De CEO a vaquero

CASSY

—Vamos a pasear —le dije a mi yegua.

El relincho de mi yegua es un claro ejemplo de que ella también necesita correr junto conmigo, igual que yo, un alma libre.

Estar en las Highland siempre ha sido grandioso para mí, los campos verdes, el ruido de los animales, simplemente purifica tu alma, la limpia y la tranquiliza, pero sueño un día con ir a la ciudad y trabajar en lo que más me gusta, publicar en físico mi novela.

Mi padre tenía otros planes para mí, me enseño todo lo que sabe de caballos, de las leyendas de nuestras tierras y amar con el corazón cada detalle especial que te regalan los dioses.

Aunque la hacienda no es mía la historia y la cultura es de todos los highlander del lugar.

Mi día comienza a las cuatro de la mañana, antes de que salga el sol, siempre tomo un tiempo para mí, saco a mi yegua Indomable para dar un paseo de una hora, la subo al pelo sin silla, agarrándome de sus greñas y me siento libre como el viento al cabalgar a mi yegua como toda una amazona, saltamos troncos y pequeños riachuelos que se encuentran en el camino, nos sentamos unos minutos a descansar, ella come pasto y bebe agua del río y yo me siento bajo la sombra de un árbol, dentro de poco amanecerá, ya los chicos deben estar despertando para iniciar nuestro día.

—Dylan —saludo a unos de los trabajadores y mi mejor amigo, que se cruza a mi regreso. Luego vi a los demás— Nickolas, Roberto.

Veo a unos tres caballos en los corrales y me bajo de mi yegua, Indomable para llevarla junto con los demás.

—Solo faltan cuatro caballos más —me responde Dylan— buenos días —toca su sombrero y sigue.

Duncan me aborda por la espalda cuando cierro la puerta del corral y me abraza.

—Preciosa —huele mi cabello como a mí antes me gustaba— ¿cómo amaneces?

—Bien, Duncan, pero no hagas eso aquí —espeto molesta.

—Pero… Vamos Cass —se queja.

—Dije que no —gruñí molesta, y se alejó de mí con un suspiro de exasperación— ya te dije que lo nuestro se acabó Duncan, fue divertido…

—¿Divertido? —preguntó ofendido— yo no te quería para algo divertido, Cassidy.

—Nunca hablamos de nada serio, Duncan —blanqueé los ojos perdiendo la paciencia— de hecho, te encontré divirtiéndote con Jazmín, así que no sé a qué te refieres, Duncan.

—Estaba ebrio. Lo sabes —me acusa, como si fuera mi culpa.

«Esto es el colmo» pensé para mí.

—¿Qué tal si vas a limpiar las caballerizas? —argumenté molesta— vamos, que no tenemos todo el día.

Se dio media vuelta sin insistir más, pero sé que lo hará. Volverá con sus excusas y tratará de hacerme sentir culpable, cuando lo encontré enrollándose con Jazmín no me afecto tanto como esperaba, me sentí liberada de un peso que no sabía que llevaba.

La muerte de mi padre entumeció muchas cosas hace meses, o simplemente no lo amaba como yo pensaba.

—¿Otra vez molestando? —me pregunta Dylan.

—Sí, que pesado —le comenté, nos reímos mientras terminamos de sacar a los caballos.

A Nickolas le tocó hacer el desayuno esta vez, es algo que se rotaba entre los trabajadores de la hacienda y comimos como una gran familia hambrienta y luego empezamos a lavar los platos. Estamos poniendo los platos en el lavavajillas cuando recibo una llamada.

—Buenos días, Cassidy —me hablan del otro lado del teléfono, frunzo el ceño al no reconocer la voz —te habla Oliver Lennox.

El jefe de todos en la hacienda.

—Señor Lennox, —saludo al ya saber quién es— buenos días.

—Lamento mucho la perdida de tu padre —escucho sus condolencias y eso tensa mi cuerpo, parpadeo varias veces— ¿recibiste las flores?

—Sí, gracias. Estaban muy bonitas, señor Lennox —murmuré torpemente— y gracias por hacerse cargo de su sepelio.

—Es lo menos que podía hacer luego de 30años trabajando en las tierras de mi difunta esposa, su fidelidad y su amor por los caballos —suspira lo que creo que es de tristeza— también lo hice por sentirme culpable por no llegar a tiempo.

—Mi padre… Yo— no sabía que quería decir— gracias —logré atinar a decir.

—Acabo de hablar con mi hijo —anunció entusiasmado de repente, cambiando de tema —va la semana que viene para la hacienda.

