El día siguiente comenzó con una sensación inquietante en el pecho. Mientras caminaba hacia el hospital, mi mente seguía atrapada en la imagen de esa joven maltratada y del hombre misterioso que la había traído. Había algo extraño en todo aquello, algo que no encajaba, y la falta de respuestas me estaba volviendo loca.
Tan pronto como llegué, busqué a una de mis compañeras en el área de admisiones. Sandra, una de las enfermeras más amables del turno nocturno, estaba organizando algunos expedientes.
"Hola, Sandra. ¿Tienes un minuto?" pregunté, tratando de sonar casual.
"Claro, Mary. ¿Qué necesitas?" respondió sin levantar la vista.
"Anoche atendimos a una chica. Era joven, con heridas en el rostro y los brazos. Llegó acompañada por un hombre alto, muy serio. ¿Recuerdas algo de eso?"
Sandra frunció el ceño, dejando a un lado los papeles. "¿Anoche? No recuerdo a nadie con esas características. La noche estuvo bastante tranquila, ¿no?"
"Sí, pero... yo lo vi. Estoy segura. Él exigió que la atendieran de inmediato, y luego desapareció. ¿Estás segura de que no hay nada en los registros?"
"Mary, créeme. Revisé los registros esta mañana, y no hay nada. Quizá fue en otro hospital."
No podía ser. Algo no estaba bien. Decidí buscar por mi cuenta, recorriendo los pasillos y preguntando a otros compañeros. Nadie sabía nada. Era como si esa chica y ese hombre nunca hubieran existido.
Cuando llegó la hora de la cena, me senté en el comedor con Luis, un colega del área de pediatría. Luis era un buen tipo, siempre amable y dispuesto a ayudar. Había notado que me miraba con cierta admiración, pero nunca le di demasiada importancia.
"Pareces distraída," comentó mientras se sentaba frente a mí con su bandeja.
"Un poco," admití, moviendo el puré de papas en mi plato.
"¿Qué pasó? ¿Todo bien en tu turno?"
Dudé por un momento, pero decidí hablar. "Ayer llegó una chica al hospital, estaba muy malherida. La trajo un hombre... un hombre bastante imponente. Pero hoy nadie parece saber nada de ellos. Ni registros, ni testigos, nada. Es como si nunca hubieran estado aquí."
Luis dejó de comer, su rostro se tensó de inmediato. Intentó disimularlo, pero su reacción fue evidente. "¿Qué más da? Aquí vienen muchas personas, Mary. Seguro es un malentendido."
"No, Luis. Yo los vi. Algo extraño pasó. ¿Sabes algo al respecto?"
Él apartó la mirada, clavando los ojos en su bandeja. "Deberías olvidarlo, Mary."
"¿Olvidarlo? ¿Por qué?"
Luis suspiró, incómodo. "Porque hay cosas de las que es mejor no hablar. Créeme, no quieres meterte en problemas. Por tu bien, deja este asunto y concéntrate en tus estudios."
Eso solo encendió más mi curiosidad. "Luis, por favor, dime qué sabes. ¿Quién era ese hombre? ¿Y qué pasó con la chica?"
"No puedo," respondió rápidamente, casi en un susurro. "Y tú tampoco deberías preguntar. Mary, escúchame bien. Esto no es algo en lo que debas involucrarte. No tienes idea de quién es él ni de lo que puede hacer."
"¿Qué puede hacer? ¿Es peligroso?"
Luis me miró directamente a los ojos, y por primera vez en todo el tiempo que lo conocía, parecía asustado. "Más de lo que imaginas. Por favor, hazme caso. Olvida que viste algo. No vuelvas a preguntar. Haz como si nunca hubiera pasado."
Me quedé en silencio, procesando sus palabras. Quería insistir, pero la seriedad en su voz me hizo dudar. Había algo oscuro detrás de todo esto, algo que claramente aterraba a Luis.
"Está bien," dije finalmente, aunque no tenía ninguna intención de dejarlo pasar.
Él asintió, aliviado, y cambió de tema rápidamente, hablándome sobre un caso que había atendido esa mañana. Yo fingí escucharlo, pero mi mente estaba en otro lugar. Por más que intentaran advertirme, sabía que no podía ignorar lo que había visto.
Había algo más grande detrás de ese hombre y la chica. Y aunque me aterraba descubrirlo, mi curiosidad era más fuerte. Sabía que esto apenas comenzaba.





