Durante los últimos tres años, a pesar de que Sabrina y Tyrone no habían reconocido públicamente su matrimonio, vivieron juntos como una pareja casada normal.
Cada mañana, la joven escogía cuidadosamente el traje y la corbata para su esposo, después de lo cual se embarcaban en su viaje compartido al trabajo.
Por la noche, durante sus reuniones de negocios, Tyrone se tomaba un tiempo para llamarla y contarle los acontecimientos del día.
Todas las noches encontraban consuelo en los brazos del otro. A veces compartían las duchas y siempre, antes de dormirse, se daban un tierno beso.
En ocasiones especiales, como su aniversario de bodas, el día de San Valentín y el cumpleaños de la chica, el hombre le llevaba obsequios.
Tyrone siempre estaba ansioso por satisfacer los deseos de Sabrina, independientemente de cuáles fueran.
Era un hombre muy romántico que cumplía con todos los deberes que se esperaban de un cónyuge ideal.
Debido a eso, Sabrina fue arrastrada por esa alegre ola, y estaba convencida de que sus días siempre estarían llenos de dicha y felicidad.
Pero entonces, Galilea apareció...
Con eso, Sabrina pudo sentir el inminente final de su feliz matrimonio.
¿Fue la voz de Galilea la que escuchó por teléfono el día anterior?
¿La susodicha y Tyrone habían pasado juntos un mes entero, cuando supuestamente él estaba en un viaje de negocios?
¿Regresaron al país juntos?
¿El hombre pasó la noche anterior con ella?
Mientras esos pensamientos daban vueltas en la mente de Sabrina, sintió que su corazón se hundía en un abismo de desesperación. ¡Tyrone le había destrozado el corazón!
"No te preocupes. Después de que nos divorciemos, te consideraré mi hermana, mi familia".
¿Hermana?
Llevaban tres años casados y durmiendo en la misma cama. ¿Por qué ahora el hombre dijo que la trataría como a una hermana?
¿Cómo podría Sabrina aceptar eso?
"Después hablaremos de ese tema". Esbozando una sonrisa burlona, la chica desvió la vista.
Tyrone, por su parte, se ajustó el cuello de la camisa, y le dirigió una mirada profunda e intensa. "Por cierto, ¿qué era lo que querías decirme?".
Sabrina hojeó casualmente el acuerdo de divorcio que tenía en las manos, mientras con una leve sonrisa contestaba: "No importa. Ya se publicaron los diseños de la ropa de la próxima temporada. Quería que habláramos de una idea que se me ocurrió, pero ahora me las arreglaré sola para tomar una decisión".
Ya no había necesidad de decirle a su aún esposo que estaba embarazada...
"De acuerdo. Realmente aprecio tu dedicación".
Sabrina era la directora de marca del Grupo Blakely, y Tyrone tenía una fe innegable en sus capacidades.
Después de todo, poseía talentos innatos para hacerse cargo de esa línea de trabajo. Cualquier producto del que se encargara, ya fueran joyas, ropa, videojuegos o dispositivos tecnológicos, se disparaban y alcanzaban altos niveles de popularidad.
"Solo cumplo con mis obligaciones. Ahora, si me disculpas, tengo que irme a trabajar".
Inhalando profundamente, la joven se recompuso. Luego, esforzándose por mantener una fachada de calma, se giró sobre sus talones.
"Nos iremos juntos". Después de esa declaración, Tyrone se dispuso a subir las escaleras para cambiarse de ropa.
Al escuchar las palabras del hombre, Sabrina se detuvo. Mientras lo veía, se le formó un nudo en la garganta y los ojos se le humedecieron.
Después de haberle pedido el divorcio, ¿cómo podía Tyrone permanecer tan imperturbable y sugerir que se fueran juntos a trabajar?
No cabía la menor duda de que su amor por Sabrina era inexistente.
"No creo que sea buena idea. Como nos vamos a divorciar, lo mejor será que tengas cuidado de que no te vean conmigo".
Con eso, la chica salió de la casa rápidamente.
El miedo a perder la compostura en presencia de Tyrone la impulsó a salir huyendo, porque no podía darse el lujo de que eso sucediera.
Después de aquella noche, Tyrone aceptó casarse con Sabrina, creyendo que no representaría ningún problema y que nunca se revelaría.
Ella, por su parte, albergaba una profunda culpa por el bebé que llevaba en su vientre. Un niño que estaba destinado a quedarse sin padre.
Mientras la chica se alejaba, la frente de Tyrone se arrugó.
Al llegar a la cochera, Sabrina abrió la puerta del asiento del conductor y se subió. Sin embargo, en lugar de encender el motor, abrió Facebook.
Después de una exploración casual, se topó con algo...
A Tyrone, así como a la mayoría de sus amigos no les agradaba compartir cosas en las redes sociales, sin embargo, había algunas excepciones dentro de su círculo social.
Eddie Dawson era uno de ellos.
Sabrina encontró una publicación del susodicho en una cena, la cual decía: "¡Galilea, bienvenida de regreso al país! ¡Se avecina una boda!".
Al final agregó un emoticón de celebración.
La ubicación mostraba el club que frecuentaban.
Al ver eso, una lágrima cayó sobre la pantalla del celular de la chica...





