Contrato de amor: Un juego de seducción

* * * * * * * * * * JADED * * * * * * * * * * *

—Bueno… —susurro al salir de la tienda— muchas gracias —le digo al desconocido mientras detengo mi andar.

—No tienes nada de qué agradecer —responde él al mirarme—. De hecho, soy yo el que te debe unas disculpas —agrega apenado—. Yo… venía corriendo y no me di cuenta de que…

—No se preocupe —me apresuro en responder—. Yo también he tenido responsabilidad —le digo de forma comprensiva—. También venía distraída pensando en…

Me detengo de hablar al recordar el motivo por el cual empecé a caminar rápidamente para llegar a mi departamento cuanto antes y, así, poder encerrarme en mi habitación a llorar.

Me gustaba que Evan pudiera haber logrado concretar una relación con Carrie; sin embargo, me era inevitable no poder sentir algo de tristeza.

—¿Señorita? —escucho la voz del desconocido al tiempo en que veo una mano pasar frente a mis ojos— Señorita —escucho una vez más (un poco más fuerte) y, ahí, recién reacciono.

—¿Ah? ¿Qué? —respondo algo confundida.

—¿Señorita, se siente bien? —me cuestiona él l mirarme con curiosidad—. ¿Hay algo más que, tal vez, pueda hacer por usted? —agrega.

—No, no, no, no —niego rotundamente—. Perdón, perdón —agrego apenada de forma inmediata.

—Tranquila, no se preocupe —responde relajado al sonreír.

—Lo lamento —expreso con total sinceridad—, pero tranquilícese usted también —le pido—. Mi único problema era mi ropa mojada —le preciso al mirarlo—, pero ahora ya está todo resuelto; así que no hay necesidad de algo más —puntualizo firme.

—¿Está segura? —cuestiona él no muy convencido.

—Completamente segura —respondo con mucha firmeza; y le sonrío (gesto al cual soy correspondida, de la misma manera, por el extraño).

—¿Completamente segura? —vuelve a cuestionar él; y yo sonrío.

—Completamente —determino al mirarlo a sus ojos, los cuales eran bastante bonitos.

«Pero ningunos como los de Evan», precisa mi subconsciente.

—Tal vez, podría acompañarla hasta su casa —propone el desconocido de forma repentina.

Y digo de forma repentina porque creo que no había la necesidad de ello.

—No se preocupe —le reitero—. Yo estoy bien y; además, vivo demasiado cerca a esta zona —le miento, ya que, en sí, este parque no estaba tan cerca de mi casa—. Así que no hay necesidad; no se preocupe —concluyo sonriente.

—Bien… —susurra él al no estar convencido al cien por ciento todavía.

—Bueno… cuídese —le digo—. Muchas gracias por la ropa y… —me callo.

—¿Y? —articula él en forma de pregunta.

—Y… —alargo— nada —puntualizo—. Solo… muchas gracias otra vez.

—No tiene nada de qué agradecer —responde; y sonríe para mí.

—Bueno, me voy —menciono—. Adiós —murmuro y luego, empiezo a caminar rumbo a mi departamento a hacer lo que tenía planeado: llorar para poder dejar salir la especie de frustración que sentía por no haber hecho lo que hace demasiado tiempo debí haber realizado.

«Pero bueno… ahora ya es tarde», sentencio en silencio mientras sigo caminando.

Saco mi celular, el cual, por suerte, no había sufrido daño alguno, y después, me coloco bien mis audífonos inalámbricos.

Ahora, continuaba mi rumbo con la compañía de una canción que me encantaba: “Every breath you take” de “The Police”. Creo que, después de todo, el tema era perfecto para este día tan… diferente y determinante para mí. Llevaba demasiados años enamorada en silencio de mi mejor amigo y esto, de alguna manera, me asfixiaba. Me asfixiaba porque, muchas veces, sentí la necesidad de confesarle lo que sentía por él; sin embargo, estaba casi segura de que aquello sería una pésima idea, ya que tenía la extraña sensación y sospecha de que, si hacía ello, Evan se alejaría completamente de mí.

