【Abel Black】
Llego a casa y me dejo caer sobre el sofá de la sala. Mi celular timbra y veo la pantalla, es Laura, sé que mi hermano la cataloga como la mejor asistente del mundo, si ella logró conseguir un apartamento para mí en este momento yo también le daré el visto bueno.
—Señor, Abel, tengo muy buenas noticias para usted.
—Dime, Laura.
—Tengo un apartamento es de clase media baja, no entendí lo que quiso decir el recepcionista, me envió fotografías del lugar, se las envíe a su correo para que pueda verlo por usted mismo.
—Es perfecto, Laura.
—Señor, pero está ubicado a tres horas de distancia de su casa y también de la empresa.
—Mucho mejor. Laura eres la mejor, ¿toda la información también la enviaste junto con las imágenes?
—Sí, señor.
—Muy bien, gracias por todo.
Ahora sé que Laura es la mejor.
Un apartamento de clase más baja que la media es lo que necesito, y lo mejor de todo, está realmente lejos, a tres horas de todos los conocidos y de la empresa, puedo hacer lo que yo quiera y nadie sabrá que soy Abel Black.
Veo las imágenes en mi correo y me gusta el lugar, es pequeño, pero eso no me importa, solo lo quiero para tener sexo. Ser libre de apariencias y ser quien soy.
Me contacto con un tal Sandro.
—Hola, apartamentos Guzmán, estoy a su servicio.
—Hola, quiero uno de sus apartamentos.
—Soy Sandro, el gerente del edificio. Por el momento solo tengo uno disponible, podría venir a verlo por usted mismo.
—No me importa verlo, lo quiero.
—Tiene que venir esta misma tarde, o mañana temprano, porque tengo a otras dos personas más que están interesadas.
—Estaré ahí pronto, puedo darle lo que me pida, el dinero no es ningún problema.
Cuelgo y salgo inmediatamente, es un poco tarde, estaré ahí como a las seis de la tarde, pero quiero ese apartamento. Antes de irme subo a mi habitación y empaco solo ropa cómoda. No quiero llevar ningún traje en mi maleta, antes trabajaba con papá en la empresa como CEO. Pero, ahora deje a cargo a Axel.
Dejo mis cosas en el maletero del auto y después lo pongo en marcha.
Después de tres exhaustivas horas de camino llego al lugar, lo veo por fuera y es horrible, pero eso es lo mejor.
Entro y un hombre me recibe. Por la voz sé que es el recepcionista del edificio.
—¿Señor, Abel?
—Sí, soy yo.
—Quiero quedarme esta misma noche en este lugar, así que, dígame el precio, aunque podría darle lo que usted me pida.
El hombre me pide tres mil dólares de mensualidad por este basurero, pero acepto inmediatamente.
El hombre me ayuda con mi maleta, sé que no es pesada, solo traigo cinco pares de zapatos y algunas camisas, pantalones, y también dos pijamas.
Subimos por el elevador hasta el piso tres.
Por lo que veo cada piso tiene dos apartamentos en cada planta.
Bajo del elevador y Sandro me lleva a mi apartamento. Él abre la puerta y entramos.
Pensé que esto sería peor, pero no lo es tanto.
—Me gusta, es perfecto.
—Me alegro de que le guste, Abel. Bienvenido y lo dejo descansar, si necesita algo solo llámeme.
—Está bien, si necesito algo lo llamaré.
Él sale dejándome solo.
Me levanto y voy a lo que más me importa, necesito ver la habitación. Abro la puerta y al entrar me sorprendo. Creo que a mi padre que en paz descanse se volvería a morir si presenciara esto, pero aún pienso que es una buena idea.
Ahora tengo mucha hambre, busco la llave por todos lados, a ese imbécil se le olvidó dejarme las llaves.
Bajo por el elevador, tengo que ir a comprar comida, y no puedo irme sin mis llaves.
