El Amor En Primer Puesto

Borracha, Shirley se fue tropezando a toda marcha hacia el ascensor en el que se habían llevado a Isaac, el cual por suerte logró distinguir que se había detenido en el tercer piso. "Aquí debe ser donde lo trajeron, ¿pero en qué cubículo estará?".

Uno por uno, ella giró los pomos de cada puerta que se encontraba, y tras algunos intentos fallidos, se detuvo para recuperar el aliento y apoyar la espalda contra una de ellas. Para su sorpresa esta se abrió y cerró tan rápido que no pudo ver el rostro de la persona que la jaló hacia adentro.

Lo siguiente sucedió en unos pocos segundos. Fue arrojada sobre un sofá y se le subieron encima, con lo que pudo sentir el calor de un aliento en sus labios y una respiración en su rostro.

No bien ella recuperó la compostura y al fin abrió los ojos, la conmoción y la incredulidad la dejaron paralizada. Tan solo una mirada al rostro atractivo y familiar del hombre hizo que su cerebro dudara. ¿Se trataba de Isaac? ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso estaba soñando?

'¡No! ¡No podemos hacer esto!'.

"Isaac...".

La conciencia de este comenzó a desdibujarse bajo la influencia de la poción en su bebida, de modo que una vez que la fragancia de la chica llegó a sus sentidos, quedó embriagado por completo y su temperatura se elevó tan pronto como sus manos comenzaron a explorar las curvas de ella.

Cuando este al fin se detuvo, Shirley se apartó, respiró hondo y trató de detenerlo empujando con ambas manos su firme pecho. El contacto con su cuerpo era demasiado real como para que aquello fuese un sueño, así que levantó la voz desesperada y lo sacudió. "¡Isaac, detente! ¡Soy yo, Shirley! Abre los ojos. No...".

Pese a su esfuerzos, no pudo apartar al hombre sobre ella por mucho que lo intentara, lo cual la llevó a la conclusión de que este no estaba en condiciones de entender razones.

Él le cubrió la boca con su mano, aunque no tan fuerte como para sofocarla, sí lo suficientemente firme como para hacerla entender que quería silencio.

Por su parte, la chica abrió los ojos de par en par y su cuerpo tembló de miedo mientras intentaba resistir sus movimientos y lo apartaba. Sin embargo, eso no hizo más que irritar a Isaac, quien ejerció más fuerza aun.

"Me lastimas". Shirley soltó un quejido ahogado cuando lo sintió dentro, y se dio cuenta de que ya era demasiado tarde.

Él hizo una pausa al escucharla gemir de dolor, como si se hubiera dado cuenta de que esa era su primera vez. A pesar de que comenzó a recuperar algo de conciencia, su vista seguía desenfocada. Acto seguido la besó suavemente en la frente para consolarla.

"Madelyn, mi amor. Dejará de doler en un par de minutos, créeme", murmuró lujurioso. Poco sabía él que sus palabras eran como dardos venenosos que perforaron el corazón de la chica que tenía debajo. Pronto esta dejó de luchar y permitió que el dolor se extendiera por todo su cuerpo, pensando en que él le estaba quitando algo muy valioso, y sin embargo, ni siquiera sabía quién era ella. Incluso en ese estado, la única persona que ese hombre tenía presente era su hermana, Madelyn. Sin saber si era por la aflicción física o la de su corazón, las lágrimas de ella brotaron en contra de su voluntad.

Quizás eran los celos o su estado de ebriedad los que la hicieron entregarse a ese momento y olvidar el hecho de que él se convertiría en su cuñado. Ya no le importaba que no supiera quién era ella, y como el destino no iba a permitir su amor, quiso perderse en sus brazos esta noche, independientemente de que se sintiera mal al respecto. Una noche era todo lo que podría tener con el hombre de sus sueños, así que encontró la excusa perfecta para entregarse a sus fantasías. 'Dios, por favor, perdóname', oró. Entonces lo abrazó y comenzó a devolverle los besos.

Él no estaba en todos sus sentidos, pero sus labios presionaban con firmeza los de la chica a la que estaba haciendo suya. En ese punto sus cuerpos se acercaron aún más, si es que eso era posible, y el calor entre ellos se sentía casi como electricidad mientras fluía de cada centímetro de él dentro ella.

A partir de esa noche sus destinos se enredarían en una historia complicada.

Si bien Shirley experimentó un genuino y profundo remordimiento, ya no había nada que pudiera hacer.

Tal vez no debió haber ido allí en primer lugar.

¿Quién podría decirle qué hacer ahora?

La culpa se asentó en su corazón y solo en sus oraciones silenciosas pudo buscar el perdón a su pecado.

'Lo siento, Madelyn. ¡Lo siento mucho!'.

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