10 de mayo 2006
No puedo creerlo, lo logré, gané el campeonato y no puedo dejar de sonreír mientras veo mi medalla de oro que baja hasta mi pecho. Mientras nos alejamos del estadio olímpico puedo ver los flashes de las cámaras de los fotógrafos de las revistas más importantes de Roma intentar fotografiarme mientras voy en el auto con mis padres saliendo del lugar.
En el momento que nos alejamos quito el ramo grande de rosas rojas de mis pequeñas piernas poniéndolas a mi lado para inclinarme hacia delante y ver a mis padres no dejar de sonreír, mamá no deja de llorar por la felicidad de que su pequeña de seis años haya ganado y papá no deja de sonreír.
- ¡Lo hiciste de maravillas mi bebé!- me dice mamá orgullosa al voltearse en su asiento para poder acariciar mi mejilla y verme a los ojos.
No puedo evitar sonreírle en agradecimiento, papá me mira por el espejo retrovisor , también tiene los ojos cristalinos.
-Estamos muy orgullosos de ti mi pequeña flor, nunca lo olvides, ¿De acuerdo Alice?- me habla con esa voz que siempre he amado, si bien uno ama a sus padres con un amor gigante, siempre eres más apegado a uno, y en este caso es mi padre.
-No papi, no lo olvidaré- le digo al reír mientras mamá acaricia mi cabello que seguro está muy diferente a como inicié la competencia.
- ¿Lo prometes Alice?- me pregunta al voltearse para hacer la promesa que siempre hemos hecho del meñique y a gusto voy a entrelazar su dedo con el mío.
- ¡Lo prometo!- le digo sincera al mirarlo a los ojos.
- ¡Richard cuidado!- grita mamá tan fuerte que nos espantamos.
- ¡Cielos!- exclama papá asustado.
Todo sucede muy rápido, gritos y un fuerte choque que hace que me golpee muy fuerte y todo de inmediato se torne oscuro.





