Ryan Li no dejaba de temblar, pues Wanda no le quitaba la mirada de encima.
Al ver que seguía sin decirle nada, el hombre joven se comenzó a reír.
"Si no quieres responder a su pregunta, te puedo echar una mano", le dijo al hombre en el suelo.
Wanda comenzó a llenarse de coraje al escucharlo decir aquellas palabras. Quería golpearlo en la cara, sin importar lo guapo y bien parecido que era.
Sin embargo, solo pudo apretar los dientes.
"Bien, tu tío me debe un total de 5 millones".
Al escuchar la cantidad, Wanda casi se cae de la impresión.
¿Cinco millones?
Para la gente que se hallaba en su posición, aquella cantidad era inimaginable. De hecho, incluso si trabajara las 24 horas del día, los siete días de la semana, le sería imposible ganar tantísimo dinero.
"¿Qué diablos fue lo que hiciste?", le preguntó a Ryan, temblando de coraje e impotencia.
Ella sabía que su tío había sido adicto al juego, pero, debido a su enfermedad, ya se había reprimido mucho. Hasta había momentos en los que trabajaba para apoyarla.
¿Cómo era posible que le debiera tanto?
"¡Tío!", Wanda le gritó de nuevo, estaba roja de la rabia que sentía.
"Pensé que podría ganar y así nuestra vida no sería tan difícil", Ryan tartamudeó y se negaba a alzar la mirada para ver a los presentes a la cara.
Al escuchar su confesión, Wanda sintió que el corazón se le hacía añicos.
"¿Pero por qué?".
Las manos no le dejaban de temblar.
¿Por qué le haría tal cosa a ella precisamente, que era quien lo había ayudado tanto?
¿Acaso no había sido suficiente?
Wanda tenía tres trabajos de medio tiempo todos los días, solo para pagar el alquiler, ahorrar para los gastos médicos y pagar sus demás necesidades.
Su tío no solo había jugado con aquel dinero, sino que incluso tuvo la osadía de pedir dinero de los prestamistas usureros. La deuda no sería tan grande, de no haber hecho esa barbaridad.
Wanda seguía temblando.
La cirugía de Ryan iba a costarle 500 mil, que era justamente la cifra en su libreta de ahorros, esta estaba muy lejos de los 5 millones que tenían que pagar.
Además, si pagaba la deuda, ya no tendría dinero para la cirugía de Ryan.
Su arduo trabajo había sido en vano.
Todos sus planes se habían arruinado.
De pronto, Wanda levantó la cabeza y miró al hombre joven que se encontraba frente a ellos.
Aunque se había dado cuenta de las condiciones tan miserables en las que vivían, Quincy Qin seguía esbozando una sonrisa en el rostro, como si se estuviera burlando de ellos y de su situación.
En ese momento, el corazón le latía muy rápido a Wanda y la ira recorría sus venas.
De no haber sido por aquellos hombres que se enriquecían alimentando la codicia de la gente, Ryan no habría apostado tanto. ¡Los convertían en esclavos por dinero que ni siquiera era de ellos, en primer lugar!
Quincy, quien parecía leer su mente, le preguntó:
"¿De verdad crees que todo esto es culpa nuestra?".
"¿Y no es así? ¿No gana más dinero haciendo esto? ¿No es así como pudo pagar ese coche estacionado afuera?", le dijo ella sin importar las consecuencias.
Wanda odiaba la manera en cómo se aprovechaban de las personas.
De no tomar ventaja de los apostadores, nada de eso estaría sucediendo.
Quincy Qin ni siquiera se inquietó al escucharla tan enojada. En cambio, estalló de pronto a carcajadas.
"¿Entonces me estás diciendo que todo esto es mi culpa?", le preguntó.
"Así es".
Entonces, Quincy enderezó la espalda y miró a la mujer parada frente a él.
"Está bien, tienes razón. Me gano la vida haciendo esto, pero si no fuera por la adicción de tu tío al juego, ni siquiera tendría la oportunidad de persuadirlo".
afirmó él.
Ella detestaba el hecho de que sus palabras estaban llenas de razón, por lo que se quedó sorprendida y guardó silencio.
Lo que había dicho el hombre era totalmente cierto. De no haber sido por la adicción de Ryan de seguir apostando, nada de eso estaría ocurriendo.
Entre más pensaba ella en sus palabras, más desesperada se sentía.
La fabulosa vida que esperaba con ansias se estaba yendo por el desagüe justo en esos momentos.
"¿Nos puede dar unos días más?", dijo ella con la voz seria y ronca.
"Ya le había dado un mes a tu tío. Y hace un mes me dijo lo mismo".
De pronto, la mirada de Quincy se posó en Ryan.
Para ser honesto, apreciaba el hecho de que Wanda parecía ser honesta y a la vez compasiva. Era una lástima que tuviera un tío que estaba empeñado en arruinarles la vida.
Y antes de que pudiera decir algo más, agregó Quincy, "¿Sabías que el mes pasado, Ryan no solo se rehusó a devolver el dinero, sino que incluso vendió el oro de tu madre solo para poder seguir apostando?".
Después de decir aquello, el hombre se le quedó viendo, como si estuviera esperando la reacción de Wanda.
Sería una mentira si en esos momentos ella no sintiera odio por Ryan.
Wanda estaba haciendo todo lo posible por contenerse ante las palabras de aquel hombre.
El oro que había mencionado Quincy era, nada más y nada menos, que el legado de su madre. Ryan sabía que eso era lo más preciado que ella tenía. Wanda no lo vendería ni aunque se estuvieran muriendo de hambre.
¡Cómo se atrevió su tío a hacer tal cosa!
De no haber estado enfermo, ella lo habría abofeteado en ese mismo instante.
La sonrisa en el rostro de Quincy se desvaneció un poco cuando se inclinó hacia atrás diciendo:
"¿Acaso estás tramando algo para retrasar el tiempo? Estoy a punto de perder la paciencia. Entonces, ¿me vas a devolver el dinero o prefieres morir?".
A pesar de que Wanda no quería tener nada más que ver con su tío, él seguía siendo quien le había dado un techo cuando sus demás parientes se negaron.
Entonces comenzó a respirar hondo.
"Se lo pido por favor, deme unos días más".
Ella quería agotar todas las posibilidades para poder pagarle.
Para su mala suerte, Quincy negó con la cabeza, "No".
Ella sentía que su corazón se hundía en la desesperanza.
Temía que pasara lo peor.
Las personas como Quincy eran capaces de hacer cualquier cosa sin importarles las consecuencias. Incluso si Wanda se atrevía a llamar a la policía, sería demasiado tarde para cuando ellos llegaran.
El sudor comenzó a correrle por la frente a la chica, "¿Entonces qué quiere que hagamos? ¡Díganos!".
Quincy se le quedó viendo durante mucho tiempo.
La apariencia de Wanda definitivamente era del tipo que le gustaba. Y, a pesar de que su personalidad era aguerrida, creía que podía domesticarla. Entonces, se humedeció los labios.
Le parecía interesante.
Después volteó a ver a Ryan.
"No soy el tipo de hombre al que se le debe dinero", comentó mientras los ojos le brillaban con intensidad.
"Por favor, no me mate, señor Qin. Wanda, ayúdame a pedir piedad", le gritó su tío desesperado.





