Narra Ángela
Ya está, hoy es el día en el que finalmente le voy a anunciar a Archer que nos mudamos con él, lo he tenido toda una semana en pleno suspenso. Cada día por la tarde me llamaba para saber si ya tenía una respuesta.
Tenía que llamarme porque ya en el trabajo prácticamente ni nos vemos. Los contratos están firmados y mi idea va viento en popa. Las ventas han sido todo un éxito desde el primer momento. Ya no hay nada que vincule a Archer conmigo y este, desde mi numerito en su cumpleaños, me trata aquí como una empleada más.
Mantenemos una relación casi nula, estrictamente profesional. No he tenido que ir más a su planta y por supuesto que un ejecutivo no tiene que bajar para ver a sus empleados, por tanto, no sé lo que ha hecho, ni cómo ha seguido relacionándose con la chica de la última vez y realmente me tiene preocupada.
Desde nuestro último encuentro en el ascensor, no ha pasado más nada entre nosotros. Pensé después de aquel día que algo nuestra relación había mejorado, que él había cedido un poco, pero no. Eso me hizo sentir sucia, como que me utilizó para un desquite y lo peor es que ya está comprobado que no le puedo ir de frente, esa táctica con él no funciona.
Por eso decidí que ya es hora de mudarme con él. No hay nada para mejorar una relación que el roce diario. Mientras tenga algún tipo de contacto con Archer, puedo inventar cualquier excusa para ir arreglando las cosas. Necesito hacer algo, de lo contrario, lo perderé.
Espero a llegar a casa para llamarlo, no era correcto hablar sobre este tema en el trabajo y más después de la forma en la que ha mantenido su trato conmigo. Marco su número y espero a que me atienda el teléfono
– Dime Ángela –dijo con la voz un poco amargada.
– ¿Te llamo en un mal momento? –le pregunté al escuchar la forma en que me respondió.
– No, ¿en qué puedo ayudarte? ¿está bien nuestro hijo?
– Sí, con él todo está bien. De hecho, por eso te llamaba, creo que ya ustedes han pasado el tiempo necesario para conocerse y entenderse mejor, estamos listos para mudarnos contigo -se lo dejé caer sin más.
– ¿En serio? –sentí la emoción genuina en su entonación, estaba feliz, por fin lograba darle una buena noticia.
– Sí, claro que es en serio, jamás jugaría con algo tan serio.
– Perfecto, ahora mismo envío a mi chofer para que los recoja -me dijo con rapidez como si ternura que yo pudiera cambiar de idea.
– No, dame un tiempo, tengo que recoger las cosas todavía -le pedí.
– No hace falta, aquí tendrán todo lo que necesiten, si después quieres algo específico, pues se buscará, pero luego, ahora solo quiero que lleguen aquí.
– De acuerdo, nos quedaremos esperando aquí entonces –no me atreví a contradecirlo, era la primera vez desde su fiesta de cumpleaños que me hablaba así de esa forma tan amable, no quise arruinarlo.
Su chofer llegó en menos de veinte minutos. Me ayudó con la bolsa que tenía en la mano y enseguida subimos al coche.
Al llegar, Archer estaba parado justo frente al ascensor de su pent-house esperando por nosotros dos. Cuando nos vio una maravillosa sonrisa se dibujó en su rostro. Para mi asombro, me recibió con un abrazo y de inmediato estiró sus manos pidiéndome que le pasara al bebé.
Nos sentamos y comenzó a explicarme todo.
– No sabes la alegría que me has dado hoy. Ya estaba pensando que nunca aceptarías a mudarte aquí conmigo.
– Me lo pensé bastante, la verdad, no fue algo que tomé a la ligera, pero creo que esto va a ser lo mejor para nuestro hijo siempre y cuando nosotros sepamos cómo comportarnos -le respondí.
– Quiero que sepas que lo hago con toda la buena intención del mundo. En verdad quiero estar presente en la vida de mi hijo y no quiero que crezca viajando de un lado para otro, por eso te pedí que se instalaran aquí.
– Eso era exactamente lo que siempre quise para él, muchas gracias por haber tenido este detalle -"si tan solo hubiese sudo así desde el inicio, todo habría sudo mucho más fácil", pensé para mis adentros.
– Ven, vamos, voy a enseñarte todo –me dijo sacándome de mis pensamientos, lo que me hizo quedar dudando un poco porque yo ya lo había visto todo aquí dentro.
– Archer, no es la primera vez que vengo aquí -le recordé.
– No, pero sí es la primera vez que vienes desde que hice las remodelaciones.
Me pidió que lo siguiera y así lo hice. Él caminaba por toda la casa con el bebé en brazos, no lo soltaba ni un solo segundo. Fuimos hasta la puerta que daba a su sala de juegos, justo al lado de su habitación, en donde nos amamos varias noches.
