"Cásate conmigo, Sofía."
La voz de Elías era firme, pero la mano que sostenía el teléfono temblaba ligeramente, Sofía al otro lado de la línea guardó silencio por un momento, un silencio que a Elías le pareció una eternidad.
"¿Es una propuesta de negocios?", preguntó ella finalmente, su tono práctico y sin un ápice de romance.
"La más importante de nuestras vidas", respondió Elías, mirando por la ventana de su estudio de diseño, la ciudad de México se extendía debajo, indiferente a su desesperación, "Te daré lo que necesites, mi nombre, mi estatus, lo que sea, solo necesito que digas que sí."
"Mándame los detalles a mi correo, lo revisaré con mi abogado", dijo Sofía antes de colgar, no hubo un adiós, ni una pregunta más, solo el clic que sellaba el inicio de su extraño pacto. Elías bajó el teléfono, una extraña sensación de alivio mezclada con vértigo lo invadió, acababa de proponerle matrimonio a una mujer que apenas conocía, una influyente chef con la que había coincidido en un par de eventos sociales, pero era su única salida.
Condujo hacia la mansión de su familia en Las Lomas, una fortaleza de piedra y cristal que alguna vez fue su hogar y ahora se sentía como una prisión, cada objeto, cada cuadro en la pared, le recordaba las expectativas que pesaban sobre él, al entrar, el aire se sentía denso, cargado de una tensión palpable. Su tía lo recibió en el vestíbulo, su rostro una máscara de desaprobación.
"Elías, qué bueno que llegas, tu abuela no ha querido comer, está muy preocupada por ti."
"Estoy aquí", dijo Elías, su voz sonando hueca en el enorme espacio.
Su familia estaba reunida en el salón principal, un tribunal silencioso que lo esperaba, su tío, el patriarca desde la muerte de su padre, lo miró por encima de sus lentes, "Valeria ha estado aquí todo el día, cuidando a tu abuela, es una buena mujer, Elías, no entiendo por qué la tratas así."
La mención de Valeria le revolvió el estómago, su ex prometida, la mujer que había convertido su vida en un infierno, la que lo había humillado en su propia fiesta de compromiso anunciando a todos que él no era "suficientemente hombre" para satisfacerla, una mentira cruel diseñada para herirlo y manipular a su familia.
Justo en ese momento, Valeria bajó por la gran escalera, llevaba un vestido blanco que la hacía parecer un ángel, una visión de inocencia y dulzura, una completa farsa, al ver a Elías, sus ojos se llenaron de lágrimas fingidas y corrió hacia él.
"¡Mi amor, estaba tan preocupada!", exclamó, intentando abrazarlo.
Elías retrocedió instintivamente, un gesto que no pasó desapercibido para su familia, que lo miró con renovada decepción.
"Valeria, por favor", dijo él, su voz un murmullo tenso.
"No te preocupes, yo sé que estás bajo mucho estrés", dijo ella, secándose una lágrima inexistente, "Pero tu familia y yo estamos aquí para ti, siempre lo estaremos."
Elías se sintió atrapado, una presa rodeada por depredadores que vestían ropa de diseñador y sonrisas falsas, la mirada de su familia, la actuación de Valeria, el peso de la enfermedad de su abuela, todo era un nudo que le apretaba el cuello, en ese momento, la decisión que había tomado por teléfono se sintió menos como una locura y más como la única balsa en medio de un océano embravecido, casarse con Sofía, una extraña, era su única forma de escapar, su único camino hacia la libertad.





