Destinado a amar

Helena Cash sonrió rígidamente y dijo:

__¡Enrique, ve y pregunta si el Director necesita algo más.

__Llévale un café bien cargado.

Enrique Gil, sabía el carácter poco amable de su jefe, así que intentó por todos los medios brincar la cerca y que alguien más hiciera el sacrificio.

Asi que dijo: __"Estoy bastante ocupado todavía, ¿por que no va la nueva señorita, después de todo ella será su asistente personal ?"

__Ella aún no se instala y ¿ya quieres que sea despedida?

Dijo la secretaria Helena.

Manuel Leiva dijo: __Él se asomó, más no llamó a ninguno. ¿Por que deberíamos interrumpir su momento a solas?

Se mostró muy ansioso, mientras decía esto el empleado.

Me sentí intrigada. No me pareció tan descabellado hablar con él hace un momento, así que me ofrecí.

__En fin, yo he venido a trabajar para él, así que iré yo, dije ante el asombro de los tres presentes.

__Iré yo y veré en qué puedo ayudarlo.

Todos me miraron como si iba a la guerra o al fusilamiento. Que tonterías pensé yo.

Toqué en la puerta suavemente, toc toc toc

__¡Adelante!, dijo la voz grave desde adentro.

Cuando abrí la puerta pude verlo sentado con un brazo sobre el escritorio con la cabeza enterrado entre sus dos manos, parecía estar ansioso por alguna razón.

Caminé lentamente hasta su escritorio y le dije, aquí le traigo su taza de café, lo acomodé ante él. Luego le pregunté:

__¿Desea algo más Sr. Garth?

Me miró con escrutinio, no dijo nada más, su silencio me llenó de ganas de mirarlo también.

__¿Que puedo hacer por usted Sr.? Pregunté otra vez.

Siguió callado, levantó su mirada hacia mí y me observó por un tiempo, su escrutinio me puso nerviosa.

Asi que volví a hablar y dije.

__Me retiro.

Di la vuelta en giro para salir, cuando escuché que dijo:

__¡Detente!

Volteo para mirarlo de frente, sin embargo no me formula ninguna palabra, si no que sonríe sutilmente.

__¿Qué? Me dije. A qué está jugando conmigo, admito que sentí nervios.

Pero rápidamente me recompuse.

__Asi que no te has instalado, pero ya estás aquí, dijo mientras se levantaba de su silla y caminaba hacia mí.

__A eso vine Director. A empezar a trabajar. Le dije.

Me miró sin más y volteó hacia el gran ventanal que daba un panorama espectacular de la gran ciudad deslumbrante.

Viéndolo de espaldas empecé a disfrutar de su hermoso físico; un hombre de estatura maximizando diría casi dos metros de altura.

Sus hombros eran anchos muy bien formados, acentuaba un estado físico diez de diez.

Cuando volvió su mirada hacia mi, y luego miró hacia fuera de la gran ventana, quedando expuesto su sutil rostro de perfil, tenía unos contornos faciales tan refinados que no había visto antes.

Me eché una sacudida y me dije a mi misma, "¡Calma!" Es como ver el menú y saber que estás a dieta, pensé.

Hace mucho que el amor es un asunto desterrado de mi corazón, así que me quedé allí de pie esperando sus órdenes.

__Tengo un viaje de negocios a Montreal, Canadá, esta noche, no aprenderás nada de los demás aqui, así que me acompañarás, ¿Estás de acuerdo? Si lo estas no traigas equipaje, pues sólo estaremos doce horas y yo te garantizaré lo necesario para este viaje.

__¿Cómo?, dije.

Sin terminar de comprender su solicitud, no estaba totalmente segura de querer acompañarlo.

__¿Hay algo que no entiendas? Dijo en tono serio.

__¡Me acompañarás a un primer viaje de trabajo! Siseó.

O sea, no estaba preguntandome si yo estaba dispuesta a acompañarlo o si estaba lista para algo así en mi primer día de trabajo.

