Capítulo 3:
En otra parte de la ciudad, Jaiden estaba sentada en la oficina desde donde dirigía su galería de arte, sumida en pensamientos profundos sobre lo que había sucedido la noche anterior con Skandar. Recordaba cada detalle, cada momento, pero era difícil procesarlo todo. La imagen de las marcas de los azotes en su cuerpo seguía resonando en su mente, creando un torbellino de emociones. Se preguntaba por qué le había permitido que él hiciera eso, y si estaba bien que le hubiera gustado.
La mezcla de satisfacción y confusión la asaltaba. Por un lado, había algo fascinante en la manera en la que Skandar había sabido llevarla a explorar nuevas facetas de su deseo. Pero, por otro lado, la autoexigencia de lo que era correcto y aceptable en una relación la mantenía inquieta. Sus amigos y compañeros de trabajo, al notar su distracción, se acercaron con preocupación. Susan, Robbie y Lucy intercambiaron miradas antes de acercarse a ella.
-¿Jaiden, estás bien? -preguntó Susan, con una expresión de preocupación genuina- Te vemos muy pensativa. ¿Sucedió algo malo anoche cuando te quedaste sola en el bar?
Jaiden les dedicó una sonrisa forzada, intentando calmar sus inquietudes.
-No, no pasa nada -respondió Jaiden con una tranquilidad superficial, aunque dentro de ella había un torbellino de emociones que no podía compartir. -De verdad, no se preocupen.
-Sabes que puedes hablar con nosotros si lo necesitas, ¿verdad? A veces, solo compartir lo que uno siente puede ayudar. -dijo Robbie, siempre el más perspicaz del grupo, no se dejó engañar fácilmente.
Jaiden sintió la calidez de la oferta, pero también la presión de sus propios pensamientos. ¿Cómo podría explicar lo que había pasado sin que juzgaran su decisión? Se sintió atrapada entre el deseo de abrirse y la necesidad de mantener su privacidad.
-Lo aprecio, de verdad. Pero estoy bien, solo tengo mucho en mente con el trabajo y todos los planes de la galería -Jaiden mintió suavemente, eludiendo el tema. Sus amigos asintieron, un poco aliviados pero aún con dudas en sus miradas.
A medida que el día avanzaba, Jaiden se esforzaba por concentrarse en sus tareas. Sin embargo, la imagen de Skandar y la conexión que habían compartido seguían interrumpiendo su flujo de pensamientos. Había algo en él que la intrigaba, y aunque la parte racional de ella quería poner distancias, la atracción y la emoción eran difíciles de ignorar.
Días Después...
Los días avanzaban y la mente de Skandar no lograba liberar el eco de aquella noche inolvidable. Recordaba a la chica como si la hubiera visto ayer, con su risa traviesa y esa mirada que desnudaba su alma. Nunca le había preguntado su nombre, pero ella había estado allí, dispuesta a explorar sus más oscuros fetiches con una valentía que lo había sorprendido y, a la vez, lo había dejado ansioso por más.
Frente a él, el amplio almacén donde supervisaba la llegada de mercancías era un contraste absoluto con los recuerdos que lo atormentaban. Skandar, un CEO venerado en Estados Unidos por su empresa de distribución, ocultaba una cara menos amistosa: el tráfico de armas y drogas. Aquellas actividades ilegales eran un secreto bien guardado, y en ese momento se hallaba en el centro del bullicio, observando cómo los operadores descargaban cajas marcadas con símbolos que sólo él conocía.
De pronto, escuchó pasos acercándose y levantó la mirada. Era Peter, su asistente, con un aire inusual de emoción en su rostro.
—Skandar —dijo Peter mientras le extendía una carpeta— Tengo información que estabas esperando.
Skandar tomó la carpeta con una mezcla de curiosidad e impaciencia. La abrió con un movimiento rápido mientras Peter continuaba.
—La chica se llama Jaiden Stone. Trabaja en una galería de arte en el centro de la ciudad.
Skandar detuvo su mirada en una foto de Jaiden. Era realmente ella. Esa misma sonrisa, esa chispa en sus ojos. Su corazón se aceleró al recordar la conexión instantánea que habían compartido.
—Dime más —respondió Skandar, manteniendo su voz firme a pesar de la emoción que le recorría.
—La galería se llama "Arte Vivo". Según lo que he averiguado, es bastante conocida en la escena artística local. Parece que tiene un buen prestigio. A menudo organiza exposiciones y es responsable de la gestión de algún que otro artista emergente —informó Peter, observando atentamente cada reacción de su jefe.
—¿Y? —replicó Skandar, impaciente.
—Me dijeron que tiene un estilo bastante audaz, tanto en su trabajo como en su vida personal. Algunos han mencionado que tiene una personalidad cautivadora, pero también algo de misterio. Hay rumores sobre su vida, pero eso no nos interesa para lo que necesitamos.
Skandar sonrió con suficiencia.
—Algo de misterio, ¿eh? Eso definitivamente se alinea con lo que he visto —murmuró, recordando cada instante que había pasado con ella.
—¿Vas a ir a la galería? —Peter lo miró, curioso.
Skandar se mordió la lengua, contemplando una posible visita. La idea de enfrentar a Jaiden de nuevo lo excitaba y, al mismo tiempo, lo llenaba de incertidumbre. Había algo en ella que lo había atrapado, y si había una oportunidad de volver a encontrar esa chispa...
—Sí. Vamos a programar una visita —dijo finalmente, su voz sonando más decidida de lo que se sentía por dentro—. Quiero conocerla más. Necesito saber si lo que hubo entre nosotros fue real o solo un sueño.
Peter asintió, satisfecho con la respuesta. Mientras se alejaba para hacer las gestiones necesarias, Skandar se quedó mirando la carpeta con la foto de Jaiden. La noche que compartieron lo había cambiado; había algo que necesitaba resolver, y estaba decidido a no dejar que el destino le robara la oportunidad de descubrir más sobre ella.
Horas Mas Tarde En La Galería...
Jaiden, sentada en su oficina de la galería, intentaba sumergirse en el mundo del arte. Estaba revisando unos correos y haciendo la compra de nuevas obras para la exposición que tenía planeada para el próximo mes. Sin embargo, su mente seguía siendo un terreno resbaladizo: cada vez que pensaba en la noche con Skandar, un torbellino de emociones la invadía.
La exploración de su lado más oscuro en el BDSM había sido un límite inexplorado para ella, y las preguntas la asaltaban: ¿había sido correcto? ¿Debería haber dejado ese mundo como había hecho hasta ahora? Trató de ahogar esos pensamientos, de vacío y deseo, ocupándose con el arte y las gestiones de la galería. Fue entonces que Susan y Lucy entraron a la oficina con la respiración entrecortada. Ambas parecían visiblemente alteradas.
—Jaiden, ¡tienes que ver esto! —exclamó Susan, con los ojos desorbitados.
—Están afuera… hay un grupo de hombres armados —agregó Lucy, temblando un poco— Y uno de ellos pregunta por ti. Parece que es muy importante.