Cuando la abrió, mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo. De juegos ya no tenía nada, había transformado su lugar sagrado en la habitación para nuestro hijo.
Las paredes oscuras las había reemplazado por un color amarillo en tono pastel. En una esquina estaba ubicada una cuna blanca enorme y preciosa con un sonajero justo encima. Por todos lados había peluches, juguetes. Todo era perfecto, había pensado hasta en el más mínimo detalle.
– Archer, pero esta era tu sala de juegos, tú amabas este lugar -le dije todavía sorprendida.
– Pero amo más a mi hijo y me pareció que este era el lugar adecuado para él ya que está justo al lado de mi habitación.
– Es un detallazo esto que acabas de hacer, muchas gracias.
– No me des las gracias aún –me dijo mirándome muy pícaramente, vaya que nuestra llegada lo había puesto de muy buen humor.
– ¿Por qué? ¿Pasó algo?
– De momento vas a tener que dormir conmigo. Había destinado la habitación de huéspedes para ti, pero por alguna razón, la brigada que contraté para hacer los cambios no sirvió para nada, se las arreglaron para romper las tuberías y todo fue un desastre. Así que, o duermes conmigo, o duermes en la habitación junto a la dama de llaves –me dijo mirándome fijo y levantando su ceja derecha. Yo no dudo que esto lo haya hecho a propósito, pero en realidad, no me molesta en lo absoluto.
– Bueno, eso lo veremos por la noche cuando nos toque dormir, ahora tengo que alimentar a nuestro hijo -me lo entregó diciendo que iba a su despacho a terminar un trabajo que tenía pendiente y se marchó.
Este lugar me trae tantos recuerdos. En su momento los viví con mucho enojo. Recuerdo venir aquí y pensar que no veía en la hora en la que derrotara a Archer, qué ingenua fui, nunca me di cuenta que me estaba enamorando como tonta de él, en el momento en que lo supe, ya fue muy tarde.
Luego de dormir al pequeño decidí dar un tour por las demás habitaciones, quizás se había decidido a remodelar algo más. Al pasar la cocina, comencé a escuchar una música y fui tras ella. Me llevó hasta el gimnasio en la planta superior donde me encontré a Archer.
Tuve que quedarme mirándolo, se estaba ejercitando, así que sus músculos estaban en su mayor esplendor. Andaba con unas pantaletas puestas y su torso al descubierto. Las gotas de sudor corrían por su cuerpo y estoy segura que en ningún otro momento se vio más atractivo que ahora.
– ¿Se te ha perdido algo? –su voz me sacó de mi ensimismamiento.
– Emmm, no, solo estaba dando una vuelta por la casa, disculpa -balbuceé torpemente.
– Yo te veo aquí parada, ¿te interesa hacer un poco de ejercicio?
– No, solo estaba mirando los equipos que tenías aquí –qué tonta soy ¿se puede ser más estúpida? ¿cómo voy a darle esa excusa?
– Sabes que esta, a partir de ahora también es tu casa, no tienes que pedirme disculpas por andar caminando.
– Es que no quiero que pienses mal.
– No voy a pensar mal, ya te digo, esta es tu casa y bueno, si estás tan interesada en ver como tengo equipado el gimnasio, yo mismo te puedo enseñar -caminó hacia mí lentamente y tomándome de la mano comenzó a explicarme- Estos son para realizar mi cardio de por la mañana, estos de acá para hacer fuerza y estos para trabajar la movilidad del cuerpo, déjame mostrarte.
Me colocó en frente de una barra e inclinándome ligeramente con su mano en mi espalda, quedé con todo mi tronco apoyado sobre la superficie de la misma. Se colocó detrás de mí y con sus piernas abrió las mías.
Mi respiración comenzaba a agitarse. Una parte de mí quería decirle que parara, que no soy su juguete para satisfacerse cada vez que lo desee, pero la otra parte no me lo permitía.
Cuando pensé que iba a hacer algo se detuvo y se separó de mí.
– ¿Notaste cómo se estiró tu espalda? Para eso es que sirve este aparato
– Archer yo… -casi no podía hablar, me sentía frustrada por lo que había acabado de hacer, pero no le iba a dar el gusto- necesito hablar contigo.
– ¿Sobre qué?
– Tenemos mucho de qué hablar, cosas que solucionar, disculpas que ofrecer ¿No te parece?
– Está bien, pero tendrá que ser mañana, esta noche tengo una cita y tengo que arreglarme. No vayas al trabajo mañana, yo no iré tampoco y así hablamos –salió caminando muy tranquilamente- Ah, se me olvidaba, no me esperes despierta.
Y sin más se desapareció de mi vista...





