Jayden no se molestó en ocultar su desdén. "Si te crees tan valiente, empaca tus cosas y vete esta noche".
Su investigación había revelado todo sobre Cathy: su infancia en el campo, los años de abandono de su familia, una vida entera en la que se la pasó relegada.
Aun con el divorcio inminente, dudaba que ella tuviera otro lugar al que ir.
Por su parte, la joven no se inmutó. "Descuida, señor Thorpe. Nunca se me pasó por la cabeza quedarme en tu casa".
Acto seguido, se dio la vuelta y salió sin mirar atrás.
Un silencio incómodo se apoderó de la sala, dejando a Jayden sin palabras.
Alrededor de la mesa, los susurros y las miradas cómplices se extendieron rápidamente.
"Seguro solo está montando un drama", dijo en voz baja uno de los invitados. "Dale unas horas. Siempre regresa como si no hubiera pasado nada".
"Sí, necesita a los Thorpe. Después de cada discusión, siempre es la primera en hacer las paces", agregó otro.
Marissa, aún empapada y con aspecto de víctima, se enjugó una lágrima. "Jayden, no te preocupes por mí. Anda, ve a tranquilizarla. Estaré bien".
La miseria se aferraba a ella mientras temblaba con la ropa mojada.
El aludido contuvo sus sentimientos. "Olvídalo. Primero te conseguiré ropa seca".
Su mirada se deslizó hacia la ventana, seguro de lo que sucedería.
"Dale dos horas. ¡Cathy volverá a casa arrastrándose, justo a tiempo!", añadió, casi desafiando a cualquiera a contradecirlo.
Marissa logró esbozar una débil sonrisa y se mordió el labio con falso remordimiento. "Quizás sea lo mejor. Ah, y la familia Curtis organiza un banquete mañana. Tal vez Cathy debería ir contigo, solo para guardar las apariencias".
Jayden no lo dudó ni un segundo. "Ella nunca ha estado a la altura para mí. Tú eres la que quiero". Su tono se suavizó mientras se inclinaba hacia la mujer. "Los Curtis están buscando médicos cualificados, y esta podría ser nuestra oportunidad para establecer algo sólido con ellos".
Los halagos llegaron de todas partes, alimentando la confianza de Marissa.
"No tiene de qué preocuparse, señor Thorpe", intervino uno de los presentes. "La señorita Briggs se graduó como la mejor de su clase de la Facultad de Medicina Frahmont, ¡y todo el mundo sabe que estudió con la legendaria Sanadora Fantasma!".
Intentando parecer modesta, la chica ofreció una sonrisa amable. "Mañana daré lo mejor de mí".
Desde luego, la verdad era muy diferente. La Sanadora Fantasma había desaparecido hacía mucho tiempo, dejando atrás solo un puñado de libros misteriosos que Marissa encontró.
Ganarse la confianza de la familia Curtis se había convertido en su nueva obsesión.
...
Mientras tanto, en Villa Violeta, Cathy preparaba tranquilamente su partida.
Casi no había nada en esa casa que le perteneciera, así que recogió solo lo esencial: su celular, algunos documentos y nada más.
Un mensaje llegó a su mejor amiga: breve, directo y definitivo. Los papeles del divorcio llevaban su firma, y la tinta se secaba mientras deslizaba su anillo de bodas sobre ellos con un suave tintineo.
"Esos son tres años que nunca recuperaré", dijo en voz baja, y su voz solo llegó a la habitación vacía.
Sin nada que la retuviera, se deslizó hacia la noche, dejando atrás el pasado.
Apenas unos instantes después, un Lamborghini rojo anaranjado se detuvo junto al bordillo. Desde detrás del volante, una mujer con el cabello recogido en un moño pulcro saltó del auto y la abrazó con fuerza. "¡Bienvenida de nuevo a la libertad, Cathy!".
