La noche de la Feria de Abril, el aire de Sevilla olía a vino dulce y a fritura.
Dentro de la caseta, el calor era sofocante, mezclado con el ruido de las sevillanas y las risas.
Yo estaba radiante.
En mi mano, apretaba la carta de admisión de la RESAD, la escuela de arte dramático de Madrid.
Mi sueño.
Nuestro sueño.
Javier me había prometido que iría conmigo.
Él estudiaría en la Complutense, y construiríamos nuestra vida juntos en la capital.
Llevaba toda la vida esperando ese momento.
Javier, el hijo de los bodegueros más ricos de la zona, el chico por el que todas suspiraban, me había elegido a mí, su vecina, la chica que bailaba flamenco desde que tenía uso de razón.
Le busqué con la mirada, ansiosa por compartir mi alegría.
Lo vi al fondo, rodeado de sus amigos, con una copa de manzanilla en la mano.
Su risa resonaba por encima de la música.
Me acerqué, escondiéndome detrás de una columna para darle una sorpresa.
Pero la sorpresa me la llevé yo.
Su amigo, Nacho, le dio una palmada en la espalda.
"Tío, ¿así que de verdad te vas a Madrid a hacer de niñera de la Isa?"
Javier soltó una carcajada.
"¿Estás loco? ¿Yo a Madrid? Ni de coña."
"Entonces, ¿todo ese rollo de la Complutense...?"
"Pura fachada, hombre. Tenía que quitármela de encima de alguna forma. La tía es un plomo, siempre pegada a mí. No me deja ni respirar."
El mundo se detuvo. El ruido de la feria se convirtió en un zumbido sordo en mis oídos.
"¿Y qué vas a hacer? Ella ya tiene su plaza."
"Ya. Pues que le vaya bien. Yo me piro a Barcelona. Tengo una plaza en ESADE para finanzas internacionales. Mi padre está que no cabe en sí de orgullo."
"Joder, Javi, eres un cabrón. ¿Y ella lo sabe?"
"¿Para qué? Que se vaya a Madrid ilusionada. Cuando esté allí, ya se le pasará el disgusto. Así me libro de ella para siempre. Necesito aire, tío, aire."
Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.
La carta de admisión en mi mano de repente pesaba una tonelada.
Me di la vuelta, sin hacer ruido.
Nadie se dio cuenta de que me iba.
Nadie notó cómo mi mundo se había hecho añicos en mitad de la alegría de la feria.





