"Señor Karl, el señor Wesley se encuentra adentro", una voz dijo de repente.
Provenía de Peter, el mayordomo, quien hablaba italiano con fluidez mientras saludaba con un gesto a su patrón a manera de bienvenida. Los reporteros también siguieron al hombre, entrando detrás de él.
El señor elegante y de pelo gris era el abuelo de Wesley y se llamaba Karl Helian. Era el patriarca de la familia Helian y una de las personas más poderosas de Ciudad S.
En el hotel, el guardarropa estaba lleno de diversos trajes, tanto para hombres como para mujeres y para varios tipos de ocasiones. Después de echarle un vistazo a lo que había, Wesley eligió un traje de una calidad exquisita. Además, parecía que la prenda había sido confeccionada especialmente para él.
Se arregló con tranquilidad el traje azul y miró a Christine a través del espejo. "¿No te vas a ir?".
La chica lo miró con incredulidad e ira. Era la primera vez que veía a un Helian en persona y, a pesar de que para otros esto hubiera sido un sueño hecho realidad, a ella no le gustó el encuentro en lo más mínimo. Es más, el hombre con ese traje azul tan costoso y los ojos tan profundos lo único que conseguía en ella era provocarle un miedo espantoso. Wesley parecía impaciente e inaccesible pero al mismo tiempo se le veía mucho más guapo que en las revistas en las que aparecía con frecuencia. Daba la impresión de ser una persona extravagante, totalmente diferente a Barrett Gu y lo que él irradiaba.
"Tú... Olvídalo...". Christine parecía furiosa. Al pensar en Barrett Gu sintió un dolor agudo en el corazón. Ese día había perdido su virginidad sin ninguna razón. ¿Cómo iba a enfrentarse a él ahora?
Sacó al azar un vestido de manga larga del armario, uno que cubriera los chupones de su cuerpo. Después de eso, fue al baño para probárselo.
Justo cuando estaba dentro, la puerta se abrió de golpe y el aire se congeló en un instante.
Karl Helian estaba de pie justo ahí, mirando todo a su alrededor. Se podía sentir que la tensión de la atmósfera no se había disipado todavía y la expresión en el rostro del abuelo cambió un poco cuando sus ojos se encontraron con los de su nieto. Era como ver a la misma persona con dos edades diferentes, así eran de parecidos los dos.
El área detrás de él estaba atestada de reporteros, pero nadie se atrevió a entrar en la habitación y nadie se atrevió a hacer preguntas. Los flashes de las cámaras parpadeaban ocasionalmente y esa era la única señal de su presencia.
"Abuelo, ¿qué estás haciendo aquí?", dijo Wesley mientras se sentaba en el sofá, con una mano en el cuello y las piernas cruzadas.
"Escuché que tuviste un accidente, así que estoy aquí para salvarte". Karl Helian entró en la habitación lentamente, apoyándose en su bastón y con la ayuda de su mayordomo Peter.
"¿Un accidente? Entonces, ¿por qué traes reporteros contigo?".
Wesley volvió la cabeza y miró al hombre con una leve sonrisa que parecía burlarse de él.
Karl lo ignoró por completo y siguió caminando, buscando algo en la habitación, hasta que finalmente se detuvo frente a la puerta del baño.
De pie y observándolo todo, el abuelo pudo oír un crujido que venía del interior.
'¿Ella está aquí?', se preguntó el anciano y no pudo evitar que los ojos le brillaran ante el descubrimiento.
De repente, puso la mano en el pomo de la puerta, pero luego decidió no abrirla y la quitó. Necesitaba esperar a que la chica saliera por sí sola.
Después de lavarse, Christine se paró frente al espejo y miró su reflejo. Puede que el día no haya ido bien, pero afortunadamente todos los chupones estaban cubiertos.
El vestido le quedaba un poco ajustado y revelaba su figura curvilínea, y notó que el rostro estaba sonrojado por el calor.
Al mirarse en el espejo pudo ver una nariz larga y un par de ojos como almendras, que aunque bellos estaban marcados con un rastro de tristeza indecible. Sus delgados labios se abrieron ligeramente y finalmente se convirtieron en una sonrisa burlona. Luego tomó un poco de agua y se la echó en la cara. Llevaba el cabello despeinado, hecho un lío en uno de sus hombros, pero aun así no era difícil ver que era una mujer hermosa.
Cogió una toalla, se secó el agua de la cara y abrió la puerta del baño.
El flash de las cámaras fotográficas la cegaron apenas salió por la puerta y notó un fuerte olor a colonia en la habitación, proveniente de la persona que estaba delante de ella.
"¡Si quieren que los periódicos para los que trabajan dejen de existir, sigan tomando fotos!", dijo una voz de forma tajante.
El hombre, aunque estaba un poco enojado, había dicho eso de manera cortante pero no resultaba desagradable, por el contrario, era un hombre con mucha dignidad.
"Ven aquí, Christine. Date prisa". Al ver a Christine, Karl ya no pudo mantener la seriedad y le sonrió. Fue una sonrisa cálida, inesperada.
La muchacha no se había recuperado del impacto que le habían causado los reporteros todavía.
Al salir del cuarto de baño se tambaleó y casi perdió el equilibrio, pero afortunadamente Wesley la sujetó por la cintura a tiempo y evitó que se cayera.
