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Los Ángeles, 2012
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Las tres chicas estaban en el estacionamiento viendo que una pareja se llevaba a una niña de la secundaria y le iba regañando.
—Qué bueno que no tengo padres.
—No digas eso, Jocelyn.
—Lo digo porque es cierto.
—Solo algunos padres son estrictos con sus hijos porque quieren lo mejor para ellos y otros son estrictos de forma menos visible.
—Eh, basta de hablar de padres porque nunca llegaremos a un acuerdo —dijo con voz ronca Fei.
—¡Bien! —dijeron ambas chicas.
Las tres chicas comenzaron a caminar para pensar a qué lugar ir, la señora Mailyn le dio permiso a su hija de divertirse sabiendo que estaría con Jocelyn.
—Vivimos en Santa Mónica ¿Qué podemos visitar siendo unas adolescentes de catorce años? —pregunto Jocelyn con las manos en la cintura.
—Bueno, podemos ir al muelle.
—Creo que hace mucho calor para ir a esta hora —razono un poco Fei.
—Sí, tienes razón. —Jocelyn solo hizo un puchero—. Estamos cerca del Montana Avenue.
—Sí, vamos solo a ver.
Las tres chicas se sonrieron y asintieron a su idea fabulosa.
—Gabriela, me contó que en esa calle hacen un festival de comida y en estos momentos tengo mucha hambre.
—No te puedes esperar. —Jocelyn le mostró la lengua a Isabella.
—No creen que es raro… —dijo de la nada Fei.
—¿Qué cosa? —preguntaron al mismo tiempo ambas chicas que se vieron mal.
—El que yo sea una china, Joce, inglesa e Isabella neoyorquina.
—Bueno, si está raro. Tú eres demasiado blanca, ella está quemada. —Isabella le comenzó a golpear—. ¡Hey! ¡Duele!
—Estoy blanca, eres una envidiosa. —Jocelyn le mostró la lengua.
Llegaron al Montana Avenue, comenzaron a recorrer el lugar encontrando varios restaurantes finos a su paso, pero su economía no era buena, así que recorrieron los locales hasta que encontraron a un hombre hablando en un micrófono con música de fondo con la canción Gangnam Style, las tres chicas se acercaron al oír esa música tan contagiosa.
—¡Hola, amigas! ¡¿Gustan entrar al reto de comida?! —dijo un joven de algunos veinte años con gran emoción que las tres adolescentes les dio ganas de participar.
—Pero no tenemos…
—Oh, eso no importa, es gratis y te ganas una tarjeta para recibir todo un año hamburguesas gratis sin importar la cantidad.
—Oh, c-claro —dijo nerviosa Fei que veía el sitio.
—¡Aceptamos, amigo! —dijo confiada Jocelyn.
—Charly, acompaña a nuestras amigas, daremos inicio a nuestro concurso. ¿Quiénes participarán?
—Nosotras dos. —Se adelantó a contestar Jocelyn, señalándose a su mejor amiga y a ella.
—Bien. Entonces buscaré a dos participantes más.
Las tres chicas siguieron al joven llamado Charly.
—Tal vez yo quería participar.
—Por favor, niña. Eres un grillito que apenas escucho tu voz. —Le mostró la lengua y se sentó donde les indico el chico de gorrita de hamburguesa—. Oye, amigo, me gusta tu gorra hamburguesa.
—¿De verdad? ¿Quieres una?
—Sí, para esa chiquilla. —Le mostró a Isabella que miraba el lugar.
—Claro. —El chico se fue a la bodega a buscar una gorra y se la dio a Isabella que lo miro confundida—. La chica rubia de ojos azules me dijo que tú querías esta gorra.
—Ah, sí. G-gracias.
Jocelyn le mostró la lengua y se preparó para comer mientras Fei pensaba en como librarse de comer algo que no le gusta. En otra parte iban cinco chicas millonarias por Montana Avenue, tres de ellas peleaban porque no querían ir a un sitio como ese y menos a comer hamburguesas, pero dos chicas iban impulsadas por la adrenalina de ganar.
—Vicky, si nos acompañas, prometo portarme bien con tu estúpido novio.
—No me importa si lo tratan bien o mal —dijo la adolescente de trece años que era la que más dinero poseía en el banco gracias al trabajo de sus padres.
Victoria Campbell, con trece años, había logrado avanzar un año en sus estudios por su increíble inteligencia y se inscribió en la misma secundaria que sus mejores amigas: Jane Collins, Morgan Watson, Aria Reed y Emily Foster. Las cinco entraron al puesto de comida donde estaban las tres adolescentes antes mencionadas.
—Hola, quiero participar en el concurso.
—¡Por supuesto, amiga!
Nuevamente, Charly les guio a las sillas sobrantes a lado de Fei, que estaba nerviosa, pero tenía un rostro serio mirando a la nada. Victoria miró a esa chica distinta, con ojos rasgados, había visto en películas de los asiáticos, pero nunca los había visto de cerca y a su parecer no era nada fea.
—Pisss, Ari —le susurró a la chica que veía a su mejor amiga, Jane.