—¿Su hijo? —mierda, eso no debe ser bueno— ¿el señorito Lennox viene?

—Sí, Balthazar necesita tiempo libre, no deja de trabajar —me dice de buen humor— además quiero que vea cómo va la hacienda y ver si necesita más personal.

—¿Quiere contratar a alguien más? —pregunté espantada por el giro de esta llamada.

—No, solo quiero que Balthazar me informe como marcha todo. Solo será una semana —me asegura el señor— de todas formas, sabes que puedes contratar o despedir a quien quieras.

—Gracias por informarme, señor Lennox —le contesté.

—Mi esposa quiere visitar la hacienda, iré dentro de mes y medio; cuando acabe mi segunda luna de miel —me cuenta, se escuchaba risueño al teléfono.

—Muy bien, tendré todo preparado para sus llegadas a la hacienda, señor Lennox —le añadí.

—No te preocupes, Cecilia me puede ayudar con eso. Solo dile que tenga todo listo —le quita importancia, pero para mí es algo grande.

Ceci se encarga de la casa grande, ha estado más tiempo que mi papá y que yo, antes era la nana de Balthazar, pero luego de ya no necesitarla como tal se quedó en esta casa cuidando de nosotros como se lo pidió el señor Lennox.

—Así se hará —comenté.

Colgó y me dejó con miles de preguntas en la mente. Balthazar Lennox viene de nuevo a la hacienda, de niña lo veía mucho con su mamá y sentía especial envidia de eso, nos llevábamos como ocho años. La verdad no lo recordaba con claridad

Recuerdo la última vez que lo vi, fue en el cuarto de su madre mientras ella se despedía de él. Yo tenía unos seis años y lloraba mucho, la señora Kim era muy dulce y amable conmigo, pero Balthazar tenía cerca de los quince creo… Siempre fue rebelde y risueño, pero cuando murió su madre se sumió en un ser amargado y triste. Las cosas simplemente empeoraron hasta que se fueron.

Reviso a dos yeguas que están a punto de parir y llamó al veterinario para confirmar la consulta la semana que viene y pase por ellas.

Luego me acerco a Tun-Tun, el caballo de Balthazar, está muy viejo y tiene artritis, siempre se queja de dolor, hay que hacerle masajes y sacarlo a estirar sus patas sin que nadie lo monte, no sería seguro.

Luego de eso reviso a los demás caballos y me voy a la oficina, reviso en la web una vente de caballos que me importa muchísimo, si vendemos algunos de estos caballos y compramos más podemos tener nueva variedad de potrancas. El mejor caballo para procrear es Storm, un pura sangre ganador de muchas carreras en el pasado, se dañó una pata hace dos años y lo querían sacrificar así que lo compró con mi dinero, luego de eso se volvió un activo muy importante en la hacienda.

No sé qué quiera en realidad Balthazar, pero tal vez pueda hablar con él sobre abrir una fundación para recibir caballos maltratados, viejos o enfermos. A veces cuando el animal ya no va a dar más dinero buscan venderlos o sacrificarlos, no quiero que eso pase más, esto puede ser un refugio, ya revise las hectáreas de tierra, si la familia Lennox financia mi proyecto muchas caballos se salvarán.

Se que si la primera esposa del señor Oliver estuviera vivo me dejaría abrir el centro que tengo pensado y no sólo eso, sé que me ayudaría. Pero luego de que murió el señor Oliver y su hijo jamás volvieron.

Luego de un día duro de trabajo, nos sentamos a ver el juego de fútbol, los chicos se ponen algo bulleros, la comida es la orden del día. Son hombres que trabajan en el campo y me incluyo cuando digo que comemos demasiado y que quemamos muchas calorías, aunque mi cuerpo no se note, como igual que estas bestias del campo.

—Deberíamos de salir el viernes en la noche— se le ocurre a Nicholas— vamos, quiero divertirme. En el bar de Boomer podemos hacerlo.

—Solo hay dos bares aquí —decrete— el de Boomer es el mejorcito— todos se ríen — salgan si quieren, el sábado debo levantarme temprano para llevar unos caballos a dos pueblos de acá.

—Es verdad —les recuerda Dylan —no van a dejar a Cass sola ¿o sí?

—No… Váyanse, no tengo problemas — alegue —el viernes los dejamos en el remolque y listo.

—Esa es mi Cass —dicen los gemelos Jim y Jack, dos estadounidenses que buscaban escapar de su pasado, mi padre los acogió bajo su ala y más nunca se fueron.

Luego del juego en el cual perdió Escocia, me fui a descansar.

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