Camino en dirección a Sandro, pero una mujer se encuentra con él.
La examino por completo, piernas hermosas, buen culo aunque decente, no es grande, pero quisiera acariciarlo. Su cabello sedoso y rojo, además de largo como me gusta.
Ella podría ser la primera que caerá conmigo.
Me acerco un poco a ellos.
Sandro se retira por un momento dejándola sola y esperando, esta es mi oportunidad.
—Hola, hermosa.
—No quiero que te acerques a mí, si necesitas a Sandro tienes que esperar.
Ella me está gritando.
Creo que debo decir algo amable.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?
—¡¿Qué te pasa, imbécil?! —Grita antes de darme una bofetada.
Toco mi mejilla, eso dolió, esta mujer realmente está frustrada, pero no puedo seducirla.
—Disculpe, ella es una de sus vecinas, esta molesta por un problema con su energía eléctrica, pero pronto me haré cargo de eso. ¿Puedo ayudarle en algo?
—Sí, quiero mis llaves.
—Aquí están, lo siento.
—No importa.
Salgo y veo a esa mujer esperando un taxi.
—¿Quieres que te lleve?
—¡¿Quieres otra bofetada?!
—No quiero, ¿sabes por qué?
—No me importa. ¿Podrías dejarme tranquila?
—Te lo diré, porque me podrías provocar una erección, me gustan las mujeres rudas como tú, ¿cómo te llamas?
—¡¿Qué te importa?! ¡Lárgate de aquí!
—¡Paula! ¿Estás lista? —dice una rubia que tampoco está nada mal.
Pero esta mucho mejor la pelirroja.
—Así que, Paula. ¿No preguntarás por mi nombre?
—No. Porque no me importa. Vamos, Dana. Te he dicho que no digas mi nombre en alto —reclama a la otra mujer.
Ella se va muy molesta, esa mujer tiene que ser mía. Lo raro de todo esto es que puedo dominar a las mujeres con tan solo verlas a los ojos, con ella no pude hacerlo. No provoque nada en ella.
¿Será que estoy perdiendo mi habilidad?
Mi celular no para de sonar, sé que es Axel. No puedo contestar ahora.
Subo a mi auto y busco un lugar para comprar comida.
Como a veinte minutos encuentro un pequeño supermercado.
Bajo del auto y tomo una carretilla, esto es divertido, las personas normales lo hacen y me siento por un momento "normal"
Tomo un poco de fruta y después me dirijo a comprar papitas, amo las papás fritas, sé que es comida chatarra, pero me gusta mucho. A lo lejos veo a Paula.
Camino hacia ella, aún está con la chica rubia.
La rubia me sonríe, pero Paula parece que vio a un ser repugnante.
—¿Estás siguiéndome?
—Por supuesto, Paula, vine a comprar comida solo para verte.
—No me importa, solo no te acerques a mí.
Cada vez esta mujer me la pone más dura, sé que terminará cayendo.
Paula se aleja muy molesta.
—Hola, soy Dana. Ella está un poco estresada, por favor perdónala, cuando no está tan molesta te juro que es linda.
—A mí me gusta más así —le digo.
Dana se va detrás de su amiga, creo que la asuste.
Tomo otras cosas y después me dirijo a pagar todo. Después subo las cosas al auto y me dirijo al apartamento.
Cuando estoy ahí subo y entro.
Dejo las cosas en la encimera de la cocina.
Antes de comer voy a darme un baño, me quito la ropa. Estoy a punto de meterme a bañar, pero alguien toca la puerta.
Coloco una toalla alrededor de mi cintura y voy a abrir la puerta. Cuando abro la toalla cae al piso.
Veo a Paula viéndome por unos segundos.
—Olvidaste tu tarjeta en el supermercado, ¡maldito pervertido!
Ella me arroja la tarjeta y se va casi corriendo.
Tengo que hacer mía a esa mujer.