—¿Qué? ¿Por qué susurras?
—Esa chica que está a lado de Jane, ¿no crees que es atractiva? —Aria le miro unos segundos y negó.
—Nop. Bueno, a mí no me gusta porque me gustan más los idiotas.
—Aish, ¿Te gusta, Jane?
—No está nada mal, pero me gustan los hombres.
—No sé qué le ves si es un poste andante sin nada que tocar. —Aria se rio un poco y asintió.
—Tienes razón, pero su novio le va a criticar, además Derek es feo.
—Lo sé. Mi padre me insiste que tengo que conocerlo y llevarme bien con él, pero estoy harta de obedecerle.
—Suenas a mi abuela que siempre se queja y al final no hace nada.
—Ca-lla-te.
—Sshh, no me dejan escuchar.
—Mily, ese chico sí que tiene una voz fuerte para que mi plática te distraiga.
—¡¡Daremos inicio al concurso de comida anual!! ¡Este año toco hamburguesas! Para nuestros concursantes serán diez increíbles ejemplares, pero tendrán que comérselo en menos de dos minutos. ¡Comencemos!
El concurso se puso en marcha y Fei como pudo comenzó a comer de la hamburguesa, aunque se rindió cuando se comió tres, Isabella le ayudo al verla que tenía ganas de vomitar de lo llena que estaba.
—Te juro que casi muero.
Victoria no le había perdido de vista hasta que vio como Jane se vomitaba y le ayudaban a bajar de donde estaba compitiendo, solo quedaban Morgan y Jocelyn.
—¡Solo nos quedan dos participantes! ¿Quién ganará este concurso?
Victoria decidió salir del lugar en búsqueda de esa chica que le dio curiosidad, encontró a las dos amigas en la parte del callejón entre las tiendas donde Fei había vomitado.
—¿Te sientes mejor?
—S-sí… en mi vida, vuelvo a comer hamburguesas.
El mundo de la adolescente Victoria Campbell se detuvo al escuchar esa voz, era como viento frío de otoño levantando las hojas secas a su paso y se perdió en esos ojos marrones oscuros. Por primera vez una persona llamo la atención de Victoria Campbell e hizo que dejara sus movimientos automáticos y tomara el control. Victoria salió de ahí con el corazón agitado, escuchando que la ganadora no era Morgan, sino la amiga de esa chica misteriosa.
—Le pude haber ganado. —Todavía seguía manchada de la boca, Aria se acercó a limpiarle molestando a Jane—. Gracias, Ari.
—Debemos irnos, mis padres me llamaron mientras estaban adentro. ¿A dónde fuiste, Victoria?
—No soporte el olor tan asqueroso.
—¿Qué dices si te gustan las hamburguesas? —dijo con obviedad Jane.
—Ya no me gustan desde hoy.
—Bien, vámonos.
Victoria buscó una última vez a esa chica que llamo su atención, pero no la vio por ninguna parte. Las cinco chicas se fueron en el auto de Victoria, que siempre su chofer está disponible para la adolescente por órdenes de sus padres. Al llegar a su mansión, como siempre sus padres no estaban, solo su nana Laura, que cuidaba de ella desde que era una recién nacida.
—Buenas tardes, niña Victoria.
—Buenos tardes, nana Laura. —Le dio un beso en la mejilla, Victoria podía ser caprichosa y malvada, pero nunca lo sería con las personas que le han tratado bien y con buenas intenciones—. Me preguntaba si ¿Alec anda por aquí?
—¿Mi nieta?
—Mhm.
—Oh, sí, está en el jardín, sabes que ama las flores.
—Lo sé. Iré a verla.
—La comida estará servida en veinte minutos.
—¿No vendrán ellos?
—No, lo siento, pero seremos otra vez nosotros.
—No hay problema, espero que haya postre.
—Sí, una deliciosa tarta de limón.
—Suena delicioso. —Victoria salió al jardín trasero y fue directo al invernadero que su madre creo para cuidar de sus plantas porque es una fanática de las flores, pero nunca tiene tiempo de cuidarlas—. ¿Alec?
—Señorita Victoria, hola.
—Dime Vicky.
—Está bien, Vicky.
—Necesito un favor muy grande.
—¿Qué es lo que necesita, señorita Vicky?
—No puedo contigo, bien. Hoy que salimos con mis amigas vi de lejos a una chica de aspecto asiático, pero quiero saber todo de ella. —Saco su celular—. Aquí tienes una foto de ella.
—¿Qué? ¿Cómo le tomaste una foto?
—Soy muy ágil cuando algo o alguien llama mi atención.
—Nunca ha pasado eso, bien, le diré a mi novio para que consiga toda la información hasta más escondida de ella.
—Gracias, Alec, te debo una.
—Solo no se meta en problemas.
—Problemas es mi segundo nombre, pero esto es más… especial. Apúrate que tu abuelita hizo postre, me iré a cambiar.
Alec noto un pequeño cambio de humor en la adolescente Victoria.
—Siempre anda en problemas, la señorita Victoria, pero esto parece especial.
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DATOS
*Gangnam Style/PSY