"Abuelo, sabes que no me casaré con nadie excepto con Jessica", dijo Wesley quien inmediatamente después soltó a la mujer y caminó lentamente hacia Karl.
"Mira, tienes que hacerte cargo de la chica con la que te acostaste. He visto crecer a Jessica y sé que ella no es tan buena como tú crees que es. Es una muchacha muy complicada".
Karl estaba perdiendo el control y golpeó el suelo con el bastón, lo que produjo un ruido fuerte que rompió el silencio en el que se había sumido la habitación.
"Además, si no te casas con esta chica yo mismo me encargaré de que la noticia salga y se haga pública. Quiero ver cómo reacciona Jessica".
En ese momento se podía notar que la atmósfera se estaba volviendo muy tensa.
"Abuelo, no olvides que fui yo quien te dio todos los derechos que tienes ahora, no me obligues a quitártelos".
Wesley era un poco más alto que Karl, y sus expresiones parecían hacer que este último perdiera algo de impulso.
"¡Nieto desagradecido, te mataré a golpes!".
Y dicho esto levantó el bastón en el aire y golpeó a Wesley con fuerza. El hombre al recibir el golpe solo resopló y frunció el ceño ligeramente, aparentemente imperturbable por lo que acababa de pasar.
"Déjame decirte que mientras yo esté en la familia Helian, ¡Jessica no lo estará! ¡Ya puedes ir olvidándote de ella!".
Karl continuó golpeando a Wesley hasta que de repente empezó a toser con mucha fuerza. Peter fue a ayudarlo, y el anciano se sentó muy rígido en la silla.
"Lo que pasó hoy fue un accidente, ya la compensaré por esto. No debes preocuparte por este asunto".
La piel expuesta de los antebrazos de Wesley estaba cubierta de hematomas.
"Si alguien piensa siquiera en compartir lo que ha pasado aquí con el público, ¡está muerto! ¡Dejen las cámaras aquí y lárguense!".
Los fríos ojos de Wesley pasaron por cada uno de los reporteros en la puerta y todos, al instante, arrojaron sus aparatos al suelo y dieron un paso hacia atrás pero no se marcharon.
Los periodistas no sabían qué hacer pues había sido el mismo Karl quien les había dicho que vinieran hasta ese lugar. Temían que, si decidían irse, lo fueran a ofender. ¡Algunos de los más tímidos empezaron incluso a sollozar!
Afuera, todavía lloviznaba y el cielo aún estaba muy nublado.
Frotándose las sienes, Wesley le preguntó a Christine: "¿Son suficientes diez millones?"
"¡Púdrete!".
Sabiendo lo que Wesley quería decir, Christine arrojó la zapatilla que acababa de ponerse directamente hacia el hombre. Tuvo muy buena puntería y le dejó una huella muy nítida en el costoso traje.
'¡Este hombre se cree Dios! ¡Cree que puede hacer con todos lo que le venga en gana! ¡Me gustaría ver qué pasaría si realmente te enojara!'.
Sostenía con fuerza la otra zapatilla en la mano y le respondió: "Te lo he dicho pero aún no me has contestado. ¿Cuál es tu precio?".
Con una mirada asesina, Wesley se quitó la chaqueta y dio un paso adelante lentamente.
"¡Me temo que no puedes pagar mi precio!", respondió enfadado.
Con las manos en los bolsillos, el hombre caminó hacia Christine lentamente.
Otra zapatilla voló, pero él simplemente se inclinó un poco y la esquivó hábilmente.
"Entonces, ¿cuál es tu precio?".
Sabía bien que ni siquiera toda la familia Ji podía pagar a Wesley por una noche, pero ¿qué podía hacer ahora?
Al no tener otra opción, solo podía prepararse para la peor consecuencia.
"¡El precio es tu vida!", Wesley levantó la cabeza y luego se quedó quieto. "Bastardo, si te atreves a lastimarla, ¡te juro por Dios que Jessica es mujer muerta!", Karl no pudo evitar gritar con furia.
"Señor Wesley...", se escuchó decir a alguien.
En ese momento, un hombre entró por la puerta. Llevaba en el rostro una cicatriz que se extendía desde el rabillo del ojo hasta la barbilla, y era aproximadamente de la misma altura que Wesley.
El hombre se detuvo respetuosamente frente al joven y continuó hablando: "Señor Wesley, la señorita Jessica todavía está en la ciudad. La estamos buscando con todas nuestras fuerzas".
"Bear, te doy tres días. Debes encontrar a Jessica".
Los tensos músculos faciales de Wesley finalmente parecieron relajarse un poco, aunque la expresión de sus ojos seguía siendo insondable. "Abuelo, nadie puede detenerme esta vez".
"¿Tres días? Es tiempo suficiente para que te cases con esta chica".
Karl levantó la cabeza y dijo: "Peter, ve y cuéntaselo a la familia Ruo. Jessica todavía está en la ciudad así que vamos a dejar que ellos se hagan cargo".
"Abuelo, ¿quieres obligarme a que me case con una mujer a la que no amo?".
Un aura sombría se acercó a Christine cuando Wesley la agarró de la muñeca con fuerza.
"¿Cuántas veces quieres usar el mismo truco?".
Christine levantó el pie y pateó el vientre de Wesley. El hombre se tambaleó, retrocedió unos pasos y se llevó las manos a la zona por el dolor. Su rostro estaba blanco como el papel y su mirada fría como el hielo.





