Verena podía sentir el descontento de Darren flotando en el aire, casi como si pudiera saborearlo. Pero ella no lo había obligado a buscarla; él había ido por su propia cuenta. Si ahora estaba atrapado en esa situación, era su responsabilidad.
"Tal vez deberías esconderte un momento", sugirió la joven, notando la tensión en él.
"¿Esconderme? ¿Yo?", soltó Darren, con el rostro contraído por la incomodidad que le causaron esas palabras.
'¿Por qué debería esconderme como si fuera un adúltero atrapado? Apenas intercambié algunas palabras con Verena, ¿por qué debería de esconderme', se dijo.
"Muy bien, ¡entonces salgamos con la cabeza en alto! De todas formas, no tengo nada que perder. ¡Y quién sabe, tal vez tu influencia me ayude a cancelar este compromiso!", respondió la chica.
"Verena, ¿con quién hablas?", preguntó una voz femenina desde el otro lado de la puerta, acompañada por el sonido de un ligero empujón.
Aunque reacio, Darren se deslizó rápidamente detrás de la cortina.
Verena abrió la puerta, colocándose en el umbral para impedir que la intrusa entrara. No era otra que Shirley Larson, su confidente desde hacía años... y la amante actual de Eric.
Shirley era la viva imagen de la belleza frágil y delicada: sus ojos, maquillados con rímel rojo, despertaban simpatía; además, su atuendo, un top con tirantes finos, dejaba al descubierto las marcas que Eric había dejado en su piel.
"Verena, te ves impresionante hoy", comentó Shirley, mirándola con envidia, sus ojos fijos en el elegante vestido de su amiga.
"¿A qué estás jugando?", le cuestionó la aludida, sin molestarse en ocultar su desdén.
"Amiga, tú conoces mi historia. Mi familia es muy pobre y yo estoy desamparada: mi madre me abandonó y mi padre es un adicto al juego. Eric es lo único que me queda. No te comprometas con él, por favor... Por lo que más quieras, devuélvemelo. No tienes idea de cuánto lo amo", suplicó Shirley, con los ojos llorosos.
"¡Eres una amante bastante descarada! ¡Es la primera vez que me topo con alguien así!", dijo Verena, dedicándole una mirada gélida.
"Desde que naciste lo tienes todo, así que no puedes entender mi dolor. ¿Por qué tienes que quitarme a Eric?", continuó Shirley, arrodillándose ante Verena. "Por favor. Te lo imploro...", suplicó la sinvergüenza, cada vez más desesperada.
Antes de que Verena pudiera reaccionar, Eric intervino y levantó a su amada. "Shirley, ¿qué estás haciendo?", le preguntó, con la voz temblando por el dolor que le causaba verla en ese estado.
"Verena, ¿por qué meterla en nuestro problema? Ella es frágil y la estás llevando al límite al obligarla a arrodillarse. ¿Cómo puedes ser tan cruel?", le acusó el infiel.
"Eric, para que quede claro: Shirley vino aquí por su cuenta, y se arrodilló porque quiso. ¡Yo no le pedí nada!", se defendió la acusada.
"No la culpes. Todo es mi culpa. Mi amor por ti me ciega. No soporto verte con otra persona", intervino Shirley, aferrándose al brazo de su amado.
Verena sintió una oleada de repulsión ante la teatral escena. Justo cuando iba a cerrar la puerta, las palabras de Eric la detuvieron en seco.
"Aunque me case contigo, nunca te amaré. Nunca te tocaré. ¡Así que lo mejor es que te rindas!", declaró el hombre, ni siquiera soportaba verla
Verena tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no carcajearse ante su absurda declaración.
"Ustedes dos deberían considerar dedicarse a la comedia. Pero dejemos algo claro: es la familia Briggs, no yo, quien se interpone entre ustedes. ¡Son tan patéticos!", escupió Verena cada palabra, antes de encerrarse con un portazo.
Al instante, Darren salió de atrás de la cortina; había escuchado cada palabra de la discusión.
"¿Lo ves? Incluso si me acostara con cien hombres, no sentiría ni una pizca de culpa por tu querido sobrino", comentó ella, imperturbable.
Por un instante, Darren se quedó en silencio, sin saber qué responder.