—Creo que no debería escuchar música en tan alto volumen —oigo una voz muy cerca de mí, la cual logra que yo me sobresaltara.

—Pero qué… carajos —articulo en un susurro ahogado y, a los segundos, el desconocido se coloca delante de mí y me detiene—. Pero… ¿qué hace aquí? —cuestiono incrédula al observarlo.

—Regresaba hacia mi auto —me responde relajado al sonreír.

—Me asustó —le informo algo desconcertada aún—. No debería hacer eso —le recomiendo al tiempo en que respiro profundamente para tranquilizarme por completo.

—Lo siento, no creí que hablarle muy cerca la sobresaltaría demasiado —menciona.

—No, descuide —le digo al verlo apenado—. Pero sí…, este tipo de cosas me sobresaltan más de lo que debería —le comunico—. Aunque más cuidado debería tener usted —añado de pronto; y aquel frunce su ceño al no entender a lo que me refería; y yo sonrío ante ello.

—¿A qué se refiere? —pregunta interesado.

—Sé defenderme —es lo único que le digo—. Un solo movimiento más, el que sea, y usted ya habría estado en el piso —preciso muy seria; y aquel sonríe para después empezar a reír ligeramente.

—Entonces es usted de temer —precisa divertido.

—No estoy bromeando —le digo muy seria; y aquel deja de sonreír.

—Está bien, lo siento —responde para después, colocarse a mi lado y, así, dejarme seguir mi camino otra vez.

—¿Dejó su auto por aquí? —interrogo interesada, ya que, después de todo, el tipo no me inspiraba demasiada confianza (pareciese que me estuviera siguiendo o, tal vez, solo era paranoia mía).

—Sí —contesta—. Es el que está allá —señala y, cuando sigo hacia donde señalaba su dedo, me encuentro con una verdadera belleza.

—¿Ese es su auto? —interrogo incrédula al retornar mi mirada a aquel.

—Sí —responde relajado mientras sonríe—. ¿Le gustan los autos de colección? —cuestiona de pronto.

—Sí… —susurro impresionada al seguir viendo la belleza de cuatro ruedas que estaba a unos metros de distancia de mí.

—Si desea, puede acercarse a verlo —propone gentil.

—Ah… no, gracias —contesto no muy animada, puesto que moría de ganas por revisar, más de cerca, cada detalle del automóvil; sin embargo, no sabía qué tan seguro era aproximarme al auto de un desconocido sin ser secuestrada—. Está bien así —agrego mientras sigo mi rumbo.

—¿Está segura? —pregunta divertido al observarme— Porque no lo parece —añade.

—Sí, estoy segura —contesto sin dejar de caminar.

—No soy ningún secuestrador —comenta de pronto.

—¿Y cómo puedo estar segura de eso? —pregunto al mirarlo; y aquel sonríe.

—Porque si fuera un secuestrador, creo que no elegiría un lugar público y tan concurrido como este para cometer mi fin—indica con seguridad—. ¿No cree?

—Creo que… esa sería la clase de justificación que daría un secuestrador —respondo un tanto divertida.

—Veo que tiene usted buen sentido del humor —manifiesta él al mirarme.

—Y yo veo que usted no tiene claro el concepto de “buen sentido del humor” —respondo con diversión y, aquel extraño, sonríe.

—Reafirmo lo que le dije —es lo único que se limita a responder para después continuar caminando.

—Gracias una vez más por su amabilidad —le digo al desconocido cuando debo seguir otra calle muy distinta a la que se encontraba su auto—. Espero que tenga un buen día —concluyo y le extiendo una mano, la cual aquel recibe y la estrecha.

—Gracias a ti —responde— y disculpa por haberte lanzado a la fuente de agua —sonríe; y yo hago lo mismo—. Que… también tenga un buen día —finaliza y, después de ello, cada uno sigue su camino.

«Bueno… sigamos», es lo único que me digo, en silencio, para continuar con mi rumbo.

