"¡Brendon!".
"¡Espera, Brendon!".
Katie y Yolanda gritaron al unísono, con las voces superpuestas, mientras corrían tras él para detenerlo.
Antes de que Brendon pudiera avanzar más, ellas se interpusieron en su camino, obligándolo a detenerse.
"Por favor, dime que no vas a correr hacia esa zorra", dijo Katie con incredulidad en su voz.
Brendon se tensó con una chispa de ira. "Cuida tus palabras, Katie. Esa actitud no solo es grosera, sino también vergonzosa. Llevas el apellido de nuestra familia, así que intenta no mancharlo".
Yolanda puso suavemente una mano sobre el hombro de Katie y dijo con un tono dulce y mesurado: "Brendon, por favor, no seas tan duro con ella. Aún es joven y no sabe lo que hace. Si todavía te importa Christina, solo sé sincero conmigo. No te pondré las cosas difíciles. Me iré sin hacer ruido".
Los ojos enrojecidos de Yolanda delataban su dolor mientras se daba la vuelta, con el rostro lleno de sufrimiento.
Verla así le partió el corazón a Brendon.
"Yolanda, no, no te vayas", dijo rápidamente, dando un paso adelante y agarrándola de la mano. "Lo estás malinterpretando. No queda nada entre Christina y yo".
"Entonces sé sincero conmigo. ¿Todavía sientes algo por ella? Porque… si es así, puedo soportarlo. No te lo reprocharé". La voz de la mujer era débil y temblorosa mientras lo miraba a los ojos.
Brendon no pudo ignorar la expresión de dolor de su rostro y dijo a toda prisa: "Estás pensando demasiado. Lo que Christina haga ahora ya no tiene nada que ver conmigo".
Yolanda le tomó la mano y, con voz suave pero firme, dijo: "Quizá Christina tenga motivo para vestirse así. Tal vez esté luchando por salir adelante. Deberíamos ayudarla".
La compasión de su amada conmovió a Brendon. "Siempre has sido tan amable, Yolanda. Pero no te preocupes por Christina. No está pasando por lo que tú crees. Le di lo suficiente para vivir con comodidad, y si decide ser una cazafortunas y desechar su autoestima, es problema suyo".
Yolanda parecía querer decir algo más, pero de repente perdió el equilibrio y se tambaleó hacia atrás.
Brendon reaccionó rápidamente y la sujetó antes de que cayera al suelo. "¡Yolanda!". Su voz se quebró por el pánico.
"Yo… estoy bien. Solo es que hay demasiado ruido aquí y me siento un poco mareada… Volvamos a la sala privada". La voz de la chica sonó débil mientras se apoyaba en él. Brendon la sujetó con firmeza y frunció el ceño.
"Debiste quedarte en el hospital y descansar unos días más. No debiste insistir en marcharte". Volviéndose hacia Katie, le ordenó:
"Llévala de vuelta a la sala privada. Voy al baño y vuelvo en un minuto".
Los ojos de la chica se encendieron con sospecha, como una cerilla sobre papel seco. "No estarás pensando en ver a Christina en secreto, ¿verdad?".
Antes de que Brendon pudiera responder, Yolanda puso suavemente la mano sobre el brazo de Katie. "No pasa nada. Si Brendon quiere hablar con Christina, déjalo. No es una desconocida, formó parte de su vida en su momento. Fingir que no existe no hará que desaparezca. Y si su vestimenta inapropiada de esta noche da lugar a chismes, no solo recaerá sobre Brendon, sino que también podría manchar el apellido de los Dawson".
"Siempre eres tan considerada, Yolanda, incluso pensando en esa...". Katie se detuvo justo cuando captó la fría mirada de su hermano. Se quedó paralizada y se tragó las siguientes palabras.
Un instante después, su tono cambió. "Brendon, ¿no ves que Yolanda aún no está fuera de peligro? Si pasa algo mientras estás aquí perdiendo el tiempo, ¡será culpa tuya!".
Con un suspiro exasperado, se aferró a la mano de Yolanda y espetó: "Vamos, salgamos de aquí".
***
Abajo, Christina salió del baño. Se echó el pelo hacia atrás con un gesto casual que hizo que todas las cabezas del bar se volvieran hacia ella. Los hombres la seguían con la mirada, devorando sus curvas con un deseo descarado.
A poca distancia, Brendon permanecía rígido. Apretó la mandíbula al observar la escena, pues las miradas de todos esos hombres encendían algo amargo en su interior. No solo la observaban, sino que la desnudaban con la mirada. Y él lo odiaba.
"¡Christina Jones!", gritó, con voz baja pero tensa por la irritación.
Ella giró lentamente la cabeza y lo miró con frialdad y distanciamiento. Lo observó de arriba abajo, lenta y deliberadamente, antes de responder: "¿Qué quieres?".
Su tono era indiferente, distante. Como si él fuera un extraño más entre la multitud.
El tono frío de su voz le tocó la fibra sensible, sacudiendo algo en él que no estaba listo para nombrar.
Sin pensarlo, se acercó y la agarró de la muñeca. "Quiero hablar contigo a solas".





