El olor a aserrín mojado y el frío del lodo se filtraban por mi ropa rota, sentía un dolor sordo en todo el cuerpo, pero lo que más dolía era el sonido que venía de adentro de la carpa principal, las risas, los aplausos, la música triunfal, todo era para ellos, para mi hermana Valentina y para Ricardo, el hombre que yo amaba.
Me habían echado del circo, de mi hogar, de mi vida.
Mi abuela, Doña Elena, la matriarca del Circo Estrella, me había desterrado frente a todos, llamándome ladrona y traidora.
Y yo, Sofía, simplemente me quedé ahí, en el barro, mientras la lluvia lavaba la sangre de mis rodillas y las lágrimas de mi cara.
El frío se volvió insoportable, mis párpados pesaban una tonelada, y justo cuando pensé que iba a morir ahí, sola y olvidada, una luz brillante me cegó.
El calor del sol me golpeó la cara, el olor ya no era a lodo, sino a palomitas de maíz y algodón de azúcar, los sonidos ya no eran de mi propia agonía, sino del murmullo emocionado de la gente del circo.
Abrí los ojos de golpe.
Estaba de pie en el centro de la pista, bajo la carpa principal, la misma carpa de la que me habían expulsado.
Mi cuerpo no dolía, mis ropas estaban limpias, y frente a mí, en su trono improvisado, estaba mi abuela, Doña Elena, con su imponente presencia.
Miré a mi lado, ahí estaba Valentina, mi hermana gemela, sonriéndome con esa dulzura falsa que ahora me revolvía el estómago.
Y un poco más allá, apoyado en un poste con una sonrisa coqueta, estaba Ricardo, el malabarista, mirándome como si yo fuera el centro de su universo.
Mi corazón se detuvo.
No, no podía ser.
Esto era un sueño, una alucinación antes de morir.
Pero todo se sentía demasiado real, el calor, los olores, las caras conocidas de los otros artistas que nos rodeaban.
Entonces, la voz de mi abuela resonó en la carpa, y cada palabra fue como un martillo golpeando mi alma.
"¡Artistas del Circo Estrella!"
Su voz era fuerte y clara, llena de la autoridad que nadie se atrevía a cuestionar.
"Como saben, yo, Elena, ya no soy joven, mis manos ya no son firmes y mi vista se nubla, es hora de que una nueva estrella guíe nuestro circo."
Un silencio expectante llenó el lugar.
"Mis dos nietas, Sofía y Valentina, han crecido bajo esta carpa, la sangre del circo corre por sus venas, pero solo una puede heredar la carpa principal, solo una puede convertirse en la próxima gran estrella."
Sentí la mirada de todos sobre nosotras.
Valentina se acercó a mí y me tomó la mano, su piel se sentía suave, pero para mí era como tocar una serpiente.
"Hermanita, qué emoción" , susurró, sus ojos brillando con una ambición que solo yo podía ver.
Aparté la mirada de ella y me enfoqué en Ricardo, él me guiñó un ojo, una promesa silenciosa de que estaríamos juntos en esto.
En mi vida pasada, ese guiño me había hecho sentir mariposas en el estómago, ahora, solo sentía un frío glacial.
Odio.
Un odio tan puro y profundo que me asustó.
Odiaba a Valentina por su traición, por su cara de ángel que escondía un demonio, odiaba a Ricardo por usar mi amor y mis secretos para su propio beneficio y odiaba a mi abuela por ser tan ciega, por dejarse engañar por las lágrimas de cocodrilo y las mentiras bien actuadas.
"El desafío es simple" , continuó la abuela, su voz cortando mis pensamientos oscuros. "Quien de ustedes dos logre crear y presentar el acto más original, el más conmovedor, el que haga que el público llore y ría al mismo tiempo, heredará todo."
La abuela hizo una pausa, mirando a toda la compañía.
"La ganadora no solo tendrá la carpa principal y el nombre de estrella, tendrá la lealtad de esta familia y un futuro brillante, la perdedora… bueno, en el circo no hay lugar para el segundo mejor."
Las palabras de mi abuela encendieron un fuego en los ojos de los demás artistas, se oían murmullos de emoción y envidia, todos soñaban con una oportunidad así.
Pero yo ya había vivido esto.
Sabía que no era una competencia justa, era una trampa.
Una trampa diseñada para destruirme.
En la vida anterior, yo había ganado, mi acto con Ricardo fue perfecto, el público me ovacionó de pie, lloraron con la belleza y el peligro de nuestro número, un truco familiar que me costó una lesión permanente en el hombro, un sacrificio que hice por amor, por el arte, por la aprobación de mi abuela.
Pero en el momento de mi triunfo, Ricardo me soltó, me dejó caer simbólicamente y corrió a los brazos de Valentina.
Él anunció que nuestro acto solo fue un "ensayo" para su verdadera presentación con el amor de su vida, mi hermana.
Valentina lloró, diciendo que yo le había "robado" el amor de Ricardo, que lo había manipulado para crear mi acto.
Y todos, incluida mi abuela, le creyeron.
Fui despojada de mi victoria, de mi honor, de mi familia.
Ahora, de vuelta en este maldito día, sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
La multitud vitoreaba, Valentina sonreía y Ricardo me miraba con falso amor.
Pero yo ya no era la misma Sofía ingenua.
El dolor y la traición me habían cambiado.
Esta vez, Ricardo no tendría mis secretos, Valentina no tendría mi sacrificio para robar, y mi abuela… mi abuela vería la verdad, aunque tuviera que quemar el circo hasta los cimientos para que la viera.
Una idea terrible y oscura nació en mi mente.
Si no podía tener justicia, tendría venganza.
Si este mundo, este circo, esta familia, estaba empeñada en destruirme, entonces yo los destruiría primero.
A todos.





