellos jamás entenderían, cosa que mi Tita hermosa sí. Es por eso que cada vez que hablábamos por teléfono le pedía que viviera conmigo y se negaba diciendo que su hogar era donde estuvo con su amado esposo y donde crecieron sus hijos, pues ahí estaban los recuerdos de toda una vida.

—Mamá que bueno que estás bien — la abrazó mi papá.

—Aurelia estoy felíz de encontrarte bien — también la abrazó mamá con lágrimas en los ojos.

Mi mamá quedó huérfana desde muy pequeña, pues su mamá murió cuando tenía 1 año, solo tenía un hermano mayor que fue quien la cuidó, pero desafortunadamente falleció hace algunos años.

Como mis papás eran vecinos, fueron novios desde muy jóvenes, mi abuelita sabía muy bien su historia, así que la adoptó como una hija más. Siempre le decía que aunque no terminará casada con su hijo, ella siempre sería una hija más y mi mamá la adora. La ve como la madre que nunca tuvo.

—No llores que te ves fea, yo estoy bien así que vámonos de aquí, el encargado del refugio tiene un radio y escuchamos sobre la alerta de tsunami, sé que debemos alejarnos lo más que se pueda, aún estamos cerca del mar.

—Así es Tita, si tienes algo que debas llevarte dímelo y lo buscaré para poder irnos.

—Solo logré sacar un álbum de fotos porque lo estaba viendo cuando empezó el sismo — respondió con tristeza.

—Ya se cual es, iré a buscarlo, ustedes vayan subiendo a Tita al coche.

Sabía muy bien de qué álbum se trataba, era el que siempre veía cuando iba de vista a su casa, me contaba historias sobre sus hermanos y su mamá. También me mostraba a mis papás de jóvenes, incluso guarda una foto de mi madre cuando tenía 5 años.

Al subir al coche, abracé a mi Tita y dije en un susurro para que solo ella escuchara —Los dioses están jugando a ver quién nos mata primero.

—¿Quién crees que va ganando? — contestó sonriendo.

—Al parecer el viejo del tsunami, aún no manda su carta fuerte y ya nos tiene con terror.

—También creo que él va ganando. —susurró en respuesta.

Nos reímos por nuestra pequeña conversación en medio de todo el caos. Siempre es así, cuando platicamos se nos olvida el resto del mundo y sólo somos ella y yo. No sé qué haré el día que me falte.

—¿Te imaginas que con las ráfagas de viento empiecen a volar vacas? Ahora si ganaría la apuesta que tenemos.

—Sería muy chistoso, y sobre la apuesta, no sería válido porque yo te dije que te regalaría una motocicleta cuando las vacas volaran y técnicamente no estarían volando porque no tiene alas, así que seguirás esperando — se burló de mí.

—¿Qué tanto secretean ustedes dos allá atrás? — preguntó sonriendo mi papá, le gusta mucho ver sonreír a Tita.

—Nada hijo, solo decimos que sería muy chistoso ver volar vacas cuando el Huracán toque tierra.

—¡Mamá! Eso no sería para nada chistoso — la reprendió un poco serio.

—¡Ay amargado! Tomate un té — mi Tita ero lo máximo a la hora de dar respuesta a mi papá.

—No se como voy a poder soportarlas a ustedes juntas.

—No nos veas y ya, desgastas nuestra belleza — dijo dándose toquecitos en el rostro y yo solo solté una carcajada.

—Merary, no te burles, no creas que tu Tita te va a salvar de un castigo por burlarte de tu padre.

—Y a ti nadie te va a salvar de los puños que te voy a dar si castiga a mi nieta. ¡He dicho!

—Gracias Tita ya sabia yo que tú eres la única que me quiere — me limpié una lágrima inexistente.

—Ya van a empezar de dramáticas, solo ustedes se soportan — reprochó mi papá, aunque estoy segura que por dentro está feliz de ver a Tita tan bien de salud después de ver el colapso de su casa.

—Entre bellezas es muy fácil llevarnos bien, pero es algo que tú jamás sabrás ¡feo! — en serio amo las ocurrencias de Tita.

—¿No les gustaría descansar un poco mientras estamos de camino? — habló mi mamá.

—Yo no tengo sueño a pesar de la hora que es, creo que todo este caos me mantiene lúcida — le respondí sinceramente.

—Yo estoy igual, así que seguiré platicando con mi nieta, ustedes platiquen de cosas aburridas, nosotras mientras acá seguimos divirtiéndonos.

—¡Ay Aurelia! No cambias — mi mamá ama verla tan jovial y llena de vida.

—Jamás querida, jamás, primero muerta antes que ser una anciana aburrida.

—Bueno continúa con tu divertida conversación, yo encenderé el radio para saber como siguen las cosas.

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