De vuelta a la locura del amor

En un hospital del centro de la ciudad, Chelsey guardó su hoja de registro y se paró en la cola para entrar al departamento de ginecología.

Cuando dobló la esquina, vio un hombre familiar a unos metros de distancia.

Incluso en el ajetreo y bullicio de un lugar tan agitado como un hospital público, pudo reconocerlo inmediatamente.

Su traje negro a medida resaltaba sus anchos hombros y su cintura estrecha, lo que complementaba perfectamente su presencia imponente.

Jason levantó la taza de té con leche de coco que acababa de comprar y se la entregó a la mujer a su lado. Mientras realizaba ese gesto, los gemelos de diamantes en sus puños brillaron bajo la luz, haciendo que Chelsey se estremeciera.

Su corazón latía con fuerza en su pecho, pero se obligó a sí misma a no apartar la mirada. Quería ver cómo era esa mujer.

Sin embargo, fue entonces cuando Jason se volvió hacia ella.

Sus ojos se encontraron.

Incluso en esa distancia, ella pudo ver su frío disgusto.

Chelsey forzó una sonrisa y asintió cortésmente hacia él. Quería descartar este encuentro inesperado como solo una coincidencia. Pero su estómago volvió a actuar y corrió hacia el baño más cercano.

Cuando se alejó de Jason y su prometida, sus ojos se posaron en el letrero que colgaba sobre ese pasillo: era un lugar para los chequeos prematrimoniales. Le sorprendía que Jason hubiera sacado tiempo para acompañarla.

Pero recordó el té con leche de coco, y sus labios se curvaron en una sonrisa amarga.

Por supuesto que sería tan considerado con su futura esposa; su comportamiento era muy distinto al que tenía con ella.

A pesar de los tres años en los que Chelsey se acostaba con Jason, dudaba que él supiera lo que le gustaba comer o beber.

Pero no importaba, no tenía tiempo ni interés para pensar en asuntos inútiles. Respirando hondo, reprimió las náuseas antes de limpiarse el rostro con pañuelos de papel. Luego, abrió la puerta del cubículo para salir.

Sin embargo, para su horror, encontró a Jason reclinado contra el costado del fregadero. Estaba fumando con el ceño fruncido. Chelsey se dio cuenta de que no le gustaba el olor del baño.

¿Su prometida también estaba ahí?

Chelsey se apresuró a bajar la cabeza y fingió no verlo.

Desafortunadamente, ese baño era muy básico y solo había una fila de lavabos. Si quería lavarse, no tenía más remedio que acercarse a él.

Todavía estaba pensando en qué hacer cuando escuchó su voz fría: "¿Estás embarazada?".

Chelsey se dio la vuelta. Una mezcla de pánico y dolor empezó a azotar como olas dentro de ella.

Para Jason, su reacción era básicamente una confirmación.

"¡Respóndeme!".

Cuando se acercó a ella, cada paso hacía que Chelsey se tensara. Era tan alto e imponente, y... estaba enojado.

Estaba absolutamente convencida de que, si realmente estaba embarazada, la arrastraría él mismo hacia la mesa de operaciones.

No había ninguna posibilidad de que Jason permitiera que alguien como ella tuviera a su hijo. Además, un niño fuera del matrimonio pondría en riesgo su precioso compromiso y su inminente matrimonio.

No importaba si amaba o no a su prometida, él jamás cambiaría de opinión por nada ni por nadie.

"No". Chelsey enderezó los hombros y mantuvo la espalda recta. "Solo es un malestar estomacal, vine para buscar unas medicinas".

"Pero el departamento de gastroenterología no está en esta zona", señaló Jason con los ojos entrecerrados. No le creía en absoluto.

Chelsey estuvo a punto de reírse.

¿Qué tanto rechazaba la idea de que ella quedara embarazada?

"Solo es que el ascensor aquí no está tan lleno. Señor Martin, si tienes tantas dudas, puedes acompañarme al departamento de ginecología para que me examinen".

Chelsey estaba segura de que él no lo haría. No había manera de que se arriesgara a que su prometida lo viera irse al departamento de ginecología con otra mujer.

Tal y como había previsto, Jason lanzó un resoplido y la agarró por la barbilla con la misma mano que sostenía el cigarrillo. Chelsey se quedó helada cuando él rozó con el pulgar su pálido labio inferior. No quería quemarse con la punta del cigarrillo que estaba a solo un centímetro de su piel.

"Vas a pagarla muy caro si descubro que me estás mintiendo. Sé una buena chica y compórtate, mañana ven a trabajar".

Jason la soltó tan abruptamente como la había agarrado.

Mientras su mano agitaba el aire frente a ella, Chelsey percibió un leve olor a perfume y sintió otra punzada de dolor en su corazón.

Tras acostarse con él durante tres años, era muy consciente de las cosas que le molestaban, y lo que más odiaba era el perfume de mujer. Pero ahora...