Con un movimiento elegante, Demi Scott le lanzó las llaves. "Tres años es suficiente. Es hora de recuperar tu trono, Reina Cathy. Todo el mundo te está esperando".
Demi no era solo alguien a quien Cathy llamaba amiga: era una huérfana que había sobrevivido junto a ella los años más difíciles, y su vínculo era más fuerte que el de cualquier familia.
Ese tipo de lealtad significaba que se tomaba cada ofensa contra la otra como si fuera propia.
"¿Jayden? Es un desastre con patas. ¿Y Marissa, actuando como si fuera una especie de prodigio de la medicina? Dame un respiro. ¡Esa mujer es una farsante!", soltó Demi, dejando escapar su frustración. "¡Sinceramente, los dos me dan asco!".
A Cathy se le llenaron los ojos de las lágrimas por la gratitud. Tener a Demi de su lado le parecía la única bendición verdadera que le quedaba.
Abrió la puerta del copiloto y arrojó su bolso dentro. "Salgamos de aquí. No tiene sentido seguir arrastrando viejas cadenas. Ya me ha costado bastante darme cuenta".
A veces, nunca es demasiado tarde para elegirse a uno mismo.
El alivio invadió a Demi mientras se sentaba en el asiento del conductor; luego hizo una pausa, recordando algo importante. "Espera; hay más. He encontrado la información que me pediste".
El celular de Cathy vibró y recibió un archivo en su bandeja de entrada.
Demi bajó la voz, y el aire se volvió de repente más pesado. "Parece que la muerte de tu mamá no fue un accidente. Hay algo sospechoso con la enfermera que te atendió en el parto. Ella podría ser el centro de todo esto".
Una arruga se formó entre las cejas de Cathy. "¿Hay alguna forma de rastrear a esa enfermera?".
Desde el día en que nació, la tragedia la había perseguido: su madre perdió la vida durante el parto.
Su padre siempre afirmó que era un gafe, por lo que la envió a un pueblo remoto, rompiendo su vínculo con la familia Burgess.
Pero a medida que pasaban los años, a la chica le costaba más creer que la muerte de su madre fuera un simple y trágico accidente.
Demi negó con la cabeza, con clara frustración. "Aún no tenemos nada concreto. La última vez que la vieron fue en la finca de los Curtis. Ese lugar es una fortaleza, si es que alguna vez hubo una. Entrar no será sencillo".
El apellido Curtis desencadenó recuerdos de un viejo rival: un capo criminal de Mapleley, un país muy lejano de aquí. Aquel hombre no tenía vínculos conocidos con la alta sociedad de Frahmont.
La determinación se apoderó de Cathy. "No importa cuán arriesgado sea, tengo que llevar esto hasta el final".
Como por arte de magia, su celular vibró y un nuevo mensaje iluminó la pantalla.
Bajó la mirada y parpadeó, sorprendida. Su distante y frío padre la había llamado a casa por primera vez en años.
"Algo raro está pasando", observó Demi, con un tono de sospecha.
La otra guardó el dispositivo, con la mandíbula tensa. "Bien. Ya lo he pospuesto por demasiado tiempo. Es hora de que por fin recupere lo que pertenece a mi madre".
Veinte minutos después, Cathy estaba en el umbral de la Mansión Burgess. En el recibidor, la esperaba un hombre de mediana edad y rostro severo, que se apoyaba con fuerza en un bastón.
"De verdad que no puedes hacer nada bien. Primero dejas que tu matrimonio se desmorone, ¿y ahora sales con que quieres el divorcio?".
Un fuerte suspiro escapó de Josh Burgess, su padre, y continuó: "La familia Thorpe dirige la mitad del sector de la construcción en la ciudad. Nuestra empresa depende de ellos. ¿Acaso crees que voy a permitir que tu drama personal arruine nuestros negocios?".
Agitó una mano con desdén y sentenció: "Ve y prepárale la cena a Jayden. Trágate el orgullo, pídele perdón y no empeores las cosas".





