Jillian contuvo la respiración, parpadeó muchas veces para contener las lágrimas y terminó de inmediato la llamada.
"¿Pudiste contactarte con tu esposo? ¿Cómo es posible que no venga hoy? ¿Qué pensarán nuestros invitados si no asiste al funeral de su suegro?", preguntó Vivian mientras caminaba por el pasillo.
Jillian la miró con los ojos muy abiertos.
Vivian Matthews era la esposa de Phil. Mientras él se ocupaba de los asuntos externos, ella manejaba todo lo que ocurría dentro de la familia. En pocas palabras, una orden de Vivian era como si viniera del mismo Phil.
No era un secreto para nadie que él quería conocer a Rhett.
En algún momento, el Grupo Wilson había sido inferior al Grupo Matthews. Sin embargo, una vez que Rhett tomó el control de la empresa de su familia, no tardó en ascender a la prominencia, superando a muchas otras compañías.
Incluso dejando de lado que estaba casado con Jillian, su ausencia en el funeral levantaría rumores.
Sería bastante perjudicial para el Grupo Matthews, considerando que se encontraban en declive en el panorama empresarial.
"Rhett...", murmuró Jillian, intentando sacar las palabras de su boca. "Está ocupado en este momento".
"¿Ocupado? ¿Y eso qué? No importa lo ocupado que esté, debería poder sacar tiempo de donde sea para un asunto familiar tan importante". Vivian quería decir algo más sobre el tema, pero se interrumpió cuando vio un rostro familiar.
Aaron Barnes, el asistente de Rhett, se acercó a ellas e hizo una pequeña pero respetuosa reverencia frente a Jillian. "Lo siento, señora Wilson, pero el señor Wilson está ocupado con asuntos de negocios. Me ha enviado a mí en su lugar".
Aaron llevaba un traje negro de tres piezas. Tras dirigirse a Jillian, se volvió hacia Vivian y le dio un ligero asentimiento. "Hola, señora Matthews. Mi jefe me ha pedido que entregue la propuesta que su esposo solicitó, a modo de disculpa por su ausencia".
Luego, le entregó una carpeta.
El rostro de Vivian se iluminó en cuanto vio el documento. Lo aceptó con una cálida sonrisa y sin vacilar.
"Muchas gracias por venir hasta aquí. De verdad lo apreciamos. Entendemos que el señor Wilson esté tan ocupado, debe tener mucho trabajo". Había cambiado completamente la actitud que había tenido hacía solo unos minutos.
Jillian le echó un breve vistazo al documento y se movió silenciosamente hacia un lado. No dijo nada más y miró hacia adelante con ojos aturdidos. Sus manos estaban apretadas a sus costados, con tanta fuerza que sus uñas se clavaban en sus palmas.
Pero no sentía nada de dolor.
En ese momento, la televisión en la pared del pasillo estaba transmitiendo noticias de entretenimiento.
El director ejecutivo del Grupo Wilson había sido visto hoy en el aeropuerto, dándole la bienvenida a la reconocida diseñadora de joyas, Emalee Carter.
Jillian observó la expresión amable de Rhett mientras estaba junto a la mujer y sintió que se le volvía a romper el corazón. Odiaba admitirlo, pero parecían la pareja perfecta.
Ni siquiera notó cuando Aaron se fue. Al verla distraída, Vivian siguió su mirada. La televisión tenía el volumen bajo, pero ella era lo suficientemente inteligente como para entender lo que estaba pasando. Sin decir nada, miró a Jillian con lástima.
Al día siguiente, Rhett llegó a casa.
El crepúsculo se asomaba mientras él entraba por la puerta de la sala de estar. "¿Dónde está Jillian?", le preguntó al sirviente que recibió su abrigo.
Su esposa no lo estaba esperando en el vestíbulo como siempre hacía. ¡Qué raro!
"Ayer se encerró en su habitación en cuanto llegó," respondió el sirviente con mucha cautela. "No ha salido desde entonces".
¿Desde ayer? Rhett frunció las cejas.
Se había enterado de la tragedia de la familia Matthews la misma noche en la que ocurrió. También sabía que ayer había sido el funeral, pero había estado tan ocupado con el trabajo que no pudo asistir al funeral.
No obstante, se aseguró de que Aaron lo reemplazara, y confiaba plenamente en su asistente. Siempre había sido confiable en su trabajo. ¿Qué podría haber molestado a Jillian?
Rhett se irritó ante la idea de tener que lidiar de nuevo con su mal humor.
Subió las escaleras y fue directo al cuarto.
Por un momento se quedó parado frente a la puerta cerrada, con los labios apretados en una fina línea.
Luego, agarró el pomo y lo giró, pero no se movió. Jillian la había asegurado desde adentro.
Estaba furioso, pero decidió reprimirse y golpeó ligeramente la puerta. "Jillian, soy yo. Ábreme".