Chelsey apretó los dientes. Después de todo, Jason no era tan rígido con sus reglas, hacía una excepción con las personas a las que se les permitía romperlas.

"Voy a presentar mi renuncia", declaró Chelsey antes de poder detenerse.

Jason ya estaba a punto de salir de la puerta, pero se detuvo en seco. Luego, se dio la vuelta y le dio una mirada sardónica: "¿Que acabas de decir?".

"Voy a renunciar a ese trabajo", repitió Chelsey, más serena y resuelta.

Por primera vez desde que tenía memoria, él la miró de verdad.

Jason curvó los labios en una sonrisa burlona: "Entonces, ¿planeas ser ama de casa?".

Chelsea no pudo evitar enfurecerse, pero se mantuvo firme. "No tiene nada de malo ser ama de casa, lo importante es que él me hará su esposa".

"¿Te gusta?", preguntó Jason, con una voz profunda y fría.

Chelsey sintió su pecho apretarse. Por un segundo, casi se permitió creer que estaba enojado porque ella se casaría con otro hombre.

Pero Jason adoptó un tono burlón mientras seguía hablando: "¿De verdad crees que él puede excitarte tanto como yo?".

Chelsey se ruborizó.

Durante sus momentos apasionados, Jason prescindía de su comportamiento distante y se volvía una bestia desatada, hablando sucio y sin reprimirse. También le gustaba morderle la oreja y agarrarle fuertemente la cintura. Le encantaba aún más cuando ella gemía y suplicaba.

Jason nunca había expuesto esa versión suya al público, así que ella se sintió bastante mortificada por lo que acababa de decir.

"En realidad, conozco a ese tipo", continuó él. "Ustedes dos no son compatibles, deberías terminar esto cuanto antes".

Chelsey lo observó apagar su cigarrillo contra el cenicero y tirarlo a la basura. Su rostro estaba pálido, como si simplemente le estuviera asignando otra tarea más para resolver de inmediato.

Antes ella habría cumplido sin decir nada. Pero esos días ya habían quedado atrás. Chelsey no quería que los vestigios de su dignidad fueran pisoteados aún más y demolidos por ese hombre.

Reuniendo todo su coraje, imitó el mismo tono burlón que él acababa de utilizar con ella, incluso le dio una sonrisa: "Pero me gustaría darle una oportunidad. Es probable que me sienta mejor con él".

Luego, se enjuagó las manos y se marchó sin volver a mirar a Jason.

Estaba temblando incluso cuando salió del hospital. Ni siquiera regresó a la cola para su chequeo, ya que Jason le daba escalofríos.

Rara vez lo había desafiado o enfadado, y ese momento ciertamente se llevó todas las ovaciones. No sabía qué tipo de repercusiones le traerían sus acciones, pero lo único que sí sabía era que necesitaba abandonar su trabajo y estar lo más lejos de él como fuera humanamente posible.

A la mañana siguiente, Chelsey se quedó en el baño durante lo que pareció una eternidad, debatiendo si ir o no al trabajo. Menos de dos horas después, tocó la puerta de la oficina de Jason. Luego entró y le entregó su carta de renuncia.

"Por favor, firma eso, señor Martin", pidió respetuosamente mientras extendía el sobre hacia su escritorio.

Jason no levantó la vista de los documentos que estaba leyendo, pero esas palabras lo hicieron detenerse.

Luego, la miró con incredulidad, como si nunca se hubiera imaginado que fuera tan atrevida.

Los dos se miraron fijamente durante unos segundos, Cuando él no hizo ningún movimiento para agarrar la carta, Chelse la puso tranquilamente sobre el escritorio y se quedó atrás, esperando sin decir nada.

Después de media hora, Jason reconoció su presencia. Sus ojos oscuros y profundos se clavaron en ella, por lo que su corazón latió furiosamente con miedo y anticipación.

"¿Lo has pensado bien?", preguntó lentamente. Su voz la envolvía como una pesada e inoportuna manta.

"Sí, ya lo hice", respondió Chelsey con toda la tranquilidad posible.

De repente, él esbozó una sonrisa y curvó su dedo índice: "Acércate".

Chelsey apretó los labios en una fina línea y se quedó inmóvil.

"¿Quieres que apruebe tu renuncia o no?", preguntó Jason tan atractiva como amenazadoramente.

Suspirando para sus adentros, Chelsey se acercó cautelosa y en guardia. El aroma a sándalo la envolvió, pero aún se sentía asfixiarse.

Jason entrecerró los ojos ante su cautela y se rio entre dientes.

No era un hombre que riera, como mucho sonreía. Esa pequeña risa no significaba que estuviera de buen humor, solo era el presagio de una tormenta cercana.

Chelsey sintió que se mareaba cuando Jason entró en acción. Con un movimiento rápido, la jaló hacia su cuerpo y la sujetó contra el escritorio con su musculosa estructura. Varios contratos multimillonarios cayeron al suelo, pero ninguno de los dos se molestó en mirarlos.

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