Después que me caso, me entero... es mafioso

No tiene sentido luchar contra la corriente, que pase lo que tenga que pasar, eso si, con

Mila, que no se meta. La voy a defender con mi vida si es necesario.

Creo que lo lógico es que nos vayamos a casa de mi mamá y poner tierra de por medio.

Debo salvar a la niña, allá están mis hermanos, no estaremos desprotegidas. Y esa casa es

una fortaleza, tiene vigilancia permanente y no entra nadie si no es invitado. No hay sitio

más seguro que ese.

Aunque, pensándolo bien, quizás huir no sea la mejor opción. Igual ese tipo debe saber todo

de nosotros, pondría en riesgo a mi gente allá.

Bueno, voy a quedarme esta noche hasta tarde. Me voy a fumar un tabaco y a ver que me

dicen los muertos.

—Duerme tú a la niña que necesito espacio. Me doy un baño y me meto en mi cuarto a

trabajar. Quiero estar en calma y concentrada. No me interrumpas, que si todo sale bien,

tendremos ayuda del más allá. Así tenga que invocar al mismísimo satanás.

—Si mami, yo me encargo de ella, tranquila y gracias por ser tan comprensiva, tenía miedo

de tu reacción ¡Perdóname!

—En las buenas y en las malas mijo ¡Quédate quieto!

La mañana me cogió rezando. En el tabaco se vio todo clarito, una sombra oscura cada vez

más cerca de nosotros. Aunque se ve una salida. No lo mostró claro esta vez.

La angustia no me deja vivir, me veo en el espejo y se me nota. Como es difícil ocultar las

penas del alma. Si no fuera por Mila, que me hace tan feliz, preferiría morirme de una vez

por todas. Estoy descoñetada, ya ni ganas de estar con mi esposo me dan.

Transcurrieron dos años, en medio de la incertidumbre de no saber que va a pasar. A veces

nos olvidamos del tema por días hasta que aparece un extraño cerca de la puerta o un carro

con papel ahumado y comienza de nuevo nuestra mente a imaginar lo peor. Hemos sufrido

harto. La incertidumbre es como un cáncer. Te va carcomiendo las entrañas hasta que acaba

con uno.

La situación económica es cada vez más agobiante, estamos pasando trabajo y nos faltan

muchas cosas. Lo que me parte el alma es mi muchacha. Tan bonita y sin nada, somos muy

pobres, después de haberlo tenido todo. Los ahorros se esfumaron los primeros meses. No

duraron mucho al quedar desempleado mi marido. Puro sacar sin meter nada a la cuenta. En

mala hora nos cambió la vida de esta manera.

Cada vez que Elvis sale a rebuscarse por ahí, quedo yo con el alma en un hilo, esperándolo

sin dormir aterrada de que no vuelva. Nos encerramos y no asomamos ni la nariz a la

puerta.

Yo me arreglo bien con la lectura de tarot, la gente es viciosa de conocer el futuro y hay

tanta superstición que gracias a la virgencita el pan nunca nos falta. Apretados pero pa´

lante. Hasta con trueque me pagan algunos clientes de confianza.

El trajín ha sido fuerte, hay bastante trabajo. Lo cobro barato para que la gente pueda

consultarse. Ya compuse y separé matrimonios. Curé enfermos y encontré cosas perdidas.

Develé traiciones y, sobre todo, mantuve unida a mi familia. A punta de rezo, el fulano, ese

que nos amenaza de perdió de aquí.

Me di a conocer entre la gente que llega con fe a consulta. Tengo mi clientela fija que viene

a la casa y otras que he captado en las redes sociales. Y Mila allí, siempre a mi lado

jugando la inocente. No es ambiente para una nena.

Mi muñequita está grande ya, hoy cumple 12 años y este día sucedió algo muy extraño. Se

presentó un tipo bien elegante. Con pinta de plata, ropa buena, zapatos y una camioneta que

me dejó pasmada.

—Elvis, ¿quién es ese tipo que llego allí?

»Que te pasa, por qué pones esa cara.

—Mami, ese es el patrón, al que le debo los riales. Bendito sea Dios, ¡Ha regresado!

—¡Virgen del Valle!, agarra a la niña que si pregunta por ti le voy a decir que no estás.

Métete en la habitación y no salgas.

Me sacudí la ropa y me puse a arreglar el frente. Cuando él entró me preguntó, con cortesía,

si era la casa de Elvis. Yo nunca lo vi antes, pero al parecer el sí a mí.

—¿De parte de quien?

—Soy Hernán, un placer ¿Usted es Rebeca, verdad?

—Sí, ¿me conoce de donde?

—Su marido siempre la menciona.

—¿A mí?

—Sí, fue empleado mío.

—Nunca me dijo el nombre del patrón, salía a trabajar y yo no preguntaba nada.

—Se ve que es una buena mujer ¿Le puede decir que he venido, que necesito que salga para

conversar?

—No, pues es que él no se encuentra. Si me deja su número de teléfono con gusto le doy su

mensaje.

—Entiendo, basta con que le diga que Hernán quiere hablar con él. Lo demás ya él lo sabe.

—No se preocupe, vaya con Dios.

Antes de retirarse sacó un paquete de la camioneta y me lo entregó diciendo:

—Le he traído este regalo su hija, cumple años hoy. Si no me equivoco.

Me quedé boquiabierta y los ojos se me llenaron de lágrimas. Consiguió que el pánico se

apoderara de mí. Y sé que esa fue su verdadera intención.

El hombre que se va y yo que corro a contarle lo que me dijo. Abro la puerta de la

habitación y lo agarro asustada. En lo que le voy a dar el mensaje, la niña sale del cuarto,

menos mal que ya la camioneta había arrancado.

Fue como un aviso y de inmediato capté el mensaje. Mis muertos no me abandonan. No

puedo dejar que vea a la niña. Es mi tesoro, todo lo que tengo. Y es muy bonita, me muero

de terror de que le haga daño.

Elvis se detiene detrás de mí y nos abraza. Yo estoy temblando de miedo, un mensaje

subliminal, sin duda.

—Mija, voy a ir a hablar con él. Además, ha pasado mucho tiempo y no me ha hecho nada.

Puede que me haya perdonado quien sabe si me vino a buscar para trabajar de nuevo con él.

»Seamos optimistas ¿Qué me dices, lo intento?

—Lo que pretendes es una locura. ¿Te vas a entregar? No cometas ese error. Contamos

contigo, ni siquiera soy de acá. Solo te tenemos a ti mi amor. Y ni pienses en meterte otra

vez en ese negocio. No sigas jugando con fuego que el diablo anda suelto. Ve que traerle un

regalo a Mila es la señal de que nada está olvidado.

—Voy a dar la cara, Rebeca. Andar escondiéndome es peor. No me ha agarrado porque no

ha querido. Ese tipo me desaparece con un chasquido de dedos. Si eso quiere. Confiemos.

Mila ya se ha desarrollado y se está convirtiendo en toda una señorita. Alta y espigada,

como una modelo de esas que salen en las revistas. Y con el cabello largo que le llega a la

cintura ya despierta las miradas de los muchachos de por aquí.

Con mucha rabia tocó darle el regalo de ese mal parido. Un estuche de maquillaje juvenil

espectacular. Mila brincaba de alegría. No pude decir la verdad, nos abrazó dándonos las

gracias por tan hermoso detalle de cumpleaños. Mientras su padre y yo nos mirábamos sin

saber que será de nosotros.

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