Lorena
— ¡No vas a cenar! Hoy tenía que salir y no arreglaste mi vestido; ¡eres una inepta! ¡Largo de aquí! — me grita mi hermana Paula, convirtiendo este día en otro desastre más en mi vida. Desde temprana edad tuve que aprender a lavar, planchar, cocinar, coser y pintar uñas. No es que crea que todo eso es malo, de hecho, pienso que toda mujer debería saber un poco de cada cosa. La vida que llevo me ha enseñado a ser humilde; he vivido sin ningún lujo, por lo que para mí, como mujer, es mejor poder valerme por mí misma sin necesitar empleados. Sin embargo, si algún día llego a tenerlos, valoraré cada cosa que hagan por mí.
He ahorrado un poco y gracias al cielo este es mi último año en la universidad. Estudio ingeniería industrial y tengo planeado escapar de mi familia. Me rehúso a seguir aguantando insultos y maltratos. Me da mucha pena por mi mamá y por mi nana, que es en realidad la única que me apoya, porque mi madre solo se queda callada ante todo lo que me hacen en esta casa, especialmente mi hermana. Pero esta vez voy a pensar solo en mí. En cuanto consiga empleo y me estabilice, podré contarles dónde estoy. Mi idea es dejar de depender de papá, salir de esta casa y marcar mis límites. Tengo una amiga, Tere, a quien conocí un día en que sentía que ya no podía más, un día en que mis fuerzas y esperanzas estaban al límite. Ella me ayudó y aconsejó. Desde ese día somos muy unidas. Tere es una chica de talla grande, muy hermosa, hija única cuyos padres la aman y defienden con uñas y dientes, no como a mí, que... bueno, ustedes ya saben.
Mi nombre es Lorena y tengo 23 años. Me siento fea; eso es lo que mi hermana me repite todos los días y lo que veo en el espejo. Mi apariencia parece confirmar las expectativas de una sociedad superficial que no acepta a mujeres que, como yo, no se arreglan, no se perfuman, ni se maquillan. Vivimos pendientes del qué dirán, y aunque una "manita de gato" podría ayudar mucho, ese lujo me ha sido negado. He sufrido maltrato físico y psicológico por parte de mi familia durante años, lo que ha dejado mi autoestima por el suelo. Una cosa es que extraños se burlen de mi apariencia y me humillen, pero recibir ese trato de tu propia familia es devastador. Se supone que la familia debería ser un apoyo, un lugar donde te sientas cómodo y confiado, pero no es así en mi caso. El peor maltrato proviene de ellos, quienes me obligan a mantenerme sumisa y restringida. Aunque mi carácter es fuerte y sé defenderme, no puedo hacerlo contra ellos, quienes son los primeros en insultarme y quejarse. Les cuento más sobre mi situación: tengo una beca, y aunque mi familia posee una gran empresa y varias propiedades, y vivimos en una mansión, más parezco una empleada que una hija. Mis padres, Ana y Fabricio, tienen una buena relación entre ellos, pero cuando se trata de ser justos con sus hijas, fallan completamente. Contrario a lo que muchos podrían pensar, no soy la favorita por ser la menor. La favorita es mi hermana mayor, Paula, ya que mi padre se siente culpable porque ella carece de su verdadera madre, y mi madre se siente mal por suplantar a esa figura materna. Paula tiene a nuestros padres comiendo de su mano con sus manipulaciones, mientras que yo sufro sus humillaciones constantes. Me obliga a limpiar sus cosas, a planchar sus vestidos, y a hacerle las uñas. Si tuviéramos una buena relación, podría ver estas actividades como algo normal entre hermanas, pero junto a ella, todo es un caos. Ella aprovecha cada oportunidad para hacerme sentir peor. Paula es hija de una relación pasada de mi padre. Su madre la abandonó con él y nunca más regresó. Mi padre raramente habla del porqué se separaron, solo insiste en que ella no lo abandonó, que nunca fue así. Después de eso, se refugió en su trabajo y en fortalecer sus empresas, hasta que Martha apareció en su vida. Se enamoró de ella y decidieron casarse, y en ese intento de construir una nueva vida, mi nacimiento se pensó como un puente, una solución para que Paula nunca sintiera la ausencia de su madre biológica.Ironías de la vida, se supone que soy la hermana ideal para ella, un juguete o distracción para hacerle olvidar el abandono de su madre, una mujer que mi padre describe como valiente, a pesar de todo. Pero esta situación solo me ha convertido en blanco de sus frustraciones, no en su compañera de juegos. Soy el blanco de cada uno de sus caprichos y crueldades, mientras la familia sigue girando en torno a su bienestar, dejándome a un lado.
Me visto con ropa holgada y sudaderas, uso anteojos, y a mis 23 años no se me permite tener ningún lujo. Ni maquillaje, ni accesorios, ni nada ostentoso, pues no puedo opacar a mi hermana Paula, quien es una rubia muy hermosa, mientras que yo, una morena de cabello rizado, me veo espantosa a sus ojos y a los de los demás.
Salir a la calle nunca es mi deseo; me siento expuesta, juzgada. Sin embargo, la universidad se convierte en mi refugio, un lugar donde puedo ser algo más que la sombra de mi hermana. Estudiar no es solo una opción para mí, es una necesidad, la única vía de escape que veo para liberarme de las cadenas de mi familia. No aspiro a servir a nadie más; he pasado demasiado tiempo haciéndolo.A veces me pregunto, ¿cuándo empezó todo esto? No encuentro el momento exacto, pero sé que he vivido a la sombra de mi hermana por demasiado tiempo. Ella es la consentida, la que nunca recibe un no por respuesta, la "bonita" a ojos de todos, especialmente de nuestro padre, cuyos remordimientos hacia ella solo inflan su ego y su crueldad hacia mí.Mi fortaleza a veces me sorprende. Tal vez, en parte, proviene del cariño que siento por mi mamá. Aunque su sufrimiento no es como el mío, es real. La idea de sacarla de esta casa me acompaña siempre, aunque la realidad es cruda: mi cuenta bancaria no basta para llevarnos lejos de aquí. No aún. Pero no pierdo la esperanza; cada día en la universidad es un paso más hacia ese futuro que tanto anhelo.
Pero todo estaba a punto de cambiar cuando lo conocí a él, el hombre más guapo y tierno de todos... o al menos eso creía.





