Aquella escena en la librería había dejado a Jeanne en un estado de shock, como si el tiempo hubiera quedado suspendido. Pero cuando el chico habló, sus palabras la sacaron de su ensimismamiento.
-Deberías haberle pedido ayuda a Mario, no arriesgarte a caer - dijo con tono serio.
La chica se sintió terriblemente avergonzada, como si hubiera sido pillada haciendo algo malo. El chico, notando su incomodidad, trató de aliviar la situación.
- ¿Estás bien? - preguntó con preocupación.
Jeanne asintió tímidamente.
- ¿Qué haremos con el pisotón? Ahora no podré bailar - bromeó el chico, tratando de quitarle hierro al asunto.
La chica se mordió el labio, arrepentida de su torpeza.
-Hagamos algo - propuso el chico -, invítame un café y yo me olvido del pisotón.
Aunque el trato parecía justo, Jeanne se sintió triste porque el dinero que iba a usar para comprar más libros o algo dulce, ahora lo tendría que usar para invitar al chico a tomar café. Pero no quiso parecer ingrata y asintió en silencio.
Al llegar a la caja, el chico sorprendió a Jeanne al poner otro libro sobre el mostrador y pagar por ambos. La chica se sintió desconcertada y quiso protestar, pero el chico le sonrió con dulzura y le dijo:
-Tú me invitas un café, así que yo te invito un libro. Es lo más justo.
Jeanne se quedó sin palabras, con una extraña sensación en el estómago. Salieron de la librería y se dirigieron a una cafetería cercana. Jeanne no pudo evitar notar que el chico le estaba tomado de la mano, lo que la hizo sentir un poco nerviosa.
- ¿Puedo ordenar por ti? - preguntó el chico con una sonrisa.
La chica asintió, sin saber muy bien qué hacer. La persona que les atendió en la cafetería les ofreció el menú de parejas, lo que hizo que Jeanne se sonrojara aún más. Nunca había tenido novio ni había salido con alguien, y ese chico misterioso era el primer hombre que estaba cerca de ella sin rechazarla.
El joven pidió un par de cafés con crema batida y chocolate, su bebida favorita, aunque nadie lo sabía. Pensó en la gran coincidencia que era que a él también le gustara el café dulce y conociera esa librería.
Después de que los cafés llegaron, el joven sacó un libro de su bolsa y se lo entregó a Jeanne, pero tuvo que salir a contestar una llamada que lo interrumpió. Jeanne vio por la ventana cómo el chico parecía discutir con su interlocutor, y también notó a un hombre gritándole a otro frente a la librería, lo que hizo que su piel se erizara.
-Tan concentrada estaba en la discusión que se llevaba afuera que no notó cuando el joven volvió a entrar y le tocó el hombro, asustándola y haciéndola saltar en su asiento.
-Lo siento, ¿te asusté? - dijo el joven con un tono neutral.
- No, es solo que estaba distraída. ¿Todo está bien? - preguntó Jeanne refiriéndose a la llamada que había recibido el joven
- Sí, es solo el trabajo. Es difícil tener un momento libre.
- Lo siento, te estoy quitando tiempo de tu trabajo. Déjame pagar el café para que podamos irnos - dijo Jeanne, queriendo levantarse de la silla.
- No, tú termina el café. Es una tragedia que se desperdicie, ¿no crees? O quizá es porque, oh no, ¿es demasiado dulce para ti? Lo siento, olvidé que muchas personas no toman café dulce.
- No te preocupes, este es mi café favorito. Amo las cosas dulces, aunque no pueda comerlas muy seguido.
- ¿Eres diabética? - dijo el joven preocupado por el nivel de azúcar en el café.
- Oh no, no es eso, solo que el dinero es algo que tengo que medir muy bien, por lo que es difícil comprarlas.
- Lo entiendo - dijo el joven viendo la hora en su celular - perdón, enserio me tengo que ir.
Diciendo esto, tomó sus cosas y salió de la cafetería sin siquiera darle su nombre o su número. Jeanne se sintió decepcionada por eso. Quería volver a verlo, era una persona agradable y quizá con él podría hablar sobre libros, o simplemente tener un amigo con una hermosa y cálida sonrisa.
Pasó un rato más en el lugar, observando a la gente caminar y saboreando su bebida preferida. El tiempo se deslizó lentamente y con mucho placer. Cuando terminó su bebida, se dispuso a pagar, pero al llegar a la caja, la persona que había tomado su pedido le informó que su desconocido favorito había pagado y había agregado una rebanada de pastel de fresas con crema para llevar, que debía ser entregada a la chica cuando ella saliera de la tienda.
El corazón de Jeanne se llenó de felicidad, pero rápidamente fue remplazado por melancolía. Ese chico le había dado tanto ese día y ella ni siquiera sabía su nombre. Tomó el pastel y el libro y salió del café, caminando un par de cuadras antes de que la lluvia comenzara a caer en cantidades enormes. Jeanne corrió hacia su casa, intentando cubrir la caja del pastel y su libro para que no se estropearan, sin darse cuenta de que un automóvil la seguía nuevamente, esta vez con un Evan frustrado.
La mirada del hombre ya no era tan tranquila como lo había sido por la mañana cuando pensó que su plan tendría éxito; ahora solo quería saber qué relación tenían esas dos personas y qué tan cercana era, para que ese tipo se atreviera a tocar sus cosas.
Quería ofrecer llevar a Jeanne, pero Cheng lo persuadió de no hacerlo, ya que sería extraño, y era mejor tener más información del hombre de la librería para poder actuar mejor. También tendría que investigar mejor a la chica para darle a su jefe algo más que una librería, ni siquiera sabían por qué ella iba al edificio desde donde había salido hacia la librería.