—Ay, qué hermosa canción —expreso cuando he vuelto a reproducir música en mi celular y, en esta oportunidad, “Thank you for loving me” de Bon Jovi comienza a retumbar en mis oídos.

Me permito disfrutar, tranquilamente, de aquella canción cuando, de repente, veo la imagen del desconocido posicionarse frente a mí, pero a unos cuantos metros de distancia.

Al verlo, nuevamente, me detengo, pauso mi música y, finalmente, lo miro de forma atenta.

—¿Ahora qué sucede? —le pregunto algo extrañada.

—Lamento ser tan molestoso e incluso provocar miedo, ya que tiene motivos suficientes para desconfiar de mí —precisa—, pero… no me siento bien así —confiesa de forma repentina.

—No entiendo…

—Me gustaría poder acompañarla hasta su casa —suelta de pronto—. Yo…

—No es necesario —lo interrumpo—. En serio, estoy bien, ya no tiene nada de qué…

—Por favor —me interrumpe—, la tiré a una fuente de agua y, si bien le compré la ropa, me sentiría mejor si me dejara acompañarla —indica—. Si desea, vamos caminando —propone—. Yo no tengo problema alguno con ello —comunica—. Y si eso no le parece suficiente, puede tomarme una fotografía a mí y a la placa de mi auto y enviársela a sus padres o a una de sus amigas —agrega y, cuando dice ello, no puedo evitar reírme ligeramente.

—¿En serio dejaría que le tome una fotografía a usted y a la placa de su auto? —interrogo divertida.

—Si con eso acepta que la acompañe hasta su casa, sí —responde firme.

—Wao… —siseo un poco incrédula al no poder creer en lo que decía—. ¿Lo dice en serio? —vuelvo a preguntar— Porque yo sí le tomaría la palabra —le advierto; y aquel asiente con seguridad, lo cual me sorprende demasiado.

—¿Quiere tomarme la foto ahora? —es lo único que agrega después de mi advertencia.

—Está bien… —acepto—, pero solo le tomaré una foto a usted y a su auto, no a la placa —le señalo.

—Bueno, como usted desee —precisa y, luego de ello, procedo a tomarle una foto, la cual envío a Amy.

No pasan más de dos minutos cuando recibo un mensaje de mi mejor amiga preguntando… “¿Y quién es ese bombón?”, lo cual me hace sonreír, pero más allá de explicaciones, solo le respondo… “Solo es por precaución”.

—Le acabo de enviar su fotografía a mi mejor amiga —le comunico al desconocido.

—Bien, me parece bien —contesta él.

—Ahora… su auto —determino mientras camino hacia aquel y, cuando llego, no pierdo el tiempo y me dedico a fotografiarlo de todos los ángulos posibles.

—Veo que le gusta mucho —articula él al sonreír.

—Tiene un auto realmente fantástico —le comento mientras termino de fotografiar a la belleza que tenía al frente—. Bien… —exhalo con suavidad— eso sería todo —concluyo al tiempo en que le envío una foto del automóvil a mi amiga.

—Ahora sí… ¿puedo acompañarla? —cuestiona él; y yo me giro a verlo.

—Sí, ahora sí —respondo al observarlo con curiosidad—, pero antes… —alargo— ¿puedo hacerle una pregunta?

—Claro… dígame

—¿Por qué el empeño en acompañarme? —le pregunto interesada al hablar suavemente.

—Pues… primero, porque creo que es lo que debo hacer —indica—. Segundo, porque mi padre me mataría si supiera que no acompañé, hasta su casa, a la mujer que tiré a una fuente de agua por mi imprudencia al correr sin tomar en cuenta a los demás —manifiesta serio— y, por último, pero no sé si sea apropiado decirlo… —menciona— porque… —articula dudoso.

—Porqueee… —alargo como para que aquel continuará.

