Aria observó la mano que agarraba su muñeca y luego se volvió hacia Reid. "¿Qué estás haciendo?", preguntó ella.
"¿Quieres decir que te culpé a propósito?". En la cara del joven se dibujó una media sonrisa.
"Tu forma de interpretar mis palabras depende de ti. Bueno, ya no te molesto más, tengo que irme ahora. Gracias por salvarme la vida, Sr. Reid". La joven apretó los dientes y acentuó aposta las palabras "salvarme la vida".
Una sonrisa se dibujó en el rostro del chico cuando se dio la vuelta. Esta muchacha era más interesante de lo que pensaba.
"Ya que nos hemos encontrado de esta forma, ¿qué tal si hago de chico bueno y te llevo a casa?". Dicho esto se acercó a ella y la arrastró hasta su coche.
Como sabía que era inútil resistirse, Aria se dejó llevar.
Pero, en el fondo, la verdad es que no quería volver a casa; todo porque que su padre, Milton, tenía de invitada a una mujer que no quería ver más.
"No quiero ir a casa", dijo Aria al rato con placidez.
"Entonces, ¿quieres venir conmigo a casa? Creo que no es conveniente ya que mi abuelo todavía está furioso por el escándalo que provocamos", respondió el joven con serenidad mientras conducía.
Ella lo miró de reojo y comentó: "No te molestes. Déjame en cualquier hotel".
El joven simplemente continuó manejando. "Ya es tarde. ¿Por qué no te vas a casa? ¿De verdad te vas a quedar en un hotel? ¿O vas a dormir con otro hombre esta noche?".
"No tengo que dar explicaciones a gente como tú". La chica giró la cabeza y miró por la ventana.
Un rato después, el auto se detuvo en la puerta del mejor hotel de Ciudad B.
Después de dar las gracias, Aria se bajó del vehículo con premura y se dirigió directamente a la recepción. Fue ahí cuando cayó en la cuenta de que había dejado su bolso en el auto.
Cuando iba a darse la vuelta, alguien colocó su bolso sobre el mostrador. Era Reid, quien se inclinó y le susurró al oído: "Si tanto quieres que esté contigo, solo tenías que habérmelo dicho en lugar de dejar tu bolso en mi auto. Este truco es un poco viejo, ¿no crees?".
Aria había planeado salir para distraerse un poco, pero tras conocer a este chico, su humor había empeorado aún más.
Sacó la identificación del bolso y se la entregó a la recepcionista. "Por favor, una habitación".
"Lo siento, señorita Yan. No tenemos habitaciones disponibles en este momento", se disculpó la recepcionista mientras le devolvía la identificación.
Aria suspiró y guardó la cédula de identidad en su bolso. De repente, Reid la agarró de la mano y espetó: "¡Vamos!".
"¿A dónde?". Cuando quiso protestar, ya había sido arrastrado al ascensor.
Sin responder su pregunta, el joven apretó un botón y llegaron hasta el último piso del hotel.
"¡Espera!". De pie en la puerta del ascensor, la chica inquirió: "Reid Qin, ¿qué demonios estás haciendo?".
"No te preocupes. No te haré nada. Pero si te vuelves a lanzar sobre mí, no responderé de mis actos. Después de todo, soy un hombre, ¿no es cierto?". El chico guio el camino y se detuvo frente a la puerta de una habitación. Abrió la puerta con una tarjeta magnética que sacó de su billetera.
La chica sabía que lo correcto era rechazar los planes del chico, pero por alguna razón no lo hizo.
"Tengo esta habitación reservada para una estancia larga. Te la dejaré prestada por esta noche y no tienes que agradecerme", dijo el joven mientras se apoyaba en el marco de la puerta.
"¿De verdad eres de ese tipo de hombre?", preguntó la chica, levantando la guardia.
"Pero si lo deseas, tampoco me molestaría quedarme aquí contigo". Cuando estaba a punto de entrar, ella se apresuró en pasar, cerró la puerta de golpe y pasó el pestillo.
Sorprendido, el joven se rascó la mejilla por unos segundos. Luego se dio la vuelta y se marchó.
Se preguntaba si de alguna manera este detalle valdría la pena.