De todas formas, pensé. Sólo serán un poco más de tres días que estaré por acá. Sólo para demostrar que puedo con esto, pensé.

__¡Está bien, acepto. Sonó mi voz.

Mientras tanto fuera de la oficina, estaban los tres asistentes y secretarias discutiendo mi final abrupto.

Ellos creyeron que el gran jefe despiadado, me mandaría desempleada hoy mismo, no pudieron dejar de sentir lástima por mi recién iniciado empleo, estaban como amigos dolientes cual dá su pésame al familiar que tuvo la pérdida.

Salí de la oficina, me dirigí al espacio asignado para mi y me senté callada.

Todos se acercaron a mi. Primero habló Manuel Leiva.

__El se volvió así desde ya hace un tiempo atrás, su hermoso carácter cambió y se volvió así, tan despiadado.

Tan afortunado y lleno de vigor, pero es un ser infeliz, que va dejando su dosis de ácido a los que lo rodea. Dijo, Enrique Gil.

__Se violvió un ser solitario sin querer soltar su pasado.

Volvió a opinar Enrique Gil, Helena Cash no opinó, pero suspiró como si fuera testigo de todo lo dicho.

No obstante no se percataron que su jefe estaba parado allí con la mirada sombría y penetrante.

__Asi que soy un ser despiadado y lleno de veneno ¡ah!

__Alguien más tiene otra opinión que dar hoy.

__Los escucho. Rugió.

Todos quedaron pálidos y chirizos, parecían fantasmas sin sangre en sus rostros.

__¿Y tú? me dijo mi jefe.

__¿También piensas así? Puedes seguirlos afuera, estaré muy bien sin perdonas chismosas. Gruñó.

__¡Al Sr. Gil y Sr. Leiva ya que sólo destilo veneno, no es necesario que trabajen junto a mi.

Pueden pasar por recursos humanos rugió.

__¡Tranquilo Sr. ellos no estaban haciendo una crítica profunda, tan sólo estaban tratando de darme ánimos, pensaron que fui despedida hoy en mi primer día de trabajo.

__Sin embargo, no saben que hoy salgo a acompañarte a un viaje de negocios en el primer día de trabajo.

__No lo tome tan a personal sus palabras, con los señores, pues en cualquier situación y ambiente, las personas que nos rodean siempre tendrán una opinión sobre nosotros.

__Depende muy enteramente de nosotros que ese concepto que formen de nosotros sea bueno o malo, pero en fin es un concepto que se hacen por propia determinación.

Todos volvieron a verme, sabía lo que estaban pensando en ese mismo momento, si yo no tenía miedo de que me aplastara como insecto de alcantarilla.

No pudo importarme menos, el gran jefe volvió a verme. No sé por qué, yo no tenía ningún miedo hacia él. Ni mucho menos a que tomara represalias.

__Alístate y preséntate al aeropuerto hoy a las siete treinta de la noche. Dijo.

__En cuanto a ustedes, última oportunidad, trabajen más y hablen menos. Aquí no es un mercado.

Dicho eso dio la media vuelta y se dirigió hacia el ascensor.

Todos me miraron como si vieran mi cara rayada, me toqué el rostro y pregunté, qué! Tengo algo en mi cara?

__¡No! Solo que creo que tienes superpoderes sobre el gran jefe. Dijo Helena Cash.

__Llevo mucho tiempo trabajando con él y no había visto que una mujer le hablara como lo hicistes tú y que el te haya escuchado y no sólo escuchado, tomó en cuenta tus sugerencias.

__¡Incluso irás a acompañarlo. ¿ya se conocían? Son viejos amigos? Preguntó y yo sólo negué con la cabeza.

Quedé muy pensativa de todo lo que acababa de ocurrir, él no me provocaba miedo, solo confianza, parecía un cachorrito lindo a quien apapachar.

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