—Porque, tal vez, me equivoque —precisa—, pero creo que usted no se encuentra muy bien —señala de forma repentina al mirarme fijamente—. Parece que hubiese recibido una noticia no muy agradable o que, si bien no me incumbe, estuviese pasando por un mal momento —concreta algo apenado—. Porque, no es que quiera librarme de cualquier responsabilidad, pero yo venía gritando —me informa— y me pude dar cuenta de que me había robado la atención de todos en el parque —añade—. Y me parece un poco extraño que usted no me haya escuchado, lo cual quiere decir que ha estado muy distraída y pensativa —formula— y creo que no debería andar caminando así, sola, por las calles, ya que podría accidentarse —concluye y, al terminar de escuchar sus razones, me quedo estática y preguntándome que…

«¿Acaso soy tan evidente?», formulo en mi mente.

—Lo lamento, no debí haber dicho eso —vuelvo a oír la voz del desconocido.

—No, no, no se preocupe —respondo de inmediato—. Está todo bien, pero, si es por eso que quiere acompañarme, entonces le pediría que no se moleste en hacerlo —señalo tajante—. Mi casa está muy cerca y llegaré a ella cuanto antes —afirmo—. Gracias de todas maneras —agrego y, luego de pronunciar aquello, me giro para seguir con mi rumbo.

—Por favor, no —me pide el hombre al pararse frente a mí—. Lamento haber sido muy indiscreto; en serio, realmente, lo lamento —manifiesta muy apenado—, pero recuerde que esa es solo una de mis razones —enfatiza—. La principal es porque deseo acompañarla; no me sentiré tranquilo hasta que me cerciore de que llegó bien a su casa —destaca con firmeza—. Lamento mucho mi indiscreción, pero, en serio, me gustaría acompañarla —sentencia y, ante sus palabras, no me queda más que aceptar.

Aceptar porque, después de todo, si yo notara que alguien no se siente bien, pues también haría lo mismo.

—Está bien… —acepto no muy animada—, pero le tengo que confesar algo…

—¿Qué cosa? —pregunta interesado.

—Mi casa no está tan cerca —le informo; y aquel sonríe.

—Ese no es ningún problema para mí —señala con seguridad.

—¿Seguro? —cuestiono nuevamente—. Porque, en realidad, no está muy cerca —le recalco; y aquel sonríe mucho más.

—Pues… —alarga— en ese caso, creo que deberíamos apresurarnos en ir hasta su casa para que yo pueda regresar por mi auto —señala.

—Cierto… su auto —menciono apenada—. En ese caso, creo que lo mejor es que se quede —sentencio firme.

—No, claro que no —refuta él—. La voy a acompañar, luego, puedo tomar un taxi para regresar por mi auto —precisa tajante.

—Bueno… como usted quiera —le digo—, pero ya le advertí que mi casa no está nada cerca.

—Y yo ya le dije que ese no es problema para mí —recalca.

—Yo ya le advertí —repito y, después de nuestra conversación, ambos empezamos a caminar rumbo a mi departamento.

—Por cierto, me llamo Steven —pronuncia él de forma repentina; y yo sonrío.

—Es cierto, no nos hemos presentado —puntualizo mientras camino a su lado—. Yo me llamo Jaded —me presento.

—Pues… un gusto, Jaded —articula él al extenderme una de sus manos, la cual recibo gentil.

—Un gusto, Steven —respondo al mirarlo por unos segundos para después regresar mi atención al frente y continuar con el trayecto.

—Me causa curiosidad tu nombre —comenta él— ¿Por qué te pusieron así? —cuestiona con interés.

—¿Quiere que le cuente la historia de mi nombre?

—Si no le molesta —responde amable al mirarme.

—Bueno… —suspiro— se la contaré —le digo y, así, nos dirigimos a mi casa mientras me dedico a contarle el por qué mis padres decidieron llamarme “Jaded”.

Seguir leyendo
Lee la novela completa en Moboreader
UDesbloquear todos los capítulos
Abrir el sitio web oficial
Capítulos
Personalizar

También te puede gustar

Logo
Tu guía para los mejores dramas cortos en línea. Avances de episodios gratuitos, información completa del elenco y enlaces a plataformas oficiales, todo en un solo lugar.
©2026 PinesDramas. Todos los derechos reservados.